539. Sobre Breaking Bad

La exposición del ego en “Breaking Bad” no es asunto de poca monta. Ya hacia la tercera temporada, quizás la más sombría de la pieza, Walter White llega a sentir celos del producto fabricado por Jesse Pickman, estableciendo aquel axioma de “Respeto la química” del que luego se apropiaría el brillante Chuck McGill en “Better Call Saul” para cuestionar la licencia de abogado de su tarambana hermano. (“La ley es sagrada”, repetiría en más de una ocasión…) El celo profesional ha sido para Vince Gilligan un leit motiv que modela a los personajes a imagen y semejanza de sus complejos y desequilibrios. La sensación de superioridad de una de las partes, el temor a la pérdida de ciertas cuotas de poder ha propiciado toda la dinámica generadora de conflictos en ambas piezas maestras. Aunque al final todo el debate sobre la legitimidad termina resumiéndose al instinto más básico y animal. “La misión de un hombre es alimentar a su familia”, dice Gustavo Fring. Y no queda otra cosa que otorgarle la razón…


Oscurísima. Tan negra como la hiel más negra. La última temporada de la joya de Gilligan, “Breaking Bad”, es tan amarga y, sin embargo, brillante como la existencia misma. Volver a recorrer todo el fantástico trayecto hasta su culminación tremenda, es como atestiguar el genio de los hombres y sus obras. Regresaremos a vivir el luto de tan terrible pérdida, el sinsabor de que nada es igual tras la angustiosa ausencia de Walter White y Jesse Pinkman, de Gus Fring, Hank Schrader y Saul Goodman. Es la maldita provisión que nos legan las creaciones perfectas: la trivialización de cualquier otra cosa, la perversa sospecha de que nada llenará el vacío…


En el capítulo Thirty-Eight Snub, de la serie Breaking Bad, conversan Badger y Sknny Pete, mientras se disparan la metanfetamina azul de Jesse Pinkman, sobre juegos de videos y zombies. Llega un punto en que el primero pierde la paciencia y acusa al otro de analfabeto histórico, por aquello de no saber tasar las diferencias entre un zombie regular y un zombie nazi. “Estos no solo quieren comer tu proteína cerebral. Estos, estos tienen un extra que los hace temibles: odian a los americanos. Los zombies nazis, quiero decir, son los talibanes del universo zombie”. Y yo que me parto de la risa.


Breaking Bad es la mejor serie de televisión que se ha hecho hasta la fecha (al menos de las muchas que he visto). Comparto en ese sentido la opinión de la muy exigente Metacritic. Una verdadera obra maestra la pieza de Vince Gilligan, sin fracturas ni fallos. Un tour de force, a lo largo de sus cinco temporadas, que se resuelve magistralmente hacia el final de la narración. A pesar de estar matizada por un humor negro y mordaz que parece, por momentos, determinar la propia existencia de los personajes, lo cierto es que el espíritu trágico es quien define a la obra. Después de ser testigos de tan soberbia crónica, repleta de personajes tremendos, de historias magistrales, de increíble solidez y prestancia, solo puede sentirse una infinita sensación de luto y de orfandad. ¿Cómo poder sustituir tamaña hazaña? ¿Cómo llenar tan inmenso vacío?


La complejísima relación entre Walter White y Jesse Pinkman, repleta de antinomias y contradicciones, es el hilo vital que traza el recorrido de Breaking Bad, desde el inicio hasta el final. El manejo de ambos personajes por parte del talentoso Vince Gilligan, es una cátedra de cómo escribir, de cómo narrar con excelencia. En caso de que algún día, ahora que a la academia sueca le ha dado por agazajar a músicos y cantantes, el premio Nobel de literatura pueda ir a parar a manos de guionistas, sin dudas que Vince Gilligan debería de estar en la línea de arrancada. Bob Dylan ni Bob Dylan ni un carajo…

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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