778. Sicario

Denis Villeneuve es un narrador soberbio, ya lo había comentado antes. Su mérito reside en perforar la dermis de sus caracteres y extraer todo el miedo y el horror posible que subyace en el alma y en el corazón de los humanos. Y lo hace con toda la parsimonia imaginable. Prisoners y Enemy son dos ejemplos irrefutables. También Sicario, esa oscurísima historia sobre narcos, venganzas e instituciones oficiales.

El fundamento de la cinta está localizado en esa frontera imprecisa donde el bien y el mal, lo legal y lo ilegal, coquetean el uno con el otro y se entremezclan y hasta se besan con el descaro y la culpa de los amores prohibidos. Que Villeneuve no tome parte por ninguna disyuntiva moral de las presentadas en la obra, termina por otorgarle un precio superior a esta pieza, que es como filete bien cortado.

El buenismo y la corrección, los filosofastros de la hechura bondadosa pero regios seguidores de la ley enfrentados, entre las brumas de la duda, al terrible pragmatismo de la sobrevivencia. “Juárez es el resultado de donde ellos se asientan” le dice el agente Matt Graver a la utópica Kate Macer. “No sobrevivirás aquí. No eres un lobo. Y esto ahora es tierra de lobos”, le espeta Alejandro a la disciplinada agente. En torno a estos razonamientos es que la cinta discurre.

La belleza de las imágenes del desierto de Arizona hacia el ocaso o de las callejuelas aterradoras de Juárez a pleno mediodía responden al talento de Roger Deakins, por ello la tremenda similitud estética con No Country for Old Men, sin dudas. Jóhann Jóhannsson se hace cargo de una muy buena banda sonora. Y el excelente equipo de Prisoners vuelve a conjugarse para parir una obra probablemente inferior a su predecesora, pero loable también, en otros términos.

Denis Villeneuve va en camino de construir una sólida carrera y de legar un par de cintas memorables. Quizás ya se haya convertido, incluso, en un soberbio realizador. Posee esa rara dualidad de desempeñarse con gracia en cintas osadas y pequeñas, así como también en producciones monstruosas y sonoras. Él no es un creador de artificios fútiles y desechables. Su pulso tiene peso y no descarría el trazo.

(Escrito en Febrero del 2016)

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .