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El poder infinito de la prensa… Ya saben, cualquier semejanza…

“Culpables fuimos todos. Los periodistas que llenaban mi mesa de artículos demoledores, arremetiendo contra todos los gobernantes. Buscadores de aplausos que, por satisfacer el morbo infecundo y brutal de la multitud, por sentirse halagados por la aprobación de la plebe, vestían el odioso uniforme que no se quitaban nunca. No importa quien fuera el presidente. Ni las cosas buenas que estuviese realizando a favor de Cuba. Había que atacarlos, y había que destruirlos. El mismo pueblo que los elegía, pedía a gritos sus cabezas en la plaza pública. El pueblo también fue culpable. El pueblo que quería a Guiteras. El pueblo que quería a Chibás. El pueblo que aplaudía a Pardo Llada. El pueblo que compraba Bohemia, porque Bohemia era vocero de ese pueblo. El pueblo que acompañó a Fidel desde Oriente hasta el campamento de Columbia”.

(Carta de despedida de Miguel Angel Quevedo, el padrino de las fake news criollas…)

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Making a Murderer es una tonada triste y pesarosa, que nos recuerda cuán frágil es la libertad individual. Si en la primera temporada asististe con horror a la narración del caso Avery, en la segunda constatarás que la desesperanza ante lo inevitable es algo más que un simple hecho punible. El título del último capítulo es un compendio magistral de lo que cuentan Laura Ricciardi y Moira Demo: Trust No One… y todos tan campantes…

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Stefano Sollima no es Denis Villeneuve. Eso, a pesar de que la historia de Sicario ha sido imaginada por Taylor Sheridan de arriba abajo. La secuela, es cierto, sobra.
Por cierto, Benicio del Toro disparándole a mansalva a un abogado de la mafia mexicana, es una de las escenas más ridículas y patéticas que se hayan filmado en el Hollywood de los últimos años, lo cual ya es mucho decir.

166. Top of the Lake: China Girl

Ayer finalicé la segunda temporada de Top of the Lake, esa oscura invención de la neozelandesa Jane Campion, y pude constatar una vez más, que es fuera de los márgenes del comisariado partidista hollywoodense que se siguen produciendo las piezas más auténticas y honestas de la cinematografía actual. China Girl es un ejemplo. Acá la Campion favorece una historia aún más bizarra y más a tono, incluso, con las reglas policiales de la literatura y el cine noir. (El noir nórdico en este caso). A pesar de una narrativa con cierta naturaleza caótica, el amarre final es mucho más preciso que en la primera vuelta, por ejemplo. Y la manera en que se reflejan y se tratan los oscurísimos y extraños personajes y sus circunstancias, dista mucho de la arbitrariedad y del espíritu inquisitivo del que se ufana el arte ideológico del liberalismo norteamericano.

Una pieza recomendada por su inocencia y por su honestidad, a pesar de algunas fallas argumentales y de ese apresuramiento en ciertos tramos narrativos. ¡No se la pierdan!

165. Top of the Lake: first season

La obra cinematográfica de Jane Campion está plagada de mujeres fuertes. No son precisamente piezas matriarcales en esencia, pues evaden los rígidos márgenes del discurso feminista más retrógrado y se enfocan en la naturaleza humana. La primera temporada de Top of the Lake, la cual repaso nuevamente, trata sobre cuánto deben pesar las responsabilidades individuales en el destino de las personas. ¿Dónde los límites entre la fuerza irrevocable y la candidez de la inocencia? Top of the Lake, a pesar de sus irregularidades, es una sólida pieza, una obra pre histérica, aún no contaminada por la naturaleza barbárica e insensata del movimiento Me Too.

163. Atypical: segunda temporada

Atypical, en su segunda temporada, sigue siendo una pieza fundamentalmente oral, cuasi femenina, con una muy buena dosis de humor y cierto pulso “liberal” muy a tono con la generación millennial que hoy parece sobrepasar al mundo. Pero a pesar de cualquier discordancia conceptual con la forma en que Robia Rashid establece ciertas “premisas”, lo cierto es que el mérito de la serie recae en el intento sincero de captar la complejidad existencial del autismo, esa condición “in crescendo” que la mayoría del mundo, enredado en sus preocupaciones mundanas, parece obviar. Por cierto, el performance de Keir Gilchrist es excelente. Quizás sólo por ello (y algunas cosas más) debieran darle un chance al animalillo de la Rashid.

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¿Recuerdan, aquellos que vieron The Leftovers, a los fanáticos de Guilty Remnant, siempre queriéndose apropiar de los dolores del mundo, vestidos de inmaculado blanco, fumando cigarrillos sin parar, vendiendo la falsa imagen de corderos hasta degenerar en lobos, hacedores de odios y violencias? Vivimos tiempos en que la maldad y la falta de sentido común se equiparan a las obras de ficción de Tom Perrota. Ya casi que alcanzamos a Orwell.

161. Ozark

Es curiosísimo que Ozark, la nueva serie de Netflix que guarda más de una semejanza conceptual con Breaking Bad, transcurra precisamente en esos idénticos contornos en que Daniel Woodrell ha desarrollado su obra novelística. Missouri es la madre patria del country noir, que duda cabe; especie de capital del crimen para la cultura red neck. Pero si Woodrell lanza una mirada íntima, personal, sobre la violencia alrededor del lago y los bosques de Ozark, la narrativa de Bill Dubuque ofrece una perspectiva diferente, la del citadino perplejo que, desde afuera, desde una visión panóptica, atestigua el horror de la sobrevivencia.

Φ

La segunda temporada de la serie Ozark ha sido una verdadera decepción. Si en la primera nos entusiasmamos con el contexto de una pareja liberal y corrupta intentando sobrevivir en los agrestes parajes de Missouri (como si de una historia del formidable David Woodrell se tratara), ya para la siguiente rueda constatamos que un guión apresurado terminó por lastrar lo que parecía ser, en un inicio, un decente recordatorio de las obras de Gilligan. Personajes de cartón, situaciones escasamente creíbles, soluciones chapuceras, no salvan a Ozark, a pesar de la correcta estética y de la prudente hechura, del calificativo de mediocre. Una lástima, teniendo en cuenta el soberbio arranque de la pieza. Que el trecho final haya sido programado para realzar las emociones (por aquello de justificar una tercera temporada) no exime a Ozark de tanta premura y desorganización. Veremos qué pasa en el futuro. Al menos las esperanzas se sostienen.

160. Las dos Barcelonas

El documental “Las dos Barcelonas” que Netflix acaba de estrenar, nos muestra vívidamente un par de cosas, al menos: que la dinámica política de la península y su relación con Cataluña y los catalanes es extremadamente compleja, amenazando el nacionalismo con (tarde o temprano) devorarlo todo. (Acá aparece la pregunta de rigor ¿es válido el nacionalismo catalán?) El otro punto es aquello de la pésima condición odontológica de muchos de los políticos y periodistas entrevistados. Dientes amarillentos y picados ensombrecen el discurso ideológico de la madre patria.