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Joaquin Phoenix es un excelente actor (el mejor de su generación, siempre lo he dicho) y probablemente una muy buena persona. Pero su discurso de aceptación del Oscar anoche, según veo en las noticias de esta mañana, sigue la tónica del devenir apocalíptico que tanto complace a esa izquierda naif (y al mismo tiempo intolerante y profundamente reaccionaria) que domina el discurso cultural desde hace décadas. Nada es más precioso que la vida humana. Cualquier relativización de ese concepto central no pasa de ser un ejercicio irracional y presumido.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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