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El gallego Marcelino Valdivia era mayoral de una finca en uno de los campos espirituanos. Estaba casado con una prima de José Miguel Gómez. Tenía tres hijos varones que heredaron, consecutivamente y por designios del destino, la misma posición de mayorazgo. Marcelino no sabía leer ni escribir. Una tarde se bajó de su caballo frente a numerosas damas en un pueblo cercano y un perro callejero vino apresuradamente a meterle el hocico entre las nalgas. El gallego, contrariado, sacó su machete y le cortó la cabeza al pobre animalito callejero. “A mí nadie me huele el culo”, dijo mientras envainaba el chafarote. Y es verdad, que me lo contó mi padre.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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