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Mi opinión profesional, desde un principio, ha sido que el uso obligatorio de la mascarilla no sólo es anticientífico, sino que es autoritario e impositivo. El objetivo no puede ser otro que el de suprimir las libertades individuales, el de rasarnos a todos para prepararnos para el “futuro luminoso”. La máscara, en fin de cuentas, al igual que la censura o el fraude, sería por nuestro bien y debemos estar agradecidos.

El tiempo ha pasado y me ha dado, a pesar de todo, la razón. Que las personas que han recibido la vacuna tengan que seguir comportándose como propagadores potenciales de la “muerte y el horror”, no es más que la constatación práctica de que el virus es lo menos importante. Lo verdaderamente significativo y trascendental es aprender a ser acarreados por el omnipotente padre Estado. Y el resto es bobería, Sarría.

Sigan, sigan pensando que el chicharrón es carne…

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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