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Los índices de letalidad (número de muertes entre pacientes positivos) del virus respiratorio Covid-19 son ridículamente bajos. Y las características mórbido-clínicas del germen, escasísimas. La inmensa mayoría de mis pacientes contagiados apenas si presentan molestias (a diferencia de una influenza cualquiera que, a quien contamine lo deja desbaratado por unos cuantos días). Los pacientes que presentan mayor peligro son los de siempre, pero… hablamos en realidad de un riesgo bajísimo. Menos de dos personas cada cien contagiados mueren en USA por el Covid-19 (probablemente menos de uno, si tomamos en cuenta los números inflados por las reglas de codificación ICD 10 aprobados a inicios de abril del año pasado). El porcentaje de letalidad exacto es de 1.77. En el resto del mundo las cifras no difieren demasiado y van a depender, sobre todo, del número de pacientes testeados. Mientras más pacientes tomen la prueba (y salgan positivos), menor índice de letalidad, por supuesto.

Por ejemplo, en Canadá el índice de letalidad es de un 2.78 % y en Panamá de 1.68. México, un país que ha testeado poco y mal, muestra los numeritos más altos de letalidad en todo el planeta con un 8.94 %, el cual en realidad debería estar en torno al dos o tres. El tan criticado Brasil de Bolsonaro muestra una cifra bajísima de 2.57 %, Argentina un 2.71, Colombia un 2.68, Perú un 3.72 y Chile un 2.75. Ecuador, con un bajo número de pruebas desarrolladas, y por ende con un bajo nivel de contagiados, marca un inflado rate de 6.76 % y Bolivia, otra nación sudamericana, un falso 6.1 %. En la región del Caribe y Centroamérica Republica Dominicana tiene un paupérrimo porcentaje de letalidad de 1.48 %, Puerto Rico un 2.11, Guatemala un 3.52, Honduras un 2.58 y el Salvador un 2.87.

En la tan golpeada Europa las cifras también son ridículas. Francia tiene un 2.45 % de letalidad, UK un 3.26. Italia un 3.52, España un 2.70, Bélgica 2.98, Suiza y Holanda comparten un 1.50 y Alemania un 1.78 %. En las naciones de la antigua cortina de hierro, Rusia anda por el 1.78 % y Polonia por el 2.12, por ejemplo. Entre los nórdicos, también valores muy poco significativos: Suecia 2.17 %, Dinamarca 0.76, Noruega 0.92 y Finlandia 1.51. El continente australiano anda por el 3.21 % (las pruebas allí son todavía muy escasas) y en Asia la muy atrasada, en términos epidemiológicos, China tiene un valor de 5.33 %, mientras que sus “vecinos” India (1.45), Japón (1.46), Corea Sur (1.40) y Hong Kong (1.59) no sólo testean más, sino que tratan mejor. Sudáfrica, por su parte, anda por el 2.67.

Para culminar, el porcentaje de letalidad registrado a nivel mundial es de 2.17 %. Si, han leído bien. ¡2.17%! Es decir, dos personas cada cien contaminados mueren por el Covid-19. ¿Es este, acaso, ese terrible virus fabricado por malsanos y mortales científicos chinos para poner a Occidente de rodillas? Por supuesto que no. Ha sido la histeria desproporcionada quien nos ha traído hasta aquí. Histeria espontánea y también, claro está, fabricada por gobiernos, magnates e instituciones. ¿La China totalitaria se ha favorecido? Por supuesto. Y los gobiernos occidentales, y las grandes fortunas tecnológicas y los políticos con afanes autoritarios.

La principal vía de propagación del terror, aparte del bochornoso papel que ha jugado la “ciencia” (donde universidades como la John Hopkins han dado cabida a todo tipo de teorías especulativas e infundadas), aparte de instituciones (el propio CDC y el departamento de salud norteamericano con sus guías de codificación que solo buscan inflar las cifras de fallecidos), aparte de gobiernos y políticos (con el establecimiento horrendo e insensible de cuarentenas inútiles y letales) la principal vía de propagación del terror ha sido, como les iba diciendo, la manera en que se expone al público la incidencia de la enfermedad. Siempre se habla de casos positivos y no de porcentajes de muertes. ¿Por qué? Porque las bajísimas cifras de letalidad no provocan incertidumbre y miedo. Es más “beneficioso” hablar de 70 mil contaminados que de un 2 % de pacientes positivos fallecidos. Aunque de esos 70 mil sólo lleguen a desarrollar síntomas notables un 10 por ciento de los afectados.

Hemos llegado al punto más bajo de la evidencia empírica de los últimos dos siglos, al menos. De nada parecen haber servido décadas de desarrollo científico en todas las áreas, incluyendo la epidemiología y la infectología. Vivimos en sociedades feminizadas, tal y como ha afirmado la gran Heather McDonald. Nos hemos arrodillado, por vagancia y temor, ante estados y gobiernos. Hemos vendido nuestras libertades individuales… y de paso, hemos apresurado el inicio de una nueva era, terrible y despiadada, donde más que nunca seremos simples y vulgares peones de un tablero cualquiera. Luego no digan que no les advertimos. (Las opiniones de un sinfín de científicos, profesionales, universidades no han sido tomadas en cuenta por no cumplir con el discurso oficialista “global. Incluso, la más terrible de las censuras se ha impuesto. Vivimos tiempos oscuros… muy oscuros, amigos míos)

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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