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Escrito en el 2013:

La diferencia esencial entre la izquierda política y la derecha política consiste en la manera en que ambas abordan las libertades individuales. Mientras una cercena, la otra concede.

Desde su génesis, en tiempo de la revolución francesa, la izquierda de manera general se ha esforzado por lesionar el espíritu individualista en aras de la consecución del triunfo del colectivismo. Y para que esto se logre es indispensable la mano dura de un gobierno poderoso que acarree a las masas allí a donde quiere y le convenga. Mientras más omnipotente y absoluto sea el gobierno, mayor control y dominio alcanzará sobre los gobernados.

Sumemos a eso el grado superlativo de paternalismo que desparrama la izquierda mientras ejerce el poder, para garantizar el apoyo de las masas por mediación de la ideología y de la dependencia, dejando para casos de necesidad extrema el uso de la fuerza, aunque sabemos de aquellos regímenes totalitarios per se, que implementan métodos de represión preventiva, donde el temor y el chantaje juegan un rol elemental.

Ahora, es preciso señalar que a lo largo de la historia también han existido regímenes autoritarios de derecha. Pero a diferencia de las dictaduras de izquierda, estos han permitido la diversidad empresarial, garantizando en gran medida la libertad de emprendimiento del individuo. Y donde existe libertad para crear riquezas siempre habrá luz para la esperanza.

Un ejemplo prístino de esto último lo fue el gobierno militar que depuso, en Chile, al caos socialista de Salvador Allende, un títere de las ansias del expansionismo cubano en el continente. Pero como los gobiernos de derecha no saben vender su imagen con algo de simpatía, como jamás han sido exitosos en el adoctrinamiento de las masas (porque no les interesa de manera particular) el Pinochetismo es, al día de hoy, un monstruo sádico y salvaje en el imaginario popular. Y es que la izquierda pretende siempre gobernar (y destruir a sus rivales) desde la militancia y las ideas.

No faltará quien intente desacreditar cualquier valoración favorable a la derecha en este tema, sacando a colación los ejemplos de las terribles dictaduras europeas occidentales de la primera mitad del siglo pasado. Pero conviene recordar a esos que el germen del fascismo italiano, del cual el nazismo alemán fue un claro deudor, se encuentra allí, en el partido social demócrata ruso de Lenin y en los combativos movimientos obreros y anarquistas de la época.

Benito Mussolini debe su nombre a un líder popular latinoamericano, Benito Juárez, lo cual sellaría quizás su impronta histórica. En 1900 se afilió al partido socialista, creando lazos desde entonces con la Rusia soviética. Durante su exilio en Suiza predicó la insurrección obrera y se convirtió en agitador político. En su regreso a Italia ejerció como periodista en un periódico socialista de Trento. El Mussolini de ese entonces era un socialista ortodoxo, un nacionalista extremo. Para 1912 fue nombrado director de Avanti, desde donde escaló posiciones en el “partido”. Fue Benito Mussolini quien lideró la victoria de la rama ortodoxa socialista sobre la reformista, hecho que Lenin saludaría con entusiasmo.

Cuando el Duce fue expulsado de la organización socialista por apoyar al gobierno italiano durante la primera guerra mundial, fundó “Il PPopolo d’ Italia”, diario intervencionista de izquierda que acogio a todas las corrientes comunistas que no tenían cabida en el oficialismo socialista. Y aquí se gestó el Fascismo, de aquí salieron los fascios de combate. ¿Les recuerdo el programa inicial del Fascismo de Mussolini? Salario mínimo, jornada laboral de ocho horas, voto femenino, participación de obreros en la dirección de las industrias, nacionalización de las empresas extranjeras y la confiscación de los bienes religiosos. En cuanto a la base ideológica del nazismo, a pesar del pretendido anticomunismo del furher, no eran más que un plagio del comunitarismo ruso, nacionalismo incluido.

En los tiempos que corren la izquierda se ha ido imponiendo a la derecha en la batalla por el alma de la plebe. Parece atraer más la idea pasiva de depender de las prebendas y de la guía de un gobierno, que aquella otra en la que tienes que valerte por ti mismo, haciendo uso de las habilidades y la fuerza con la que Dios nos ha dotado.

Estados Unidos ha terminado convirtiéndose en un claro ejemplo de esto. No tengo dudas de que lo que dijo Romney durante la contienda presidencial es un acierto. . Un porcentaje altísimo de deudores del estado benefactor votará siempre por el partido de izquierda que les garantizará prebendas a costa de aquellos que se sacrifican, que luchan y que trabajan.

Por ello mi pesimismo en el futuro próximo de esta nación. A estas alturas tan contaminado está el partido Demócrata por las absurdas ideas de igualitarismo y cambio, que no preveo un freno a las ansias socialistas de lograr la dictadura de las mayorías. Por otro lado, ¿qué tenemos? Tenemos un partido Republicano incapaz de atraer con sus ideas porque estas resultan incomodas y poco complacientes.

Parafraseando a Julio Cesar tras cruzar el Rubicón, “Alea jacta es”. La suerte está echada y la batalla contra Pompeya y los Optimates ha echado a andar.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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