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Puedes ser actor o novelista o médico o intelectual y simpatizar y hasta colaborar con un régimen totalitario, y nada podrá eximirte de ser considerado un ser humano miserable. Bajo la premisa de la relativización que muchos enarbolan, entonces Leni Riefenstahl no sólo sería una excelsa documentalista sino también una buena persona. O Albert Speer debería ser recordado como un arquitecto brillante que construyó el Prachtstrasse y no como el ministro de armamentos de Adolf Hitler. Jamás me rasgaré las vestiduras por alguien que haya sido un vulgar chivato de cualquier dictadura. Dicho esto, sólo acotar que el fallecido Salvador Wood no era, como actor, nada del otro mundo. Dejemos el excepcionalismo a un lado por un rato.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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