1127

Ya se larga el 2020, un año nefasto para las libertades individuales. El más terrible de la historia moderna. También ha sido la temporada más oscura para las ciencias, porque los grandes intereses han logrado doblegar al sentido común, colocando una pesada bota en el pescuezo de la razón.

Mientras la plebe aplaude, chivatea, gime, hemos retrocedido (al menos) cuatro centurias, amigos míos. De lleno hemos aterrizado en la etapa de la pre ilustración. (¡Ah, la chusma reaccionaria!)

Me encantaría desearles un maravilloso año venidero, pero no estoy seguro de que mis aspiraciones arriben a buen puerto. Siguen los mismos tipos metastizando cada resquicio de nuestras vidas y, sobre todo, sigue la misma gente aupando el más indescriptible horror.

1126

Ojalá me equivocara…

Estoy seguro de que el día 6 de enero un congresista y un senador republicanos retarán los votos electorales de los siete estados en pugna, pero lamentablemente sospecho que tal decisión no llegará a ningún lugar y que la reunión en pleno de representantes escogerá mantener el status quo y certificar el fraude. No hay que ser un genio para intuir tal resultado. Sólo es necesario haber estado atentos a las cosas que ocurren.

También estoy casi seguro de que el vicepresidente Pence no interpretará la enmienda 12 de la manera que muchos esperan. Es decir, creo firmemente que dará un paso al costado y no declarará presidente a Donald J Trump.

¿Por qué? Por dos razones fundamentales. La primera es que, según los que saben, la enmienda 12 de la constitución es difusa y poco concluyente en sí misma. Invocarla no presupone obtener una legitimidad concluyente. La segunda es que tal decisión generaría el más absoluto de los caos (necesario, imprescindible en mi opinión, pero altamente improbable). Nadie quiere cargar con la responsabilidad de una confrontación violenta en sus espaldas.

La “democracia” norteamericana murió la madrugada del 4 de noviembre. Somos testigos “privilegiados “ de una nueva etapa de la historia. Estén preparados y alertas, amigos míos, pues el mundo que conocimos comienza a quedarse en el pasado.

1125

El día 6 de enero se decidirá el destino de siete estados con votos electorales en pugna. Hay un par de opciones reales que pueden, teóricamente, darle vuelta al probable resultado establecido por el gigantesco fraude. El primero de estos escenarios es la impugnación de los votos oficiales. Se requiere de un senador y de un congresista para retar las certificaciones estatales. Hecho esto, entonces se realizaría una reunión en pleno para decidir qué votos escoger. No hay que ser adivino para intuir desde ahora qué sucederá en ese debate entre los legisladores. Biden será certificado por tirios y troyanos.

La segunda opción contempla apelar a la enmienda 12 de la constitución, que le otorga al vice Pence la protestad de abrir los votos. ¿Qué significa algo así? La mención en la enmienda es vaga y difusa. Algunos especialistas en el tema aseguran que la letra impresa constitucional podría interpretarse como que el vicepresidente Pence tienen la protestad de elegir cuáles votos se pueden escoger, o los oficialistas o los retadores.

Esta enmienda 12 saca del juego tanto al senado como al congreso. Sin embargo, es una interpretación sujeta a debate. Pence probablemente no va a arriesgarse (aunque debiera) a concretar una certificación que podría generar desde asesinatos políticos hasta una guerra civil. Pero aún en el caso de que el vicepresidente se atreviera a tanto, el establishment y las instituciones, amigos míos, no acatarán su decisión, aunque para ello se tenga que sacar del camino a quien se tenga que sacar.

Señores, prepárense para lo peor. La “democracia” norteamericana está muerta desde la madrugada del 4 de noviembre.

1124

¿Hacia dónde nos dirigimos tras el triunfo de los antinacionalismos? Yo creo firmemente que vamos hacia una historia supra ideológica, supra partidista. El futuro pertenece por entero a los autoritarismos tecnológicos. ¿La democracia? Una farsa circense, una ilusión para la plebe, tal y como ya ha ocurrido aquí, en los Estados Unidos. Prepárense para el futuro que os aguarda, camaradas. El ojo inmortal y etéreo de Saurón os vigila a cada paso.

1122

El discurso de la justicia social crítica viene a ser, en tiempos de escasa militancia, el estandarte de vanguardia del neo colectivismo occidental. Anclado en teorías pseudo científicas y arcaicas donde predominan las emociones por encima la razón y de los hechos (tal como ocurre en tantísimos otros debates), ha recibido críticas desde diferentes sectores, por supuesto.

En los Estados Unidos, foro central de discusión de ideas en el mundo, las tendencias desacralizadoras provienen, por un lado, de pensadores conservadores a la usanza de Heather McDonald, integrante del Thomas W. Smith en el Manhattan Institute, y por otro de neocons “inocentes” (y muy anti trumpistas, por cierto) como Helen Pluckrose y Steven Pinker, entre otros. (Pinker es sobre todo un “ilustracionista” de la vieja escuela).

Si hace ya algún tiempo les vaticinaba que la contienda ideológica del futuro de occidente se libraría (por aquello de la neo-neo-modernidad) entre Ezra Klein y Ben Shapiro (me equivoqué de medio a medio, pues Charlie Kirk me parece ahora un referente mucho más preciso y adecuado), casi que me atrevo a asegurarles que la discusión fundamental de los cuatro años venideros, justo antes de la apoteosis de la cuarta revolución industrial, terminará dándose entre aquellos que se agrupan alrededor del Manhattan Institute y esos otros que moran en torno a la revista Areo.

(Luego arribará la más oscura de las censuras, poniéndose fin a la repartidera del pan de piquitos, claro está. Pero eso es algo que todos sabemos o intuimos)

1120

El problema no es simplemente China. Culpar al cerdito bola de nieve orweliano es una salida demasiado simple y demasiado fácil. También es una manera de acrecentar el optimismo fatuo y ramplón, que intenta desechar alegremente nuestras propias miserias y fantasmas. El principal enemigo del excepcionalismo norteamericano es el estatus quo burocrático que ha podrido a lo largo de los años a la nación entera; es la corrupción política inmisericorde y cruel; es el poder soberbio del dinero o el dinero soberbio del poder. Nuestra crisis inmensa trasciende ideologías y partidos, porque la etapa de la inocencia nacional ha muerto con el paso de los años. Señores, el principal enemigo de los Estados Unidos es los Estados Unidos. El principal enemigo de Occidente es Occidente.

1119. Bill Conti y su tema de cierre

Coppola revivió el subgénero de ‘rebeldes sin causa’ a inicios de los años ochenta con un par de formidables piezas, The Outsiders y Rumble Fish, dejando servida la mesa para que otros realizadores, a lo largo del resto de la década, continuaran invocando los apesadumbrados espíritus de Nicholas Ray y Laslo Benedek.

Lo curioso del caso es que 1983, fecha en que el genio de Detroit lanzó aquellas obras, un semi novato Rick Rosenthal casi que se le adelantaba al dirigir un guión de Richard Di Lello, “Bad Boys”, donde gangas de muchachos rebeldes trasladan sus contiendas desde las calles de Chicago hacia los contornos de las prisiones juveniles. La cinta es buena, posee garra y entretiene, además de legarnos excelentes actuaciones de los entonces muy jóvenes Sean Penn, Esai Morales y Clancy Brown. Por cierto, los fantasmas de Di Lello sobrevivirían la narrativa de Rosenthal y parirían a Colors, la muy polémica obra que dirigiera Dennis Hopper en 1988 en un guión adaptado que tomara a la novela de Michael Schiffer como modelo.

Bad Boys, hay que decirlo, contiene más de una escena memorable en su metraje, pero si acaso tuviéramos que apostar por una cualidad imprescindible, tendríamos que decantarnos por la música de Bill Conti y su maravilloso tema de cierre que, a ciencia cierta, marcó toda una era a la usanza del Morricone de los sesenta. Créanme, no es poca cosa.

1118

Veo a una recia opositora cubana avecindada en la isla, posteando en su muro de Facebook (con muchísimo orgullo) un video de un travesti bailando alegremente con una niñita cualquiera encima de una tarima. Nada de malo en ello, pero el tufo a justicia social crítica se huele a millas de distancia. Y así vamos, juntos, unidos, forjando el futuro que todos nos merecemos.

1117

Hace exactamente cinco años, un 23 de diciembre del 2015, garabateaba imbuido de inocencia extrema:

“Una nación capaz de sobrevivir a las administraciones de Franklin Delano Roosevelt, Jimmy Carter y Barack Obama es simplemente una nación indestructible!”

No era cierto. Mi afirmación era apresurada y falsa. Me equivoqué rotundamente. Jamás sobrevivimos a Barack Obama.

1116

¿Existe justificación legal para que el presidente Trump invoque la ley de insurrección de 1807? Según los especialistas serios en el tema, sin dudas. ¡Hey, señores, que se acaban de robar una elección al descaro! Pero… ¿el mandatario echará mano a su prerrogativa legal y movilizará al ejército y la guardia nacional? Es algo escasamente probable. No sólo por la inmensa crisis institucional que esto traería consigo, sino porque las organizaciones militares no apoyarían tal llamado. A Trump se le sacaría del camino de manera violenta y esto serviría como justificación para la persecución ideológica de conservadores y libertarios. Es decir, el ya consabido autoritarismo colectivista del futuro se implantaría de inmediato. Trump lo sabe y no creo que se atreva a jugar una carta tan extremadamente peligrosa.

¿Y qué acerca de la implantación de la ley marcial, una medida aún más extrema y contundente? Señores, sin ejército todas estas invocaciones no son más que una utopía absoluta. Y cuando me refiero a las tropas militares hablo específicamente de generales y cuadros dirigenciales. La podredumbre política de la nación, amigos míos, no se limita a políticos acaudalados o a periodistas corruptos y amorales.

1115

A veces, sólo a veces, las estrellas de cine sirven para algo. Di Caprio redescubrió para Occidente a Stanisław Szukalski, aquel maestro místico, escultor gigante que traía consigo la herencia maldita de Polonia, su Polonia olvidada por el mundo. Un hombre pequeño, simple y algo loco que, como casi todos, solo buscaba trascender.

Su oscuro antisemitismo de la preguerra y el lógico antifascismo posterior, lo revelaban como el contradictorio ser que fue. El zermatismo y la lengua proton, esas vesanias inexplicables que imaginaban a Pascua como la isla matriz de la humanidad entera quizás por sus inmensas estatuas misteriosas, fueron al menos una teoría, un amago valiente de perpetuidad que Szukalski postuló con hidalguía.

Al final, la soledad monstruosa del extravío. “Estoy solo. Soy un patriota sin país”, dijo el viejo escultor antes de morir en Los Ángeles, la Siberia de las artes, según sus propias palabras. Las cenizas luctuosas, esparcidas por amigos entre los soberbios moais del pacífico chileno, aún flotan entre la brisa y la sal del hemisferio Sur, recordándonos imperceptiblemente que la grandeza es esquiva para los hombres orgullosos y altivos.

(Traten de ver el documental Struggle, en Netflix, sobre la vida y obra de Stanisław Szukalski)

1114

Acaba, prácticamente, de aprobarse el segundo paquete de “ayuda” por el Covid-19. Una pantomima horrenda. Un símbolo preclaro de la pesadilla que enfrentamos. América, amigos míos, está podrida. Sus políticos hieden. Sus instituciones no son más que patéticos retablos donde prevalece la ignominia y la fetidez malsana. 

La buena noticia, sin embargo, es que gracias a la votación del “paquetero paquete” en las dos cámaras federales aposentadas en Washington, esas donde moran los parásitos de la nación, podemos determinar el porcentaje exacto de putrefacción que nos aqueja.

Les explico: un total de 510 senadores y congresistas se pronunciaron sobre el panfleto de marras. 451 lo aprobaron y 59 legisladores se opusieron. O lo que es lo mismo, el 88.4 por ciento de nuestra clase política se equipara a gusanos que sobreviven alimentándose de la úlcera corrupta y rancia, que es el lugar donde moramos. 

Las raíces de la gran América apenas si soportan el peso de un pasado glorioso. La ranciedad de sus burócratas soberbios se ha metastizado y amenaza con descomponer, esta vez para siempre, sus vetustos cimientos.

1113

Si algo nos demostró la presidencia de Trump es que para dirigir una nación cualquiera se necesita ser un político marruñero y avezado. El millonario de bienes raíces se aproximó al puesto con una candidez extrema, de niño pequeño e inocente. Confió en quienes no podía confiar, fue dubitativo en situaciones extremas, ofreció su espalda para que lo apuñalearan a mansalva.

Ni un Barr ni un Fauci ni un Christie ni un Jess Sessions (entre tantísimos otros) habrían durado demasiado bajo el mandato de un camaján cualquiera. ¡Que digo durado! ¡Ni siquiera habrían tenido una oportunidad! A Trump lo devoró el sistema y se lo jamaron los “suyos”. Demasiadas vocecillas susurrando en su oído. En vez de poder drenar el pantano, los lodos terminaron por engullirlo a él. ¡De una forma brutal!

Y es que el inicio de toda nueva era necesita de un sacrificio a la vista

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Leo que el equipo legal del presidente Trump acaba de interponer ante la SCOTUS una nueva petición pidiendo revocar un trío de decisiones de la Corte Suprema de Pensilvania. Es el último recurso judicial que va quedando en el tintero. Adivinar cuál será el destino de tal acometida no resulta difícil.

Las evidencias del lado conservador son como si no existieran para funcionarios y jueces. La “democracia” norteamericana firmó en la madrugada del 4 de noviembre su certificado de defunción, con la complicidad de todo y todos.

Muchos esperan que se invoque la ley marcial. Ojalá me equivoque, pero pienso que tal cosa no sucederá. Y es que el “mal ejemplo” del trumpismo, para quienes verdaderamente mandan, necesita ser extirpado de raíz. Y en eso andan políticos, generales e instituciones…

1109. El asesinato del espíritu

One Flew Over the Cuckoo’s Nest es una lectura sobre el poder y los dirigidos desde una perspectiva tan libertaria como naif, lo cual es una misma cosa, por supuesto. Demasiado iluso, el naturalismo “lockeano” cree desmedidamente y sin sentido en la bondad de los hombres. Forman lo intuye, y por eso nos habla de cómo se asesina al espíritu en nombre de la corrección y el orden.

Su discurso también es estoico: el mal es necesario para que exista el bien. Acá, en fin de cuentas, la influencia anárquica del ambiguo R. P. McMurphy refuerza, incluso, el carácter irreal de la historia.

Milos Forman parió una obra monumental y hermosa, que prevalecerá en la memoria de los hombres, siempre que la libertad sea un imperativo idílico de la existencia. Al provenir de una nación donde el comunismo malsano pudrió cada estamento de la vida, supo plasmar el fantasma impenitente de la delación como respuesta ante la pesada sombra del arrepentimiento.

1108

Existe un editorzuelo en nuestro patio, (hombrecillo que se alimenta como sanguijuela hambrienta de los grants del gobierno federal), que ha sostenido durante los últimos años la teoría de que vivimos en un mundo irreal donde unas computadoras gigantes controlan nuestros sentimientos, nuestros sueños y nuestras acciones. (La idea la copió de los hermanos Wachowski y no de Platón ni de Philip K Dick, que el tipo no da para tanto).

Pues bien, nuestro hombrecillo de marras desde el gran fraude hasta estos días se la ha pasado ofreciendo camisas de fuerza a todos quienes desconfían del resultado electoral. Los acusa, nada más y nada menos, que de “conspiranoicos”.