327. Apocalipsis Now

Esa noche en que se celebró la premiación de los Oscars, en vez de asistir al gulag estalinista en que la ceremonia de Hollywood se ha convertido, me dediqué a revisitar un clásico del cine. Lo vengo haciendo desde hace varios años, para ahorrarme así el discurseo y las consignas y los negros barbudos disfrazados de brujas. Así que me senté en mi butacón de cuero de vaca (un horror vegano, lo sé) y eché a rodar “Apocalipsis Now”, el último gran poema bélico que se ha filmado en los Estados Unidos.

La pieza de Coppola es una especie de magia menor narrada en tiempo vertical, tal y como Gastón Bachelard concibiera la realización de un poema. Y aunque para la época en que se estrenó (finales de los 70) fue considerada por algunos, incluso, como una obra antinorteamericana, lo cierto es que a la luz de hoy día y ante la avalancha de esa izquierda reaccionaria que ha tomado el control absoluto del discurso estético, “Apocalipsis Now” no pasaría de ser un dinosaurio burgués para las calenturientas mentes ocasianas que pernoctan en Nueva York y San Francisco. El propio Coppola decía, cuando servía como uno de los moderadores de la serie documental Five Came Back, que cada cinta bélica es un ejercicio anti guerrerista, evocando así ese carácter autocrítico tan típico y mojigato, y a veces tan nocivo (pero al mismo tiempo necesario), de las democracias occidentales.

La historia de la odisea del capitán Willard, que viaja por las aguas sucias del Mekong, entre lavanderas y misiles (a la usanza de los espíritus tibios de Alighieri, aquellos que moraban en la entrada del infierno tras una vida de perezas y compromisos vacuos), con la única misión de asesinar al coronel sublevado Kurtz, es la recreación ética, siempre observada desde una perspectiva “liberal” por denominarla de alguna forma, del viaje de Caronte y de sus muertos a través de la laguna Estigia. El arribo a aquel remoto rincón de la selva cambodiana, remedo del quinto círculo del infierno donde pernoctan las almas que alguna vez fueron dominadas por la cólera y el odio, es la apoteosis y al mismo tiempo la debacle del espíritu mazdeísta que hasta ese entonces predomina en la crónica del filme. Es decir, no solo existe el bien y el mal, sino que los espacios intermedios están repletos de toda la mierda imaginable (o que nada es en blanco y negro, vaya).

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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