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Si The Matrix proponía la teoría de la vida como una ilusión prefabricada por los sostenedores del poder, Inception reconoce, en cambio, la realidad de la existencia en perfecta conjunción con la subjetividad de los sueños.

Los hermanos Wachowski retomaron las ideas de William Gibson para construir una brillante pieza de acción y filosofía sólo superada, quizás, por la obra del genio de Nolan.

Inception, que en el imaginario popular es ya una cinta de culto, bordea la perfección desde una perspectiva fisiológica y psiquiátrica. Es decir, Si The Matrix apelaba a la filosofía como respuesta a las inquietudes que nos aquejan a diario, Inception eleva la vara y lleva el análisis y el debate al campo de la espiritualidad y de las ciencias orgánicas.

Lo curioso y al mismo tiempo esperable es que en el medio cubiche tan dado a la palabrería metatrancosa y a los análisis “profundos”, sea el discurso de The Matrix el que prevalezca, muy por encima de ese carácter “descartiano” y freudiano de la majestuosa Inception. Cosas veredes, Sancho.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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