118. Downfall

downfall

La historia se ha erigido sobre el horror y no sobre la gloria. Es así como la narrativa de los hombres no ha sido más que una sucesión de grotescas y horrendas circunstancias que, llegado el caso, han terminado por sobrepasar aquellas cualidades que reconocemos como hermosas o loables o maravillosas. Cuando Wilhelm Marr creó el término de “antisemitismo”, no hizo más que etiquetar un vetusto odio de 2 mil años, adjudicando una definición demasiado amplia para una problemática muy puntual: el desprecio al judío. La construcción filológica de Marr ha sido en buena parte, eje central para las explicaciones de la génesis y concreción de la segunda guerra mundial.

“Downfall” (Der Untergang), la cinta de Oliver Hirschbiegel es un recopilatorio esmerado y minucioso acerca del horror claustrofóbico de la muerte que se aproxima. Nos aleja de la perjudicial envoltura del arquetipo más trivial, contándonos los días finales del tercer Reich y de Adolfo Hitler desde la perspectiva de la joven secretaria del fuhrer, Traudl Junge, testigo excepcional del llamado “fin de la historia” con que los defensores del excepcionalismo ario tasaron la debacle del nazismo. Junge, ajena a las políticas judeofóbicas del régimen alemán (el término más preciso corresponde a Leon Pinsker) mira con cierta simpatía y nostalgia aquellas horrendas jornadas de desesperación y pérdida de la fe.

Toda construcción mesiánica responde al precepto del molde fabricado por las masas. Quizás sea Adolf Hitler, en ese sentido, el arquetipo sustancial del tirano perfecto. Sus delirios desbordados, su carisma innato, su calidez y su frialdad al mismo tiempo le llevaron a proponer el demencial onírico de la Germania intachable e invencible. Sus días finales son una corroboración de su genio y su locura que, a diferencia de lo que muchos piensan, parecían funcionar en un nivel de menor relevancia psicótica de lo que podría preverse. De allí la desilusión definitiva justo antes del colapso, la orfandad y el reconocimiento de la derrota más cruel.

El final de la historia del tercer Reich es un compendio de pequeñas y grandes traiciones, de fidelidades y fanatismos, cubiertos todos por el velo implacable de la simplificación de los hechos. El mérito inmenso de Hirschbiegel en la pieza de marras descansa precisamente en el alejamiento de los maniqueísmos, en la apropiación de la certeza (no hay demagogias en el desapasionamiento) con que desarrolla diálogos, personajes y hechos.

El objetivismo de Hirschbiegel resulta, incluso, estremecedor. Consciente de la validez de los postulados de Jung y la teoría de los arquetipos, sabe que todo está en nosotros. Nosotros somos un poco todos nuestros antepasados. La historia del tercer Reich es también la historia de Alemania, Europa y del mundo restante. Quizás por ello aquella escena estremecedora en que la esposa de Goebbels, ya avanzada la noche, va partiendo la cápsula de cianuro en las bocas de sus hijos, sus queridísimos y entrañables hijos, ya dormidos.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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