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Nos hemos vuelto locos. La insensatez, el miedo desproporcionado a la muerte y a la misma vez esa ilógica fascinación por el fin de los tiempos debieran ser material de estudio sociológico para el futuro. El Coronavirus ha desnudado la esencia de la era que vivimos; ha puesto al descubierto nuestras miserias y ha establecido, sobre todo, el papel predominante de los medios y las redes como moduladores de la opinión general, por tremendista y distorsionada que esta sea. En tiempos de tanta modernidad, estamos dispuestos a comprar cualquier desaguisado, desde absurdas y ridículas teorías conspirativas hasta la incapacidad adquirida de enfrentarnos a la vida corriente, esa donde las infecciones y pandemias seguirán persistiendo entre nosotros.Anoche terminé mi turno de trabajo sin novedades. Mis pacientes provienen, sobre todo, de Latinoamérica y Europa. No , no diagnostiqué ningún Coronavirus, aunque sí me tropecé con un caso de probable Influenza, esa enfermedad respiratoria que ha infestado en este último invierno aquí, en los Estados Unidos, a 16 millones de personas (más de tres millones mensuales), que ha mandado al hospital a 120 mil pacientes y que ha matado a otros 6 mil seiscientos (1320 defunciones mensuales). Que cómo me las arreglo para sobrevivir a tantas amenazas? (me ha tocado tratar a un centenar al menos de pacientes con Influenza durante todo este período). Pues siendo precavido, tomando las medidas necesarias de asepsia y lavándome las manos con frecuencia. La vacuna ayuda, claro está, aunque no ofrezca inmunidad total por la variedad de cepas.Lo que quiero decir es que tanta histeria no tiene justificación alguna. A lo largo de nuestras existencias seguiremos enfermando, recuperándonos, muriendo… y los vida no se detendrá por ello. Seamos cautos, tomemos las medidas necesarias y no nos dejemos arrastrar por los desaforados de turno ni por los intereses políticos o monetarios del momento. Y a esos médicos, biólogos y epidemiólogos improvisados o no, déjense de comer tanta mierda que infecciones respiratorias como esta (y mucho peores) no sólo aparecerán de vez en cuando sino que también perdurarán por los siglos de los siglos. Amén.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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