366. La revolución de Maidán

La revolución de Maidán es el más vívido ejemplo de la imposición de la justicia por el pueblo airado y molesto (encojonáo) en lo que llevamos de siglo. Es el proceso arquetípico de la ira popular en pos de un bien común. Si ya antes la revolución naranja había logrado decretar la inconstitucionalidad del proceso electoral que había elegido al pro ruso Victor Yanukovich como presidente de Ucrania, los sucesos comenzados y culminados en la plaza de Maidán unos años después terminaron por causar la huida del déspota, esta vez para siempre.

Más allá de las contradicciones inherentes a este levantamiento, que anteponía por un lado las ansias nacionalistas de la juventud ucraniana, nacida libre del yugo soviético, con la esperanza de un futuro mejor asociado al proceso de integración globalista de la comunidad europea (esto sería tema para otra trova ‘facebookiana’), lo cierto es que lo que decretó la caída del régimen cuasi autoritario (aún no alcanzaba a tanto) de Victor Yanukovich fue la fiereza ortodoxa-eslava de su pueblo; un pueblo furioso que no invocaba el pacifismo y que estaba dispuesto a matar y a morir ante las fuerzas regulares de la policía y las fuerzas especiales de la Berkut y los inescrupulosos mercenarios Titushkis. Un pueblo excepcional, de hecho.

Pues bien, ese pueblo ucraniano que se entrenó con veteranos del ejército para poder hacer frente a las fuerzas represoras, intentó en tres ocasiones diferentes la toma del palacio presidencial. Los intentos costaron la friolera de doscientos muertos y más de mil heridos. Ante una oposición apática y asustadiza, seguidora de reglas y mandatos, los sucesos de la calle Bedoya y de la plaza Marinsky, la ocupación y posterior quema del edificio de la administración estatal de Kiev, fueron definitorios y absolutos.

Bien le haría, salvando las distancias, a esa tibia oposición venezolana y a sus gentes tomar nota de lo acaecido en Ucrania, pues la violencia solo puede ser depuesta con violencia. Aquello del gandhismo como entelequia salvadora de las revoluciones no violentas no fue más que una ilusión transitoria acaecida en territorio del antiguo imperio británico y no en dominios del comunismo de izquierdas.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .