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El Iron Throne es el anillo de Saurón. La mirada de soslayo de Daenerys Targaryen es la admiración de Gollum y la locura de Frodo. Las influencias de Tolkien sobre toda la literatura fantástica posterior son innegables, incluyendo la obra del vago George R. R. Martin, que debe gran parte de su éxito mediático a tipos como David Benioff y D.B Weiss, que adaptaron “A Song of Ice and Fire” a la televisión de manera brillante, estemos claros. Viendo nuevamente la última temporada de Game of Thrones, creo que fue una buena cosa, después de todo, que Martin no terminara nunca su relato. El final de la pieza, polémico por su carácter cínico y oscuro es lo mejor que pudo ocurrirle a esta loable serie. En definitivas ¿quién quiere lidiar solo con lo predecible o bueno, con lo correcto y lógico? El animal que somos es también aquel anillo forjado en las montañas de fuego. La hijeputancia nos persigue y los cautos somos pocos.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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