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En Italia se ha instaurado un régimen policial, no generado por el regreso del fascismo sino por la propagación del pánico por parte de autoridades y profesionales de la sanidad pública. Delaciones, vigilancias y castigos van de la mano con la paralización absoluta del país. Es el sueño dorado de cualquier gobierno autoritario; por ello la extrañeza de tropezarnos con estos estados de excepción en naciones insignes de las democracias occidentales, como es el caso que nos ocupa. Y es que el miedo a la muerte es una especie de bien distribuible capaz de paralizar a las grandes masas neófitas en cuestiones de epidemiología y medicina o de cualquier otra cosa que se nos apetezca.

La cuarentena total, toque de queda o paralización absoluta, como quiera definírsele a este estatus quo tan inusual y aterrador, comenzó en Italia el pasado 9 de marzo, cuando en toda la península se habían contabilizado 9,172 casos positivos. Catorce días después, el 23, tiempo máximo que señala el fin de cualquier período de incubación silente en este tipo de Coronavirus, la cifra había subido a 66,927. Hoy en día la cifra asciende a 86,498.

La recurrencia, el peak máximo de diagnósticos nuevos, debía comenzar a decrecer después del día 23, o quizás antes, pues según datos de la CDC, potenciado sobre todo por un estudio clínico del Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health, el tiempo medio de incubación del germen es mucho menor en más del 85% de los casos. “This work provides additional evidence for a median incubation period for COVID-19 of approximately 5 days, similar to SARS. Our results support current proposals for the length of quarantine or active monitoring of persons potentially exposed to SARS-CoV-2, although longer monitoring periods might be justified in extreme cases”, nos dicen.

Pues bien, el número de contagios en los últimos cuatro días en Italia, en un rango de tiempo de 24 horas, es de 4.892 nuevos casos, superando incluso el promedio del período teórico de peak que arrojó cifras de 4,125 nuevos casos positivos diarios. Por otra parte, los pacientes de riesgo: ancianos, respiratorios crónicos, cardiacos, diabéticos e inmunodeprimidos, han seguido muriendo tras el período de peak a un ritmo mayor que antes. La cifra ha subido desde los 401 por rango de 24 horas a 764.Amigos míos, estos números sólo señalan un hecho irrebatible: la cuarentena total no funciona, es una locura logística, un desaguisado científico… y un manjar para el gobierno de turno.

A mis amigos colegas, a los cuales estimo en demasía, les pido que no sigan propagando el sensacionalismo y el pánico anticientífico por las redes, porque es algo que confunde y paraliza. Lo mismo pido a las instituciones sanitarias y a los políticos de turno. Hagan la tarea, como la hemos hecho yo y otros muchos. La medicina es una ciencia y está avalada por datos estadísticos y clínicos. No confundamos en aras de saciar las apetencias de sentirnos importantes e imprescindibles. Lo somos sin tener que inflar cifras y números. Seamos serios.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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