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A todos aquellos que se encuentran en sus casas a buen resguardo, les recomiendo que vean seis excelentes filmes sobre el Apocalipsis, para que toda la emoción del Coronavirus no se diluya tras la desaparición de la pandemia (eso sí, lo que no puedo asegurarles es que no se produzca un pandemónium económico tras tanto desaguisado).

Pues bien, empiezo por

1) “12 Monkeys”, esa cinta de culto que Terry Gillian filmó a mediados de los noventa y que sitúa el fin de los tiempos en noviembre de 1996, debido a un virus de laboratorio producido aquí mismito, en los Estados Unidos. Ese bichito microscópico asesina a cinco billones de habitantes, y los escasos sobrevivientes son obligados a esconderse debajo de la tierra. Échale, échale un vistazo en cuanto puedas para que asistas al Apocalipsis al ritmo de Piazzola, de la mano del tipo que hizo más por la especialidad de psiquiatría, a fines del siglo pasado, que mil cátedras de medicina. Me refiero al loco Gillian, claro; el mismo de los Monthy Phyton y The Fisher King…

2) Blade Runner, la obra maestra de Ridley Scott, que nos presenta a una ciudad de Los Angeles distópica, donde la muerte ronda cerca y golpea nuestros sentidos y nos hace reflexionar sobre la naturaleza de los actos fútiles y sobre el verdadero peso e importancia de la existencia diaria. En ella serás testigo de las hermosas palabras de Roy Batty sobre la muerte: “He visto cosas que vosotros no podríais creer… Naves de ataque ardiendo más allá de Orión… He visto rayos C brillando cerca de la puerta de Tanhauser… Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia… Es hora de morir”

3) A Quiet Place, la cinta de John Krasinski, es una típica invención de Bryan Woods y de Scott Beck. En un mundo apocalíptico, una familia intenta sobrevivir al horror de la muerte amparándose en la única vía de salvación posible: el silencio. Toda la obra ha sido estructurada en torno a esta máxima, de allí su trascendencia estética, que no es poca. A Quiet Place es, sin duda alguna, una de las piezas de horror más brillantes de lo que va de siglo. Krasinski ha dibujado la prevalencia del silencio no desde la óptica contemplativa de los antiguos griegos, aunque en cada narrativa sobre la sobrevivencia hay una cuota de estoicismo, sino desde el obligatorio calvario del pavor. Al hecho esbozado por Zenón de que el mal es necesario para que exista el bien y a ese puritanismo filosófico de que sin libertad no hay moralidad ni virtud, se antepone acá una simple y elemental máxima: el sacrificio por la familia es un instinto natural que termina otorgando a la virtud el carácter irredimible de bien superior del hombre. Krasinski tiene el genio y el talento para narrar una dicotomía tan compleja. Su futuro es inmenso.
4) “The Girl with All the Gifts” es una de las cintas más estremecedoras que puedan verse. Como toda buena pieza de horror, su génesis y su esencia versan sobre el temor a la muerte y también sobre el instinto de sobrevivencia que a cada paso nos anima. La curiosa aproximación de Colm McCarthy a la obra de Mike Carey, demuestra con creces que el universo “zombie” ha venido a constituirse en una metáfora genial sobre la existencia de los hombres. Al final de la jornada, esa inmisericorde amargura que nos asfixia, es muestra prístina de cuán poco sabemos sobre el destino que nos espera. Ganadora del British Independent Film Awards (2016), la cinta de McCarthy no puede ser menos que recomendada.

5) “Busanhaeng” (Train to Busan), una cinta de Sang-ho Yeon inspirada en su propio corto de animación “Seoul Station”, es una excelente obra que, amén de la lectura social que los críticos le han dado en cada una de sus críticas y revisiones, privilegia sobre todo, en mi opinión, el vínculo filial entre un padre y su hija, expuesto al horror inesperado de la supervivencia. Exhibida en la selección de filmes de medianoche del Festival de Cannes, esta narración, soberbia, impecable, irredenta, es un canto de amor en medio de la oscuridad y de la sinrazón, amén de una exquisita pieza de horror irredimible. Como toda obra “zombie”, invita a la contemplación de la naturaleza humana, en este caso sin atesorar pretensiones ligeras, con el pesado mazo del temor machacando cabezas y aletargando almas.

6) The Road. La obra de Cormac McCarthy es sencillamente espléndida, y que un premio como el Nobel de literatura se le otorgue a alguien llamado Bob Dylan cuando este soberbio escritor de raza es ignorado, solo puede causar desconcierto y ofuscación. Recuerdo haberme leído su Blood Meridian prácticamente de un tirón, con la conciencia de estar asomándome a una obra mayor y relevante. Sus historias adaptadas al cine también son una muestra de lo mejor y más transgresor que pueda haberse filmado a lo largo de las últimas décadas. “No Country for Old Men”, “The Counsellor” y “The Road” son ejemplos palpables de lo antes citado. Precisamente he visto por primera vez la adaptación de The Road. Joe Penhall, un excelente guionista, fue el encargado de llevar esta fábula hermosísima y terrible a los contornos del séptimo arte. El australiano John Hillcoat la dirigió. Viggo Mortensen y el increíble Kodi Smit-McPhee la protagonizaron. Como todas las obras de McCarthy, el temor a la muerte y la digna sobrevivencia, esa batalla incesante en mantener un ápice de humanidad por encima de los horrores circundantes, sostienen el peso de la historia principal. Que la obra mantenga el espíritu poético del trabajo escrito, la belleza de sus palabras y sus diálogos, la convierten en una pieza exquisita, magnífica, imprescindible. Su tristeza y brillantez nos obnubilan. ¿Cómo puede caber tanto dolor, pero también tanta esperanza, en esta especie de road movie simbólico e imaginario, donde la alegoría de la vida y su preciada naturaleza se anteponen a la barbarie de la condición humana? La única posible respuesta se halla en el espíritu contemplativo de la obra, que nos obliga a beberla con esa parsimonia que exigen los elíxires finos y preciados. No demoren la posibilidad de hacerlo. El arrepentimiento jamás los apesadumbrará.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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