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Un auto se estaciona en un barrio de casas pareadas carmelitas y árboles de hermosísimas hojas y flores rojas, y Elizabeth Perkins se despide de Tom Hanks con un beso en la frente. Y el viento de la tarde barre el pavimento. Y el hombre que se baja del auto y se convierte en niño, en el niño que fuimos, o que somos, regresa a su casa en el ocaso. No hay nada más triste que el recuerdo. Nada más triste que la añoranza de los años pasados, que la memoria de la niñez. Si por alguna poderosa razón jamás vieron “Big” de Penny Marshall, probablemente es hora de que le dediquen un tiempo.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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