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El castrismo ha calado tan profundamente en el imaginario criollo, que la principal ofensa que se le puede espetar a cualquier contertulio en un debate es decirle precisamente “¡castrista!”

Claro, no soy inocente en absoluto. Tampoco seré yo quien venga a enarbolar la bandera del “buenismo” excusando a unos y otros. Y es que una cosa es cierta: casi siempre alguno de los involucrados posee realmente un corazoncillo castrista.

Y no me refiero a la naturaleza autoritaria que pueda animar a estos especímenes de que les hablo. Me refiero a la ideología que los atosiga y los corroe, la del colectivismo a ultranza, la de la hipocresía del “mejoramiento humano”, la de la igualdad a toda costa.

Y es que no se puede ser anticastrista recelando del individualismo y de la libertad. Es tan simple como eso. (Las medias tintas tampoco valen).

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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