900. Krugman, un estatista petulante

Acabo de ver una entrevista que le hizo la BBC a Paul Krugman, premio Nobel de economía en el 2008 y miembro de las huestes periodísticas del New York Time. Krugman es un keynesiano, por supuesto. Y entre otras barbaridades conceptuales vuelve a decir lo mismo que otros muchos ideólogos de la izquierda en estos días. Krugman habla de la existencia de un “racismo estructural” en los Estados Unidos, lo cual evidentemente es una afirmación falsa. No existe el racismo institucional en esta nación. Al menos no el racismo contra el negro ni ninguna otra de las minorías.

Krugman también acusa a Trump de autoritario, a pesar de la decisión del presidente de descentralizar las decisiones de respuesta a la pandemia del Covid (dejando en manos de los gobernadores el manejo epidemiológico) y de la posterior floja contención ante las protestas y desmanes remanentes tras la muerte de George Floyd.

Krugman clama por una acción política que conduzca a reformas. ¿Cuáles, pregunto yo? ¿Una radicalización de la ley de acción afirmativa distribuyendo aún más cupos de admisión basados en el origen racial de las minorías? ¿La reconstitución de juzgados, departamentos de policías, sistemas educacionales basados en la raza? Por ejemplo, ¿si la población negra en los Estados Unidos es de un 12.1%, debemos ampliar la presencia de este grupo racial a un 50% en todos los estamentos de los gobiernos? ¿Es esa una cifra consecuente para estos luchadores de la justicia social? ¿Se entrometerán los gobiernos en los negocios privados para exigir que estas cuotas se cumplan? De ser así, estaríamos a un pequeño paso del establecimiento de un sistema legalmente racista… en contra de la mayoría blanca. ¿Esa es la justicia a la que aspira Krugman?

Achaca a la naturaleza “antidemocrática” del gobierno un pésimo manejo de la pandemia, lo que le según él, le ha restado credibilidad a Trump ante el mundo. ¿Cómo se traga menudo ajiaco? ¿Dónde están las evidencias concretas de un aumento del autoritarismo en USA? No existen. Krugman convierte sus ansias y emociones en presunta evidencia empírica. Al mismo tiempo, y contradictoriamente, alaba el papel decisivo de la China totalitaria en el manejo de la crisis. Critica severamente las manifestaciones populares a favor de las independencias individuales y al mismo tiempo se admira del papel rector del estado en China. ¿Quién, entonces, es el que posee una vocación totalitaria?

Krugman se muestra abatido por vivir en un país que ya no reconoce como propio al haber traicionado a sus ideales. ¿Cuáles son esos ideales a los que se refiere Krugman? Nunca no los deja saber, pero probablemente se acerquen más al estatismo de una China totalitaria que al anhelo del individualismo capitalista por el que clamaban los padres fundadores.

La única esperanza para Krugman es que Biden gane la presidencia y que los demócratas controlen el congreso, claro. Lo dice claramente. Para el economista keynesiano el partido republicano está en contra de todos los principios sobre los cuáles se fundó la nación norteamericana y llama a barrer, muy democráticamente me imagino, con cualquier vestigio de poder de los conservadores.

Santifica al Obamacare y promociona un sistema de salud que ofrezca cobertura universal. Aunque duda de que la socialización absoluta del sistema pueda lograrse políticamente. “Sin Obamacare viviríamos en una pesadilla”, afirma. Pero no habla del encarecimiento de los seguros, de la mediocre cobertura de los diferentes servicios, de la manera oscura en que se debatió en el congreso la ley de marras y de las mentiras que se contaron para atraer a los crédulos y convencer a los incrédulos.

La visión de Krugman acerca del trumpismo está profundamente errada: la considera una ideología reaccionaria que no cuenta con ningún apoyo popular. Cae en el error soberbio de las elites intelectuales de la izquierda occidental: la de satanizar a su contraparte ideológica con argumentos pretenciosos pero vacuos.

Krugman alaba también el papel de China en el establecimiento de “políticas públicas efectivas” pero, según él, será la esperanza de un triunfo demócrata en noviembre lo que frenará las ansias expansionistas del gigante asiático.

Krugman también critica la falta de manifestaciones uniformes en la comunidad europea y lamenta las particularidades de cada nación. Para el hombre, la comunidad debe imponerse a las diferencias y las individualidades.

Reconoce que las naciones nórdicas son capitalistas y no socialistas. Claro, como buen keynesiano, apoya férreas regulaciones estatales en el desarrollo de la economía y prioriza la igualdad a ultranza ante que los talentos naturales al mismo tiempo que promueve el endeudamiento de las naciones sobre la austeridad de los gobiernos.

Krugman se jama el bocadito de la petulancia colectivista. No lo hace por malvado. Es aún peor, el tipo cree que tiene la razón de veras. Y como todo socialista, intenta meternos sus convicciones a la cañona… aunque claro, Trump es el autoritario y el tirano.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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