1234

El destino de Cuba está marcado. El globalismo del futuro luminoso también se la jamó con papas. Veremos los resultados, casi con seguridad, muy pronto. No en balde Arenas, como bien me recuerda el maestro Alejandro Gonzalez Acosta, se adelantó a todos asegurando que los cubanos veníamos del futuro. ¡Hoy sabemos cuánta razón tenía!

1233

Acabo de ver un debate entre los politólogos Agustin Laje y Gloria Álvarez sobre el tema específico del aborto. Y confirmo lo que pensaba desde hace años: la señora Álvarez, en términos ideológicos clásicos, se halla más cerca de la socialdemocracia de izquierdas de lo que ella misma cree. Su feminismo, por cierto, apesta a justicia social crítica.

1232

La cultura de la cancelación avanza a paso raudo. Todo aquel que no comulgue con el pensamiento único de un “futuro luminoso” (donde seremos felices sin atesorar pertenencias) es señalado, censurado, castigado. La prensa, las estrellas de cine, los dueños de equipos deportivos, los grandes conglomerados de negocios, los moguls de Silicon Valley, son los encargados de vigilarnos a la usanza de Saurón. Los intelectuales orgánicos de la nueva religión se ocupan de validar la nueva entelequia pseudo científica que rige cada estamento de nuestras vidas.

El retorno de la edad media ha llegado para quedarse, con edictos condenatorios y legiones de entusiastas y dedicados inquisidores incluidos. Los encontramos por doquier, haciendo regir la nueva moralidad orweliana. Señores, sigan pensando que el chicharrón es carne y se encontrarán con la sorpresa que el bueno de Bill Gates les tiene reservada. Mientras tanto, disfruten. Lo necesitarán encarecidamente…

1231

Muchos de aquellos que diseminaron noticias falsas y tremebundas y que engañaron a muchísima gente incauta durante el período post electoral en aras de obtener “likes” (aseguraban que todo se trataba de un plan del presidente Trump para pillar a los traidores), ahora andan dándose golpes de pecho e ignorando su pasado vergonzoso. Incluso se congratulan de que otros hayan vuelto al camino de la cordura y el pragmatismo. ¡Hay que tener la cara dura!

1229

El castrismo ha calado tan profundamente en el imaginario criollo, que la principal ofensa que se le puede espetar a cualquier contertulio en un debate es decirle precisamente “¡castrista!”

Claro, no soy inocente en absoluto. Tampoco seré yo quien venga a enarbolar la bandera del “buenismo” excusando a unos y otros. Y es que una cosa es cierta: casi siempre alguno de los involucrados posee realmente un corazoncillo castrista.

Y no me refiero a la naturaleza autoritaria que pueda animar a estos especímenes de que les hablo. Me refiero a la ideología que los atosiga y los corroe, la del colectivismo a ultranza, la de la hipocresía del “mejoramiento humano”, la de la igualdad a toda costa.

Y es que no se puede ser anticastrista recelando del individualismo y de la libertad. Es tan simple como eso. (Las medias tintas tampoco valen).

1228

El tipo que pone en su muro “Yo soy Yotuel”, por regla general es el mismo que te comparte un pseudopoemilla cheo de ese bodrio folletinesco que es Alexis Valdés, o el que se refiere como “nosotres” o “elles” a un grupo cualquiera de personas. Y eso sí, casi todos, sin excepción, te hablan de “bloqueo” y no de “embargo”. Y si por una de esas cosas de la vida te mencionan la segunda palabra, invariablemente va ligada a la fracesilla “es causa del sufrimiento del pueblo cubano…”.

Vamos, mascarita, que te conozco!

1227. La cité des enfants perdus

Jeunet está loco; es fácil sospecharlo. Desde su “Delicatessen” comprendimos que las malas juntas con su compatriota Marc Caro parirían obras estrambóticas y alucinantes. “La cité des enfants perdus” (1995) es el ejemplo perfecto. Dentro del imaginario distópico del filme, donde las almas de los niños son robadas en aras de un “bien mayor”, hay espacio para el ojo sauroriano del Grand Frère, mezcla perfecta de Tolkien y de Orwell. Aquí los cíclopes podridos son la continuación teórica y estética de los troglodytes del París postapocalíptico; los niños, el remanente de la resistencia al mal (que no se concibe a sí mismo de tal forma); los escasos héroes, lunáticos o sobrevivientes. Lástima que la genialidad visual (a la usanza de Terry Gillian) se resienta tras el relajo con que se concibe la historia: si sobrepasas la primera media hora de la pieza, entonces ya no podrás nunca pretender que la ignoras. Y es que Jeunet y Caro crean, a pesar de sus defectos, obras imperecederas y soberbias.

1226. High Noon

High Noon (1952) nació a la sombra del mayor encontronazo cultural que ha conocido la historia de la unión: el macartismo. Y su discurso, más allá de lo que podamos interpretar, se encuentra a la diestra de Kubrick y no a la siniestra de Carl Foreman. Por cierto, esa larga escena filmada por Zinnemann que antecede a la llegada del tren con el villano Frank Miller a bordo, al pueblo cobarde de Hadleyville, es una obra maestra de la narrativa. ¿Qué más se puede pedir? No mucho.

1224

Entramos en una nueva era donde las ideologías tradicionales de la post ilustración tienen menos peso y donde el “futuro común“ viene de la mano de los grandes empresarios y no de los comisarios políticos. Saber atisbar esta nueva realidad es vital para poder comprender lo que se viene.

1223

Yo tengo la impresión, desde hace rato, de que Cuba es parte de la nueva ecuación futura. La reacción histérica del castrismo en relación al Covid-19 así lo demuestra. (Jutío macho no chilla).

Creo firmemente que esta “nueva disidencia” gobernará la isla, en contubernio con los que hoy están, muy pero que muy pronto. Ya veremos.

1222. Delicatessen

Hay algo dalístico en las cintas de Jeunet. Y es que toda aproximación artística o teórica al apocalipsis o a la muerte no deja de ser surreal, de ahí que el humor negro se acomode tan bien a la estética del fin del mundo. En este acápite Jean-Pierre Jeunet es un maestro. “Delicatessen” (1991), su ópera prima, lo refrenda. No en balde Alan Parker fue un entusiasta fan durante el estreno de la pieza y el excelso Terry Gillian la presentó personalmente en América.

En un vetusto edificio de una París moribunda, los despojos de la existencia de alguna vida pasada se alimentan de otros despojos, igual de miserables. La estética jeunetiana, reconocible a diez mundos de distancia, no sólo capta los colores brillantes del impresionismo del fin sino que, también, se regodea en los sonidos de la existencia. ¡Es grande Jeunet, qué duda cabe! Un Claude Monet, un Pierre-Auguste Renoir, un Édouard Manet…

Sin embargo, es necesario reconocer que la estrella de Jeunet fue más luminosa al lado de Marc Caro, con quien no sólo filmó esta Delicatessen amarga y divertida, sino también aquella “La cité des enfants perdus” que tanto diera que hablar antes del nuevo siglo. Tras la separación artística, ya casi nada sería igual. Aún así, al realizador galo le adeudamos varias horas de entretenimiento y emoción. Y esta “Delicatessen” es, en buena medida, responsable de tal cosa.

1220

Intuimos todos hacia donde se dirige el mundo que conocemos. Las señales son claras y la masa obedece. El presidente ilegítimo habla de usar máscaras, al menos, hasta el 2022, y afirma que “con suerte” el virus desaparecerá hacia esa fecha. Y hoy dan la “noticia” de que un tipo vacunado con las dos dosis (de Pfizer?) acaba de dar positivo al Covid-19.

Jajajajajaja… permítanme carcajearme.

(Al menos me queda la satisfacción de siempre haber dudado y advertido… de siempre haber estado al lado de la ciencia y del sentido común)

1219

En tiempos de absoluta mediocridad creativa, “The Dig” (2021) es una especie de consuelo. El filme de Simon Stone, que parte de la máxima de que “excavamos para conocer a los muertos”, no es más que una aproximación delicada y sensible al afán de los hombres por prevalecer y ser eternos. Ralph Fiennes, subvalorado pero excelso, y la muy talentosa Carey Mulligan, son la dupla que, a la usanza de Minghella, ponen el rostro de la Inglaterra que sobrevive al pre apocalipsis de la guerra, sin caer en la modernidad reaccionaria del nuevo discurso cultural que se cocina a estas alturas del siglo XXI. Demos un “hurra” a la adaptación de la novela de John Preston por parte de la experimentada Buffini. Lo merece.

1218

¿El índice de letalidad del Covid al día de hoy en los Estados Unidos?

1.75 %.

¿Que qué quiere decir esto?

Que de cada cien personas contaminadas, mueren ampliamente menos de dos. ¡Menos de dos!

Espero que comprendan (se los repito una vez más) que han vendido sus libertades por cobardes y, sobre todo, por ignorantes.No vengan ahora quejándose de que si el mundo ha cambiado, de que si los poderosos, de que si bla bla bla…

Shut up y enfréntenlo.¡Se lo merecen con creces!

1217

Escrito el 14 de febrero del 2014:

Uno de los argumentos más utilizados a favor del levantamiento del embargo, es que el castrismo se ha aprovechado de este para justificar sus limitaciones y para victimizarse ante la comunidad internacional. Hay algo de cierto en ello, pero lo que no entienden los apologistas del “cambio” es que el régimen de La Habana no hizo más que aprovechar lo que ya estaba allí, lo inevitable, para intentar sacar provecho.

Si le dieran a escoger a la dictadura entre tener o no tener el embargo, escogerían sin dudas la segunda opción, a diferencia de lo que muchos “cubanólogos” repiten constantemente Y la razón es simple, el régimen necesita tener acceso a créditos para poder obtener lo que les plazca en los mercados internacionales. Eso es un hecho. Eliminar el embargo reforzaría aún más a los hermanos Castro.

No es el pseudo bloqueo el que ha generado esa vergonzosa solidaridad del mundo entero con los criminales que rigen los destinos de la isla; ha sido el antiamericanismo, ese sentimiento “universal” al que Jean Francois Revel aludió con tanta maestría. Es decir, el socialismo cubano es también un producto de los prejuicios de los otros hacia el modelo político estadounidense. Son los Castro, a no dudarlo, consecuencia del odio y de la envidia de los otros.

Alegar por la desaparición del embargo es amoral. No debe ni puede aspirarse a la justicia en Cuba exigiendo que se le hagan concesiones al castrismo, mucho menos permitiéndoles el acceso sin límites a los mercados. ¿Y qué hay del espíritu original del embargo? ¿Qué de las confiscaciones y los robos? Pero son los tiempos de Barack Obama. No puede pedirse mucho más a una administración que parece estar haciendo hasta lo imposible para que la dictadura de la isla sea percibida como una nación común y corriente. En esa estamos…