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Concuerdo con mi padre, y luego de interminables audiciones, en que de los tres gallos mexicanos el mejor fue Pedro Infante, porque nadie como él supo reflejar la estampa del macho duro mexicano en aquella formidable primera mitad del siglo XX. Es cierto que la voz operática de Jorge Negrete superaba en varios decibeles (en los tonos altos) a todos sus contemporáneos y es cierto que la musicalidad de Javier Solís era simplemente incomparable, pero la reciedumbre y el profesionalismo de Infante no tuvieron parangón alguno en la época de oro de la música “charra”. Tampoco debemos de obviar que, quizás, la génesis de todo el boom latinoamericano se formó al amparo de José Mojica, aquel fraile y tenor sangrabielino al que el propio Caruso reconociera como uno de los grandes.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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