285

Aquella cooperación entre la agente Clarence Starling y el perturbado psiquiatra Hannibal Lecter que Thomas Harris nos cuenta en su The Silence of the Lambs, texto luego tan brillantemente recreado por Jonathan Demme, no es más que una prolongación artística de los contactos sostenidos entre Bill Hagmaier, el agente del FBI pionero en la conformación de perfiles psicológicos de serial killers en los Estados Unidos, y el asesino Ted Bundy en 1984, mucho antes de que éste se decidiera a confesar sus abominables crímenes (oficialmente 35 mujeres asesinadas, aunque pudieron haber sido más de 100).

Por cierto, a pesar de que los norteamericanos Bundy, el payaso asesino John Wayne Gacy y el caníbal Jeffrey Dahmer constituyen la tríada “dorada” de la maldad (y en menor medida el enanito Manson), el podio de la desmesura psicótica la ganan con holgura los representantes de Colombia y Rusia…

284

Los embates de lo peor de la generación rikera, de los jóvenes vástagos del chavismo madurista, de las interminables caravanas de la Centroamérica empobrecida y violenta, ya se dejan sentir en la sureña Kendall, donde hasta las patas que antes empollaban en el viejo tronco del lago de la calle ochenta, ahora tienen que sobrevivir entre latas vacías y basura… (y el murito pa cuándo?)

283. Return to Cuba

Entiendo el entusiasmo entre mis coterráneos por las cosas que están acaeciendo en Venezuela; por la sólida amenaza de que el régimen madurista se desmorone. De ocurrir lo que todos esperamos, sería la constatación de que las dictaduras izquierdistas también pueden ser destruidas en Latinoamérica y, por ende, en Cuba. Sin embargo, y a pesar de que no quiero ser pájaro de mal agüero, les recomiendo que le echen un vistazo a una especie de documental que pasa Amazon Prime por estos días y que se llama Return to Cuba… Disculpen que les agüe la fiesta, pues la virtud es una cosa que se gana y no se impone (si no, preguntemos al fantasma de Robespierre). Las esperanzas de la isla son escasas, tan ralas como la envejecida barba del Castro alzheimeriano que se partió entre el hedor de la colostomía y el llanto de su “aguerrido” pueblo sin que la mano de la justicia siquiera lo rozara.

282. Eine königin unter den bieren

Un buen amigo, estudioso y admirador de la obra de Nietzsche, afirma con convicción que el pensador alemán era un respetable bebedor de cerveza y que entre todas prefería la Warsteiner, esa “eine königin unter den bieren” de Westphalia.
No tengo razones para dudar del contagioso entusiasmo de mi amigo.
Eso, a pesar de ser cierto que Nietzsche escribió cosas terribles, como aquello de que era el único alemán que despreciaba la cerveza, esa “amarga mezcla fabricada en el mismo infierno”. “Los hombres se abalanzarán hacia sus barriles de cerveza para beber el amargo fermento de la muerte y la destrucción”, decía. Y a Bismarck, a quien odiaba, lo describía como un “asesino de la cultura, un filisteo que traga cerveza y engulle salchichas”.
Sin embargo, a pesar de todas las evidentes aprehensiones de Nietzsche hacia la cerveza, también confesaría en par de textos que la probaba de vez en cuando, aclarando siempre que le provocaba un sueño apresurado. ¿Hablaba el gran pensador de la Warsteiner?
No lo sé. Pero es probable.
Y como colofón inesperado me he enterado que allá en Maryland se produce un “lague” al que han nombrado “Existent” que lleva en la etiqueta el perfil bigotudo y el nombre del maestro, y que quienes saben recomiendan beber con pasteles de cangrejo.

281. Anotaciones sobre Death of Nation

La teoría “liberal” acerca de los Dixiecrats y el cambio de partidos durante la campaña presidencial de Nixon (muy enarbolada a nivel local por el comentarista Roberto Rodriguez Tejera y sus usuales invitados) que intenta satanizar al partido republicano del último medio siglo, no pasa de ser una falacia. Y ahí están los números para ratificarlo. De la amplia bancada demócrata segregacionista sureña, sólo un representante del congreso (Albert Watson) y uno del Senado (Strom Thurmond) se cambiaron de bando. Como siempre, la izquierda ideológica intentando reescribir la historia con la complicidad de medios e instituciones educativas.


Curiosamente, por utilizar un término baladí, las cinco características de las plantaciones esclavistas descritas por el historiador Kenneth Stampp, están presentes en todas las grandes ciudades administradas desde hace décadas por el partido demócrata. Desde Detroit y Chicago hasta Nueva York y Baltimore, pasando por la infausta Flint o la violenta Cleveland. Viviendas ruinosas, familias rotas, violencia, desesperanza y nihilismo y desesperación… Es el rostro contemporáneo del racismo, como muy acertadamente ha señalado Dinesh De Souza.


Richard Spencer, el adalid de la “derecha alternativa”, ese eufemismo de la media para denominar lo que para ellos significa el “ultra derechismo”, no es más que un fascista de izquierda, a pesar de su presunto apoyo a la administración Trump. Un apoyo, por cierto, superficial y solo en apariencias. En entrevista con Dinesh De Souza, Spencer afirmó con convicción una máxima del actual “progresismo”: ““Ningún individuo tiene algún derecho fuera de una comunidad colectiva”. También confesó su admiración por los presidentes Jackson y Polk (ambos bastiones del partido demócrata) y su complacencia con la implementación efectiva y real del socialismo. Para Spencer, el establecimiento de un sistema nacional de salud (a la usanza de Cuba) es primordial. También reniega de la constitución fundacional de los Estados Unidos y piensa que Reagan no fue un buen presidente. Su posición en relación a la política de inmigración es racial y no legal, a diferencia del presidente Trump. Y sin embargo, todos los medios lo presentan como un líder de la derecha alternativa de la misma manera que describen al fascismo como un movimiento conservador de derechas.

280

Hoy escuché por la radio a un diputado venezolano de no sé qué partido, y el tipo debe ser un genio. Tiene la misma voz y el mismo fraseo de José Candelario Tres Patines!


Este sábado lluvioso tuve que manejar un par de veces por el corazón de la Pequeña Habana, es decir, por la calle ocho desde la avenida 27 hasta el downtown… y nunca pude abandonar la sensación de que paseaba por Tegucigalpa…

279

La “liberalización “ extrema del arte, la media y hasta de los cafres de la NBA es resultado de la disciplinada siembra que el colectivismo cultural ha realizado durante el último medio siglo. Las Ocasio-Cortez, las musulmanas extremistas del congreso y el Stephen Curry de ocasión no son más que la cosecha de tanto sacrificio. En política e ideología la improvisación pocas veces existe.

278. Flint Town

No dejen de ver Flint Town, por Netflix. La serie es un reflejo del Estados Unidos de hoy en día. Curiosamente, Zackary Canepari, Drea Cooper y Jessica Dimmock, los documentalistas, mantienen la postura de observadores neutros, lo cual es algo inédito para los tiempos que corren. La forma en que ustedes saquen sus conclusiones revelará el lado del espectro ideológico que ocupan. Y es que todos, aunque no lo creamos, tenemos una opinión.

277. Apuntes sobre la Venezuela de estos días

A mis amigos y familiares venezolanos, sólo les deseo que tras la probable caída del chavismo o madurismo, no vuelvan a recalar en las aguas de la perenne social democracia y del estatismo latinoamericano que tanto nos caracterizan. Aunque dejar la adicción no es cosa fácil…


No obstante, aunque las comparaciones puedan ser válidas a cualquier nivel (y las entiendo) lo cierto es que las circunstancias son distintas, sin ánimo de justificación alguna. En Venezuela nunca se cerraron las puertas de manera absoluta. Si el castrismo fue un totalitarismo de tomo y lomo desde el año 61, el chavismo nunca pasó de ser una comparsa autoritaria.
Y es que no puedo olvidar a los hombres de Girón y del Escambray y de las operaciones encubiertas que, aunque quizás cargaban aún encima el fatigoso fardo de las revoluciones a ultranza, sacrificaron vida, dinero y bienestar en aras de terminar con el castrismo. El “cubano de ahora”, el que nació y creció bajo la sombra de la terrible dictadura, ya es harina de otro costal, excepto contados, escasísimos ejemplos (entre los cuales no me incluyo)
Pero no es, en realidad, lo mismo. La ventana que en Venezuela quedó abierta, en Cuba se cerró a ritmo de conga y paredón. Mientras los “barbudos de la sierra” se agenciaron rápidamente el espaldarazo del imperio soviético en los contornos de la guerra fría, Venezuela sólo contó con la asesoría interventora del jineterismo caribeño de turno…


Muy bien. Especulemos que el madurismo se derrumba y que Venezuela se convierte en la Panamá post norieguista del siglo XXI. Entonces… ¿seguirá rigiendo por los tiempos de los tiempos la constitución chavista, esa que fue creada para legitimar el llamado socialismo del siglo XXI? ¿Esa que todos los políticos de oposición esgrimen energicamente como prueba de que el madurismo viola la legalidad en toda la regla? A mí se me antoja que en buena medida lo que está pasando en la Venezuela de hoy en día es que se está validando al chavismo en detrimento del madurismo. Ojalá que esa no sea la tónica y que pueda llevarse a cabo una nueva constituyente donde todos los venezolanos quepan. Sin embargo, citando al filósofo José José…”pero lo dudo…”

276. Fyre

El antológico fraude del festival de música “Fyre” nos deja la certeza de que ningún millennial occidental podría haber sobrevivido, ni siquiera, a la más “lujosa” de las ‘escuelas al campo’ del castrismo.
El especulador Billy McFarland, un mentiroso inoperante con ansias de grandeza, redujo la venta de tickets exclusivos para jets privados y botes de lujo al más básico de los instintos: aquel que nos fuerza a sobrevivir a cómo de lugar.
Resumiendo, si la irresponsabilidad de los 60 pudo parir la genialidad de un Woodstock, la condescendencia de la era millennial no alcanzó siquiera para validar un Fyre. (El documental por Netflix, no se lo pierdan).

274

El llamado “Fake News” la mayoría de las veces se trata de una distorsión de la noticia. Hay múltiples ejemplos de cómo la gran prensa publica día a día medias verdades, casi siempre con el ánimo de crear determinados estados de opinión de carácter político o ideológico. La muestra más prístina de deshonestidad periodística a la que se puede recurrir ahora mismo es el affaire de los muchachos de la Covington Catholic School, a quienes acusaron sin razón alguna de estar abusando de un indígena, quien al final de la jornada resultó ser un provocador. Espero sinceramente que lleguen mejores tiempos en un futuro próximo. De lo contrario…

273

No creo en la objetividad desde el sentido ético y moral que muchos tratan de endosarle al término. ¿Dónde reside realmente la idea de objetividad? ¿Acaso todo lo narrado, investigado e inventariado por el hombre ya no ha pasado por el prisma de la subjetividad?

¡No existe la objetividad ética o moral!

Existe, en cambio, la objetividad histórica que se escapa del alcance de la narración de los hombres. Creo en el hecho en sí mismo, en la naturaleza de lo acaecido (fugaz por regla general; en muchas ocasiones desapercibida). Creo en la objetividad descontaminada y pura, que es lo mismo que creer en la historia. En la historia no contada…

272. Seven (o ya no se hacen filmes como éste)

La década de los noventa, como la última del siglo, se arrastraba (agobiada por el terror) hacia el probable final de los tiempos. Era el preámbulo del auténtico relevo temporal de la modernidad. Gran parte de la literatura y de las artes visuales se ocuparon, entonces, de renovar el agrio espíritu existencialista de la guerra fría, trastocando el probable motivo del fin colectivo inevitable: ya no eran los cohetes intercontinentales quienes amenazaban la existencia, sino los códigos binarios de las computadoras fabricadas en Houston. En cierta forma, la sombra pesarosa y terrible de los jinetes negros del Apocalipsis, de los nazgules tolkianos, adquirían la silueta horrenda de la calamidad vanguardista.

David Fincher, con su triada pesimista de los noventa, no hizo otra cosa que eternizar el nuevo Apocalipsis y aquel dolor perpetuo de Schopenhauer. Seven (1995), The Game (1997) y Fight Club (1999) son el ejemplo perfecto de los nuevos miedos (que ya hoy son viejos) y de esa esencia anticristiana que se distanciaba de la esperanza y de su carácter de virtuosidad teológica.

Anoche, por cierto, he visto nuevamente Seven. Los edificios muertos, la llovizna tiznada de hollín, los callejones insalvables, el hedor insostenible de una ciudad que perece entre el sonido de los cláxones y la mierda pútrida de las aceras, el nihilismo existencial de Andrew Kevin Walker, el despropósito de la existencia según el viejo y melancólico detective Somerset (que no es más que la continuidad ‘postrimérica’ de las ideas de Mainländer, von Hartmann, y Søren Kierkegaard), son fragmentos, en fin, destellos histéricos y conversos del nuevo pesimismo griego. Fincher fue entonces el novel Hegesias del cine norteamericano, el rector de las escuelas cínicas de un siglo que terminaba sumido en el aburrimiento del escepticismo colérico. Habíamos comprendido, pese al temor, que nuestra inmortalidad podría ser incierta. Y Fincher nos lo recordó de la peor manera.

271. Tres variaciones

Conozco a un Carlos Argentino Daneri, aquel poeta pretencioso ideado por Borges en El Aleph, que fantasea con ser ya un gran escritor e historiador a través de un oscurísimo blog que naufraga en medio de la inmensa virtualidad de la internet. No es que el personaje de marras, más allá de su intolerancia política y su petulancia intelectual, cause un daño real a quienes se lo tropiezan. Pero alardear de la posesión de una supuesta virtud moral superior, como si fuera un estoico de Zenón, cuando no tiene nada que respalde o valide su supuesto pudor, no pasa de ser un pavoneo presuntuoso. Y es que el maniqueísmo moral trumpiano se ha vuelto moda: si no eres un acérrimo crítico del “fascista” mandatario, entonces eres un ignorante iletrado; y si le dices cuatro cosas y lo mencionas en cada minúsculo debate que pueda generar casi cualquier tema, automáticamente te conviertes en un sabio intelectual de tomo y lomo. Ante tanta trivialidad oportunista, citemos una vez más, es necesario, al maestro: “Las herejías que debemos temer son las que pueden confundirse con la ortodoxia”


Pocas cosas más ridículas que el afán de trascendencia literaria en los tiempos que corren. Señores, escriban por el mero gusto de hacerlo. En fin de cuentas, la tecnología nos devorará a todos (ya lo está haciendo)


Siempre ten fe. Los imposibles son posibles. Hoy, por ejemplo, me he tropezado con un pseudo intelectual cubano, negro e independentista catalán. El Apocalipsis que nos anunció George A. Romero viene que se parte las patas!

270

El discurso más cobarde de la intelectualidad cubana es aquel que esgrime el concepto de la “revolución paralizada o traicionada” para justificar el oprobio y el horror del castrismo. Lamentablemente, de Abilios Estévez estamos sobrados…

269

La principal argucia del chavismo ha sido lograr que su legitimidad sea cuestionada desde la propia constitución que lo avala. La oposición venezolana refrenda al autoritarismo chavista cuando ruega porque la constitución sea respetada. Es una dicotomía moral que no lleva a ningún puerto. Sólo las armas y la sangre, como en todo escenario donde el autoritarismo de izquierda dicta las reglas, es la solución.

268

Acerca del muro:

El racista y anti inmigrante Donald Trump ofreció negociar la perpetuidad del DACA, y el congreso demócrata no tomó en cuenta el pedido.

El intolerante Trump indagó con los dirigentes del partido demócrata acerca de si una posible reapertura del gobierno favorecería un diálogo, y la respuesta fue NO.

Hoy lunes el fascista Trump invitó a almorzar a los lideres demócratas de ambas cámaras para intentar, una vez más, una probable negociación, y estos le dijeron al presidente que ni lo soñara.

Eso es lo que causa haber elegido a un mandatario dictador y por esa razón el gobierno sigue cerrado!

267

Hay una especie de nueva moda entre algunos escritores cubanos del exilio, y es la de referirse a “La Matrix” como la madre de todas las disquisiciones existenciales. Lo simpático del caso es que las conclusiones, altaneramente profundas, nunca logran rebasar el limitado plano modélico de la cinta de los hermanos Wachowski. Es decir, la trova es más rollo que película.