379. Queen II

Queen II vio la luz en marzo de 1974, un año después de aquel magnifico debut de la banda londinense. Y esta nueva obra fue aun superior a su predecesora, revelando el talento singularísimo del grupo a lo largo de un disco donde el progressive rock y el hard británico dominaban la mayoría de los acordes.

La placa se trabajó sin sintetizadores, lo que resulta increíble si tenemos en cuenta el complejísimo universo sonoro logrado solamente a base de pistas de sonidos e instrumentos tradicionales. Queen II tuvo una buena acogida en Inglaterra y cimentó el novísimo prestigio del grupo entre la crítica especializada.

El aeris del álbum estaba impregnado de esa naturaleza fantástica, deudora de Tolkien, que dominaba buena parte de la escena musical británica y que también se reflejaba en lo hecho por otras bandas como Jethro Tull, Led Zeppelin y Pink Floyd. Los once temas que dan forma al disco parecen conformar una unidad temática, que se inicia con ese himno solemne introductorio, de naturaleza fúnebre, en la que Brian May regala una interpretación fastuosa (¿inspiradora del solo de Slash en November Rain?) por mediación de grabaciones en diferentes trackings.

Si hubiera que clasificar Queen II, quizás ubicarlo dentro del Progressive Rock seria lo más sensato. Repleto está el álbum de variaciones rítmicas, de riffs múltiples, de solos increíbles, de experimentos sonoros arriesgados y brillantes, injustamente olvidados hoy en día, aun por los admiradores de la banda.

Un dato interesante, que siempre me ha llamado la atención, es la presencia de un par de temas que pueden considerarse antecedentes directos de Bohemian Rapsody, la obra emblemática de la banda que saldría a la luz un año después en la placa A Night At The Opera. Hablo de White Queen, ambiciosa, con excelentes arreglos vocales y que cuenta la historia de un joven desadaptado que llora y se lamenta por amor. Hablo también de The March Of The Black Queen, donde el uso simultáneo de dos diferentes compases desembocan, al igual que Bohemian, en una polirritmia simple posterior. El coro, conformado sobre una base operática, alterna con segmentos de bajo tono y explosiones semi acústicas.

El disco, en general, está repleto de grandes temas. Father and Son, tema progresivo por excelencia, nos sorprende con esa brillante ruptura que precede a un oscurísimo solo de guitarra de May, grabado en multi tracker, para finalizar con un hermosísimo coro. Ogre Battle, de ritmo trepidante, con riffs guitarrísticos fascinantes, donde el bajo puro de Deacon y el drummer apoteósico de Taylor comienzan a generar un estilo y una marca. O Nevermore, un bello tema que descansa en el piano y en la voz de Mercury…

Y si algún tema es colorido y alegre y desbordante es The Fairy Feller’s Master-Stroke, donde el riff serpenteante y asombroso de la guitarra de May se junta con presteza al clavicordio, al piano, a las castañuelas, para revelarnos el afán innovador de un grupo que ya coqueteaba sin reservas con las influencias operáticas que marcarían su próximo futuro.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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