523. Jesús, el fin que se aproxima y la luna en Facebook

En un sitio online que visito con cierta frecuencia, dedicado a la moda masculina, se aferran a los viejos tuxedos y a las corbatas de madder silk. Sus creadores aún viven en los maravillosos años treinta, cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Digo “maravillosos” por esa cosa prístina que aún perduraba en aquellos tiempos. Pues bien, a pesar del “conservadurismo” del sitio sobre modas, la metástasis horrenda de la corrección política ha clavado sus pezuñas allí. Han sustituido el término BC (before Christ) por el de BCE (Before Current Era).

Yo no soy católico ni creyente. Las escrituras me parecen excelentes ejercicios literarios, muy alejados de la probable verdad histórica. Pienso que la iglesia ha cimentado su poder sobre la falsa fe inculcada a su rebaño. Pero, no soy imbécil. Destruir la base cristiana de la civilización occidental moderna es la vía más expedita para cambiar el estatus quo del mundo en que vivimos. Y es que hay muchos interesados no sólo en borrar o en reescribir la historia, sino en dar un golpe de timón que traiga consigo el advenimiento de una nueva cronología, esa que se acomodaría perfectamente al término ACE: After Current Era.

La heterotopía de las redes sociales, falsa como el cartón más barato de todos, repleta del salvajismo y de la vanidad del mundo real, pero sin la gracia del puñetazo físico, ha terminado por encojonarme. He preferido, por ello, dar un paso al costado. Es desgastante la participación directa (la palabreja de marras suena a consigna gris del PCC) y el intercambio sin filtros con el ganado borreguil que pulula en la heterotopía foucaltiana. El falso buenismo, que esconde el veneno del fin, se ha ido apoderando de todo y sólo algunos mavericks, escasos pero duros, plantan cara. Yo no soy un maverick virtual ni pretendo abofetear con pixeles y emojis al rival de marras. Por eso me he largado, de cierta forma.

Y es por eso que ahora me concentro es disfrutar esa luna con forma de tajada de manzana color rojo-naranja que anoche se aparecía entre los edificios del downtown a mi paso por la 836, desde South Beach hasta West Kendall. La luna de Miami es, en realidad, increíble. Grande y maciza, como si se pudiera tocar con tan solo estirar la mano. Se atraviesa en las carreteras con forma de montaña. He visto muchísimas lunas de Miami, pero ninguna (hasta anoche) en forma de tajada de manzana.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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