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Brimstone no es para todos. Allí el frío te cala los huesos y te cala el alma, ya sea por la mirada glacial de la Fanning o por el horror de aquellos tiempos sin ley. Sí. Brimstone no es para todos. Tampoco es que pertenezca a alguna casta de elegidos o a la chusma que tanto despreciaba un Mañach, por ejemplo. Es que el engendro de Koolhoven es perverso y negro y cruel. Y contiene algunas de las escenas más feroces e inhumanas de la historia del cine, lo cual no es poco. Su Cronos (o Saturno) satanizador termina por devorarse a sí mismo y a sus hijos. Y es que a Koolhoven se le va la mano. La civilización occidental se debate entre su subsistencia auto indulgente y su propia crítica descarnada. La pieza del realizador danés es una muestra ineludible e infame.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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