185

Toda la entelequia del excepcionalismo cubano se sostenía en el triunfo de la comunidad criolla en los Estados Unidos durante los últimos sesenta años, incluyendo el progreso apoteósico político y social del sur de la Florida, específicamente del condado Dade y sus numerosas ciudades. Cualquier otro atisbo del orgullo nacional no ha pasado de ser un bluf para crédulos militantes: que si el desarrollo de la medicina cubana, que si los logros de la dictadura, que si los cojones del dictador de turno… La única equivalencia posible con el desarrollo de Miami se remonta a los escasos años de la república pre castrista y aquellos tan traídos y llevados indicadores de desarrollo colectivo a los cuales echamos mano a cada rato, cuando se impone la nostalgia.

Recuerdo que, hacia la segunda mitad de la década pasada, estando de paseo con la familia en el puerto texano de Galveston, una señora mexicana que se encargaba de manejar un tiovivo de una feria local nos preguntó a mi esposa y a mi si éramos cubanos. Cuando le respondimos que sí, que había acertado, nos susurró como para que nadie más la oyera: “Entonces ustedes son ricos. Los cubanos son los millonarios de los Estados Unidos”. El mito del excepcionalismo cubano, como narrativa social, había desbordado los márgenes del cuchicheo solapado en las calles de la isla y se había diseminado por todos los rincones de la unión y el mundo.

Sin embargo, la erosión del concepto de la singularidad criolla, probablemente por un factor generacional y también etnográfico (el incremento de numerosas migraciones latinoamericanas, la coyuntura de polarizaciones políticas, el desgaste del término de “exilio político” per se) se ha convertido en un hecho factual e incontrastable en lo que va de siglo. La pérdida del poder político y de la hegemonía del discurso anti totalitario en el sur de la Florida ha terminado por lastrar el carácter “único” del cubano, lo que se ha manifestado en la pérdida de importantes puestos políticos locales, estatales y federales a mano de la “nueva competencia”, que no es más que el relevo ideológico de turno.

Los políticos cubanoamericanos, quizás imbuidos de ese carácter “no partidista” que caracteriza a las elecciones del condado, e influenciados por el ADN ideológico de la socialdemocracia criolla que prevaleció desde el siglo XIX, no pasaron de ser remedos no fiables de las ideas conservadoras que alguna vez florecieron, a inicios del siglo XX, bajo la tutela de intelectuales como Enrique José Varona y Alberto Lamar Schweyer. Lo peor es que se vendieron como tal, escudándose en el partido republicano tras la llamada “traición de Kennedy” en 1961. Los motivos para que la naciente clase política criolla – norteamericana tomara el camino del conservadurismo respondió más a intereses y pasiones localistas que a la verdadera creencia de que el individuo es más importante que el estado. De allí el error de categorizar a una Ileana Ross Lehtinen, por ejemplo, como anti conservadora por oponerse al presidente Trump. No, Ileana Ross Lethinen ha sido una anticastrista liberal que sigue a pie juntillas las máximas de Eduard Bernstein desde siempre: nada es más relevante que el gobierno.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.