985

Los napoleoncillos negacionistas no pueden ocultar, por mucho que lo intenten, el hecho de que el partido demócrata se ha convertido en el refugio plácido y seguro de las turbas intransigentes, de las camisas pardas del presente. El llamado y la reivindicación de la violencia con el fin de deponer a un gobierno elegido constitucionalmente, es un acto de traición que debiera ser penado duramente… y así vamos, camino al borde del precipicio, donde si no empujas, te empujan…

984

¡Malditos fascistas trumpistas! ¡Se balean entre ellos, incluso, en las barriadas de Chicago! ¡Han destruido cada negocio en el downtown de Portland! ¡Le prenden fuego a los autos de la policía y agreden y acosan a los que llevan puesta una gorrita del candidato Biden! Y ni se te ocurra colocar un sticker en el bumper de tu carro a favor de la dupla demócrata del 2020 porque te lo rayarán y te picharán las gomas. ¡Ah, y te robarán los carteles electorales de tus jardines y patios! ¡Abajo los fascistas intolerantes trompianos!

983

Michael Moore, el cineasta “liberal”, advierte a sus seguidores antitrumpistas sobre una muy probable nueva victoria del “asno con garras” yuma el próximo noviembre y les pregunta si están preparados para una cosa así , a la par que el comediante “liberal” Bill Maher confiesa sentirse abrumado y nervioso, como una especie de deja-vu de aquel “horrendo” episodio de hace casi cuatro años, en relación a las elecciones venideras. Como guinda del pastel, uno de los never trumpers desgajados del conservadurismo norteamericano, el comentarista Glenn Beck, pide disculpas públicas ayer en Twitter y acepta el haberse equivocado en relación a las políticas de Trump… un tapabocas en toda la extensión de la palabra. (Esto se está poniendo color de hormiga para muchos…)

982

Hoy me tocó atender a un paciente que había sido positivo al Covid-19 PCR test a mediados del mes de julio y que había arrojado otro positivo el viernes pasado. Las pruebas se las realizó en el parque Amelia Earhart de Hialeah y luego en una clínica de terapia ocupacional. Nunca tuvo síntomas, pero estuvo obligado a permanecer en su casa, por lo que terminó perdiendo su “pincha”.

Hoy fue al centro de urgencias donde yo trabajo para tratar de dilucidar cuál es su verdadera situación clínica. El exámen físico fue negativo y le indiqué un test sanguíneo de anticuerpos para ver dónde estábamos parados. El IgM, que mide si la infección está activa, resultó negativo, pero más increíble fue que la IgG, que testea si el paciente estuvo expuesto al virus en el pasado, también fue negativa. Es decir, el paciente nunca estuvo expuesto al Covid y lo reportaron como positivo dos veces.

Los test sanguíneos de anticuerpos no dan falsos negativos, sino todo lo contrario, lo que significa que pueden dar positivos al Covid sin realmente serlo. Por lo tanto, el hecho de que ambas inmunoglobilinas hayan resultado negativas corroboran con precisión que nunca estuvo contagiado. Ordené un nuevo PCR mediante swab nasal y el resultado regresará en tres días. Los tendré al tanto.

Y mi gran duda en esto sentido, luego de haber sido testigo de innumerables chapucerías, engaños e inexactitudes en relación al manejo del Covid por parte de “profesionales” e instituciones es… ¿Cuántos positivos de mentiras nos han estado vendiendo? ¿Cuántas muertes no relacionadas con el Covid se han rotulado bajo el signo inmisericorde del virus? La respuesta es obvia y fácil: Muchos, muchas.

981

El partido de la “diversidad, de los minoritarios, de los inmigrantes y de los trabajadores” se ha lanzado en ristre en contra de la primera dama por su acento, tras el discurso de ayer en la convención republicana. “Apenas si sabe hablar inglés “ ha dicho una de esas estrellitas hollywoodenses. Lo mismo pasó la noche antes con un empresario cubano americano del sur de la Florida. Y la verdad es que la izquierda jamás ha sido ni consecuente ni inclusiva. Todo lo contrario, ha apostado desde siempre por la férrea discriminación de quien opine diferente. Su ideología es divisoria y profundamente intolerante. Lo hemos estado constatando en vivo y en colores durante los últimos cuatro años.

979

Las casas también mueren, como nosotros. Con ellas se entierran las historias. Los sonidos, aquellos momentos de luz y ruidos que construyen, a trazos, la existencia. Se hundirá la casa Rayburn bajo el agua y ese discurso terrible, estremecedor de Sissy Spaceck, se ocultará también bajo las piedras y guijarros. Y sólo quedará el eco adormecido de una fugaz historia.

Nada perdura, lo sabemos. Ni aquella mansión de Alea, enferma de soledad en medio del comunismo aterrador que invade cada resquicio y cada alma. Tampoco la casa de tía Mirta en el Vedado, con sus historias familiares, con sus visitas permanentes que han desaparecido tras la muerte. (Todos sabemos que avenida Boyeros ya no es igual sin ella). O Punta Alegre entero, ese lugar donde nació y creció mi madre, con sus casuchas sobre el mar y la memoria de festines y langostas asadas y guateques que a estas alturas parecen irreales y ficticios.

¿Cómo puede morir una ciudad entera? De igual forma que parten sus comensales, que fenecen sus tragedias y sus glorias. Las casas se derrumban… e incluso nuestras almas. El discurso de la Spaceck desgarrando a sus fetos, Mirta balanceándose en la sala frente al televisor y sus amigos, Pinelli quitando el polvo de los altos puntales, los pescadores en el muelle y mis primos riendo… Las casas también mueren, como nosotros todos…

978

Recuerdan a aquel matrimonio que defendió su propiedad de una turba de manifestantes en una barriada lujosa de St. Louis? Anoche hablaron en la convención republicana. Y fue estremecedor cuando narraron como una señora joven que encabezaba las protestas les gritaba en sus caras: “Ustedes no podrán frenar a la revolución !”. Pues bien, esa mujer acaba de ser elegida en las primarias de Missouri como candidata al congreso estatal por el partido demócrata. Sigan pensando que el chicharrón es carne!

976. Deadwood, the Movie

No tenía idea de que los productores de “Deadwood” habían sacado una película el año pasado para darle fin a una de las más grandes series jamás filmadas. Ya lo había visto con la magnífica “Homicide: Life on the Streets”, la pieza de Paul Attanasio, David Simon y Tom Fontana que había, a su vez, supervisado Barry Levinson y que se convirtió en una especie de material predecesor de “The Wire”.

Pero no fue hasta que me tropecé en HBO con la versión cinematográfica escrita por el sempiterno David Milch y dirigida por el especialista televisivo Daniel Minahan, que caí en cuenta de la necesidad de redención que atesoraba la majestuosa historia de aquel poblado legendario del West regido por el sheriff Seth Bullock y el empresario Al Swearengen donde asesinaron a Wild Bill y donde Calamity Janes se emborrachaba en las esquinas.

Ubicada diez años después del cierre intempestivo de la serie, la cinta sabe a poco y no es el colofón preciso para tanta brillantez pasada, pero al menos te dibuja una sonrisa permanente a causa de tan entrañables e inolvidables personajes. Y es que toda gran historia necesita un cierre. Aunque sea esporádico y leve y escasamente abarcador.

Deadwood: The Movie, en fin, es como el café matutino que tras olerlo en la cocina al amanecer te trae recuerdos hermosos del pasado. Para los fanáticos de la pieza original, se hace imperioso ponerle fin al luto con la cinta de marras.

975

El neoyorkino-cubiche George A Romero era un perfeccionista. Esa fue la razón por la que estuvo detrás de la versión ochentera-noventera de su Night of the Living Dead, dirigida por Tom Savini. Dotar al remake de una profundidad existencial más actualizada y lógica acerca de la reacción humana ante la indecible oscuridad se constituyó en una razón fundamental para intentar el nuevo acercamiento a esa trágica y terrible historia de la resurrección de la muerte. La diferencia entre Romero y todos sus predecesores es bien simple: para el creador, el advenimiento del fin es causal de horror y desazón.

974

El sociólogo de la universidad de Paris, Danilo Marticelli, está clarísimo sobre el tema del manejo desastroso e irresponsable de la pandemia. Y, como pocos otros, se halla preocupado también sobre el papel rector de instituciones sanitarias y burócratas de la salud en las políticas públicas. Para mí estuvo claro desde el primer dia: nos abocamos a la regencia futura de un autoritarismo tecnológico y epidemiológico, donde en vez de consignas ambientalistas predominarán las “ciencias” biológicas. Todo en nombre de un supuesto bien común, por supuesto, que nos hará menos libres a cada instante. Tomen nota, se los vengo advirtiendo desde inicios de marzo. (Y ojalá estuviera equivocado!)

973

¿Puede matar el Covid? Por supuesto. En los pacientes de riesgo causa neumonías atípicas y mixtas que en algunas ocasiones desembocan en un peligroso Síndrome Agudo de Stress Respiratorio, ya visto en otros gérmenes similares, incluyendo al Covid SARS-1 del 2003. Los porcentajes de estos casos (SARS) son minúsculos.

Pero la histeria entre la comunidad científica ha sido generada por la llamada “tormenta linfocítica”, probablemente relacionada a altas cargas virales, y que debe de tener una incidencia mínima en la población afectada, pero que al mismo tiempo ha sido promocionada y divulgada hasta el cansancio por la prensa amarillista y por instituciones y profesionales irresponsables.

Esta “tormenta linfocítica” es una exagerada respuesta de defensa del organismo, que puede atisbarse en pacientes jóvenes y sin patologías de base. Algunos de los profesionales de la salud fallecidos (¿un 0.0001% de las personas positivas?) sufrieron la mencionada hiper reacción de defensa cuyo mecanismo fisiológico aún no se ha podido precisar, pero que quizás se deba, como conversaba con mi amigo y hermano, el doctor Ibrahim Menendez Perez, a una especie de GAP inmunológico que sufren silenciosamente las víctimas de estos episodios. Es decir, quien muere ya llevaba la marca del deceso (o la marca de la bestia) de antemano.

Y les repito, los porcentajes de mortalidad son tan ridículamente bajos (de mis pacientes, un 90 o 95% de los casos son asintomáticos o leves y ni siquiera necesitan hospitalización) que no pueden justificarse bajo ninguna premisa los estados de excepción que han estado rigiendo durante el último medio año y que están llevando al mundo que conocemos hacia una precariedad de límites impredescibles.

¡Basta ya de histeria, de temor exacerbado, de politiquería y negocio! Es hora de abrir los ojos y despertar.

972

Es curioso, por decir lo menos, cómo el esfuerzo por llegar a las “200 mil muertes” por Coronavirus, la cifra exacta dada por el burócrata Dr. Fauci al comienzo de toda esta locura, parece ser una meta de cumplimiento imprescindible!

La cosa se ha tornado, frente a nuestras narices, en un caso de emulación socialista! Pero no olvidemos, por el bien de la verdad y la justicia, que el 30-40 % de esas muertes han sido CON el Covid-19 y no POR el Covid-19, según las cifras del propio CDC.

Sigamos esforzándonos! La meta, a diferencia de los 10 millones de toneladas de caña del setenta en Cuba, es perfectamente alcanzable! Sólo faltan algunos numerillos!

971

El caso del barco pesquero de Seattle ha demostrado un abc de la Epidemiología moderna: que la inmunidad de grupo es un hecho. Lo hemos tantas y tantas veces dicho! Lo que no acabo de entender es la laxitud y la holgazanería de la ciencias, que han renunciado a la sensatez y al sentido común, por estos días.

Será que las sociedades más frágiles y vulnerables también arrastran consigo (además del temor y de la histeria) el oscurantismo y la fabulación? Es hora (desde hace rato) de ponerle fin a las horas más oscuras y recalcitrantes de este nuevo siglo.

Que se callen los sabihondos de salón, los burócratas institucionales y los políticos oportunistas. Que los médicos aterrados acaben de dar un paso al lado. Que las enfermeras en búsqueda del Dorado de la heroicidad se dediquen a hacer su trabajo! Esta pesadilla provocada por nosotros mismos no puede continuar matando y empobreciendo a millones en el mundo.

970

Señores hocicones, alabarderos del falso sentido común y diseminadores del miedo más primario:

No es lo mismo leer y conocer a distancia sobre un tema, que atesorar experiencia empírica sobre el particular.

Sí, tengo que decirlo, no eres un experto por el solo hecho de haberlo leído en Infobae o por haber escuchado la conferencia del mediático y burócrata doctor Fauci, o por eventualmente administrar la distribución de mascarillas en una farmacia o por tener un socio que tuvo el virus.

Ni siquiera tu sentido común te convierte en infalible. Las cosas hay que vivirlas, como se dice tan ridículamente en estos tiempos, en la primera línea. Luego, trata entonces de venir a dar lecciones.

969

Alguien hablaba de la Elizabeth Warrens como una mejor opción a vicepresidenta debido a que es “antisistema”. 😆

Warrens es la vívida representación del podrido establishment político norteamericano (la Kamala también). La señora no ha hecho otra cosa en su vida que batallar en contiendas electorales. De eso vive. De eso y de su discurso. Es su profesión, por supuesto.

En cuanto a Trump, a pesar de sus influencias “liberales” neoyorquinas se enmarca más dentro de la tradición jacksoniana de gobierno pequeño y libertades individuales. Ha gobernado un buen trecho (hasta la llegada de la pandemia) como un conservador, hay que decirlo, cumpliendo con la mayoría de los estamentos políticos que ha establecido desde hace treinta años. Es decir, el tipo ha sido consecuente.

968

La máscara no debe ni puede ser obligatoria. Que se ejerza la responsabilidad individual en su uso. Quien no quiera contagiarse, que la lleve puesta. Quien tenga síntomas respiratorios, que la porte si lo estima conveniente. Los pacientes enfermos por Covid? 14 días para la casa tras un PCR positivo y retomarse el test al término de ese tiempo.

¿Las medidas básicas? Evitar moloteras, lavarse las manos, alimentarse y dormir bien. Si tienes comorbidades, extrema ls precauciones, usa alguna mascarilla efectiva y no beses a la novia enferma.

¿Por qué han cambiado las reglas de la Epidemiología moderna de la noche a la mañana, al punto de constituirse en nuevas reglamentaciones “morales”?

En todo caso, el cambio de reglas, unido a las cuarentenas excesivas para “aplanar las curvas” sólo han traído un aumento en la persistencia del virus y el caso de nuevos positivos. Y no, no es cierto que los cierres draconianos hayan causado mejoría alguna. Los hechos son claros y relevantes.

Vivimos en los tiempos de la distorsión y manipulación de las ciencias, todo en aras de escapar al miedo de enfermarnos. Las sociedades son frágiles, amigos míos, y lo retrocedido sabe Dios si alguna vez llegaremos a recuperarlo.

967

El antiamericanismo, tan bien conceptualizado por Jean Francois Revel, la mayoría de las veces responde a la ignorancia. Es el reflejo de un instinto primitivo que todos, de alguna u otra forma, acarreamos. En esos casos de nada vale culpabilizar a alguien. Ay, España, aparta de mí este cáliz!

966. The Life of Pi

The Life of Pi es mucho más que la historia de un naufragio y de un tigre de bengala agazapado en un bote de rescate entre las tormentosas aguas del Pacífico. Tampoco es sólo la semblanza neo-bíblica de un Noe moderno. Y de ninguna manera es, como quizás podríamos pensar al comienzo del metraje, una especie de Amelie en versión hindú. No. Ang Lee, además de entregarnos un producto visual impresionante, nos narra una historia donde la cercanía fosforescente de un Dios cualquiera parece acecharnos a cada paso, con sus cielos espléndidos y sus mares como platos celestiales. The Life of Pi es, en definitivas, como atisbar el universo estrellado de Colón en los setenta: un milagro de vida.