302. Cuba Libre

Pienso que uno de los legados más infaustos que supuso el llamado “acercamiento” por parte de la administración Obama a la brutal dictadura cubana, fue el de la consabida relativización del castrismo. Y el arte, en buena medida, se constituyó en el vehículo idóneo para decirle al mundo que las cosas en la isla, después de todo, no eran tan horrendas como podría creerse. Comenzaba así el intento de reescribir la historia desde la perspectiva del “irenismo imperial”, que no es otra cosa que esa perfección política occidental que corroe el alma de las sociedades libres.

“Cuba Libre”, un documental cocinado a la usanza de Netflix, es esa bochornosa alabanza del totalitarismo criollo parida por el obamismo acomplejado que ya, desde aquel ignominioso perdón del Cairo, dejaba esbozar sus simpatías por las dictaduras colectivistas y por los autoritarismos del medio oriente. El documental de marras, un puñetero texto escolar de primaria de la década de los setenta se empeña en vendernos ese ya ancestral afán por validar el excepcionalismo cubiche reuniendo, sobre todo, a historiadores e intelectuales marxistas que terminan estableciendo al castrismo como heredero legítimo de las luchas independentistas, creando esa variante chambona y distorsionada de un nuevo seudo nacionalismo criollo, que es el que persiste hasta hoy en día.

En esta especie de circo de los deformes, de carnaval sureño itinerante, desfilan pintorescos alabarderos marxistas de la revolución de enero, como el amanerado Miguel Barnet, uno de los intelectuales esclavos más representativos del horror, o el difunto apologista Fernando Martínez Heredia o la robótica historiadora santiaguera Olga Portuondo o el “comprometido” periodista alemán Peter B Schumann. En sus voces escuchamos la versión oficialista (que es la misma que enarbola la izquierda occidental) que sataniza burdamente a la conquista española o que nos grita un discurso antinorteamericano a carta cabal. El agente de la KGB NIkolai Leonov, aquel Jean Pierre Clerc que nos dice que “José Martí fue como Fidel Castro, pero cien años antes”, o Antonio Alvarez Pitaluga o Leonardo Padura o el sociólogo Esteban Morales, cacarean el mismo falso orgullo patrio una y otra vez sin respeto alguno por aquella otra verdad que el mundo entero ha ignorado durante los últimos sesenta años: La dictadura de Castro, reaccionaria y perversa, ha sido una fruta podrida que ha contaminado al resto de la humanidad, ante la complacencia de los colectivismos y de las sociales democracias.

Por respeto les digo, amigos míos, eviten ese bodrio propagandístico y falaz. “Cuba Libre” sobrevivirá como un pálido reflejo de aquella abominable política obamista de relativizar el horror. Obviarla puede ahorrarles molestias y dolores de cabeza.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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