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Ayer fuimos Nicole y yo a uno de esos nuevos cumpleaños que la cuarentena ha impuesto, donde una caravana de autos desfila frente a casa del homenajeado sonando el claxon y lanzando vítores. La “fiesta” fue un verdadero éxito y duró, para nosotros que éramos los terceros en la fila, algo menos de un minuto.

Pues bien, antes de que comenzara la algarabía, todos los autos que iban a participar de la “descarguita” sonora nos reunimos frente a una escuela de la barriada para ultimar algunos detalles. Cuál sería mi complacencia cuando veo a la madre de la niña cumpleañera y al abuelo acercarse a nosotros a saludarnos efusivamente, como en los tiempos antiguos, estrechándonos las manos y todo. Ah, y sin la presencia impersonal y vil de una mascarilla cualquiera.

De camino a la “festividad “ terminé de comprender que el miedo, en algunos lugares y naciones, sólo puede impregnarse hasta cierto punto, pues en uno de esos centenares de hermosísimos parques que pululan en Miami, incontable cantidad de personas compartían juntos caminando, conversando y riendo, como si la pesadilla absurda jamás hubiera acontecido.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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