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El neoyorkino-cubiche George A Romero era un perfeccionista. Esa fue la razón por la que estuvo detrás de la versión ochentera-noventera de su Night of the Living Dead, dirigida por Tom Savini. Dotar al remake de una profundidad existencial más actualizada y lógica acerca de la reacción humana ante la indecible oscuridad se constituyó en una razón fundamental para intentar el nuevo acercamiento a esa trágica y terrible historia de la resurrección de la muerte. La diferencia entre Romero y todos sus predecesores es bien simple: para el creador, el advenimiento del fin es causal de horror y desazón.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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