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Los límites imprecisos entre el bien y el mal, la relativa percepción que atesoramos acerca de nosotros y los otros, esconde el peso de la culpa y nos convierte siempre en buenos y honrados ante los ojos de la inmortalidad. Llegar a la comprensión absoluta de que no somos probos (en el caso que así fuere) traspasa el simple acto de honestidad y se convierte en una especie de milagro.

Cuando el hermano Justin confronta a sus demonios frente al amado preceptor Norman en “Carnival”, lo hace ya consciente de que Belial, Satanás, Lucifer, Belcebú, puede habitar en el alma de los hombres. El dilema entonces se reduce en quién será capaz de aplastar tu cabeza con un pesado candelabro eucarístico. La vida no es tan simple y Daniel Knauf siempre lo supo. El discurso apocalíptico de Justin Crowe ya al final de la primera temporada, en todo caso, atesora la mayor de las verdades. El temor a la jungla y a la muerte siempre estará en nosotros.

Permítanme traducirles la terrible, oscura y poética alocución del hermano Justin, colofón de una pequeña obra maestra, magnificada por el inmenso talento de Clancy Brown y las imagenes soberbias de la muerte y del drama. Aquí va:

“El tiempo corre, hermanos y hermanas, en conteo regresivo hasta el Armagedón. El gusano se revela de muchas maneras en esta tierra que una vez fue grande. Desde la élite intelectual que adoctrina cruelmente a nuestros hijos con la salvaje blasfemia de Darwin hasta los malvados paganos de Hollywood que los corrompen en la oscuridad del Bijou local. Desde los falsos profetas que se esconden detrás de los púlpitos de nuestra nación hasta los viles parásitos en nuestros bancos y salas de juntas, y los políticos impíos que engordan con la miseria de sus electores. Los signos de los últimos tiempos están a nuestro alrededor, grabados en sangre y fuego por la mano izquierda de Dios. No tienen más que abrir los ojos, hermanos y hermanas. La verdad es que el diablo está aquí. El anticristo, el hijo de las mentiras, el hijo de las tinieblas camina entre nosotros, vestido con la carne de un hombre. ¿No llora el señor ante esta degradación? ¿No tiembla con furia justa? ¿Y no buscará retribución? Abro los ojos y veo el cielo teñido de sangre. Se desgarra y grita con una voz que es un trueno. ¡Levántate!. ¡Levántense, hermanos y hermanas, y tomen su lugar a mi lado! Porque estarás a mi lado y tu destino brillará como mil soles. Y las calles serán santificadas con la sangre negra y humeante de los herejes. Y juntos, hermanos y hermanas, juntos construiremos un templo resplandeciente, un reino que durará miles y miles de años”.

Candela al jarro hasta que suelte el fondo…

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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