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Viendo The Irishman, una breve nota antes de escribir cualquier otra cosa:

Resulta grotesco, por decir lo menos, ver a un Robert de Niro con el rostro falsamente rejuvenecido gracias a electrodos y Photoshop, moverse con los gestos y la postura y el cuerpo de un anciano cagalitroso, casi terminal.


En Irishman, la genialidad de Scorsese está en mostrarnos ese amargo final donde la senilidad siempre se impone a la gloria pasada, sea esta cual sea. No hay nada más triste, pero también liberador, que la muerte. Es en este punto donde el anciano De Niro está en su salsa.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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