1274

Esta mañana, aquí en el Urgent Care, una paciente le hizo un escándalo tremendo a una enfermera por no tener mascarilla. La histérica estaba en el lobby y la enfermera en el front desk, vacunada y a más de 10 pies de distancia de cualquier otra persona. Que clase de oscuridad vivimos! La apoteosis de la desidia y de la chivatería!

Toda esta mierda del último año: Covid, fraude electoral, nos ha desvirgado a todos. Mi escepticismo es enorme. La democracia realmente es inoperante, a estas alturas. Eso está claro.

Adonde hemos llegado es un abismo tan profundo, que no hay estrategia política (que no traiga consigo toneladas de sangre) que la resuelva. La pantomima del ejercicio de la democracia, en estos tiempos, no es más que una farsa para tontos.

1273

Esta mañana, antes de ver a mi primer paciente, me tropiezo con la noticia de que la American Academy of Pediatrics va a pelear contra las decisiones estatales de no tratar hormonalmente a niños que se identifiquen como trans.

Es decir, la cabeza burocrática de la especialidad considera que los niños poseen la capacidad cognitiva para retar a la biología desde edades tempranas.

Antes la medicina solía ser conservadora. Qué coño ha pasado? Algo muy simple, y es que el predominio de el “progresismo “ ha terminado también por alcanzar a las ciencias. Vivimos en el abismo… experimentamos la apoteosis del oscurantismo. Sólo el ejercicio de la violencia más terrible puede amainar tanta desidia.

1272

HANG ‘EM HIGH (1968) fue el primer western típico de Eastwood en USA tras la triada con Leone. Y digo típico, porque el Coogan’s Bluff de Don Siegel es una especie de policiaco-western urbano basado en la historia escrita por Herman Miller, un guionista que había colaborado en Rawhide, serie que Eastwood había estelarizado antes de su etapa europea.

Hang’Em High es una cinta escrita a dos manos por Leonard Freeman y Mel Goldberg, y dirigida por Ted Post, un tipo que hasta ese entonces se había pasado 20 años de su vida produciendo series de televisión. La obra cuenta una historia con personajes hiper realísticos, caracterizándose por un sólido trabajo escenográfico y magníficas actuaciones, todo dentro de un marco estético altamente deudor del western de la década anterior. Ted Post, buen artesano, era amigo personal de Eastwood, por cierto.

Dicen que el filme intenta indagar en la figura histórica de Issac Parker, a quien se le conocía como “el juez ahorcador”, por no tener contemplaciones con aquellos que violaban la ley. De ser así, habría que reconocer que la aproximación al personaje de marras (interpretado por el ya veterano en aquel entonces Pat Hingle) resulta sumamente interesante e, incluso, compleja, según los estándares del género y de la época.

La película de Post, además, viene con la curiosidad histórica de contar con un irreconocible y muy joven Bruce Dern y con un talentosísimo y magnético Dennis Hooper (justo antes de Easy Rider), que con cinco minutos en pantalla se roba prácticamente buena parte del show.

La cinta es buena y entretenida, pero posee sus falencias, claro está. Lo peor es, sin dudas, su ritmo impreciso en escenas importantes. Sin embargo, el trabajo de época es tan minucioso y realista que cualquier flaqueza se disminuye con el resultado final. Para los amantes del género, es esta una pieza obligada no sólo por su solidez y sus curiosidades cinéfilas, sino porque constituye parte del nuevo western norteamericano que sucedería a lo tan brillantemente cocinado en Europa por Leone y seguidores. No se la pierdan.

Diario sobre mi padre 3

Anoche volví a soñar con mi padre. Fue un gran alivio, porque a pesar de estar muerto, podíamos comunicarnos. Yo vivía en una casa grande, vieja, irreconocible, oscura. Fueron a visitarme dos antiguos amigos de Cuba, los hermanos Gilberto y Vladimir Caballero. Conversábamos alrededor de una mesa, parados, junto a otras personas que ahora mismo no recuerdo. Mi viejo estaba entre nosotros, sonriendo, hablando. Yo estaba muy feliz porque comprobaba de esa forma que existía otra vida y que su muerte no había sido definitiva. Nadie más lo veía, sólo yo, pero el resto lo intuía… hasta el final de la conversación en que mi padre, de manera absolutamente inusual en él, agarró a Gilberto caballero de su moña y lo sacudió hacia un lado y otro como para que nosotros supiéramos que su aparición era real. Vladimir y yo y el resto reíamos a carcajadas.

Ya hacia el final de la noche una pesadilla volvió a mostrar a mi padre enfermo. Para entonces vivíamos en el tope de una inmensa ciudad, en las alturas, en una especie de casucha de papel. Mi padre yacía en una camilla, le había dado un accidente vascular encefálico y estaba molesto porque no podía comunicarse… un helicóptero vino a trasladarlo hacia algún lugar…

Y es curioso, porque soñar a mi padre airado responde a esos tres o cuatro últimos días de su vida, cuando batallaba contra la muerte. El viejo, siempre fue, a lo largo de su prolongada vida, un hombre dulce y afectuoso que jamás se molestaba por cosa alguna. Pero la imagen de esa última semana aún me tortura y me angustia. Quizás tampoco pueda dejar de sentirme culpable por el hecho de saber que mi padre moriría aquí, sin jamás poder regresar con vida a Matanzas, esa ciudad espectral. Se lo oculté… le di vanas esperanzas… no quería que sufriera en vida, aunque morir de un linfoma agonizando los últimos días es ya de por sí, sufrir…

1271

El ethical standard que se utiliza en la medicina norteamericana actual se basa en la premisa de que el paciente es quien determina qué es lo mejor para su seguridad. Esa regla de oro se ha violado consecutivamente desde marzo del año pasado, a raíz del affaire Covid-19. Las libertades individuales se han pasado a llevar. (Y a casi nadie le importa)

1270

Yasmina Reza adaptó especialmente para Polanski su obra Le Dieu du Carnage, manteniendo así el espíritu teatral original que hizo de Carnage (2011) una sólida pieza oral, donde el peso dramático recae completamente en los actores. El filme, por cierto, resulta incómodo para cierta progresía petulante y sin sentido del humor que no tolera burlas ni festejos.

Polanski explora en esta Carnage todas las fronteras de la clase media, desde sus bordes más altos hasta los más bajos, por mediación del arquetipo clásico del adinerado versus el pobre, pero adornándolo de esos matices que son los que realmente le otorgan complejidad a la existencia. En la relación entre los personajes, dos matrimonios que se reúnen a discutir sobre un hecho que involucró a sus hijos, Polanski se pasea con agudeza por los intríngulis de la naturaleza humana, plasmando a lo largo del metraje reacciones que van desde la complicidad de género hasta la impertinencia y el dolor.

La Penelope de Jodie Foster es una ultraliberal culturosa, absolutamente colectivista, que aboga por la paz y por las causas típicas de la izquierda, pero que en realidad es rencorosa y vengativa, histérica y obcecada. El Michael de John C. Reilly, marido de Penelope, es un trabajador manual simple y transparente, jovial, un “seso hueco” que no se tortura demasiado la existencia con disquisiciones políticas o filosóficas. Su alianza con Penelope está basada en la sumisión.

El Allan Cowan de Christoph Waltz es un abogado egoísta y trabajólico, pero extremadamente pragmático y escéptico. Su visión sobre la vida es conservadora, primando el sentido común. Su esposa Nancy, interpretada por la magnífica Kate Winslet es fina, mediadora, apaciguadora en un comienzo, para luego desnudar su naturaleza brutalmente honesta.

Polanski, en resumen, termina construyendo una pieza redonda basada en la fuerza de sus personajes, donde el drama y el humor van de la mano, regalándonos la más despiadada crítica que yo recuerde del nuevo liberalismo occidental, ese que ya rige con puño de acero en las sociedades desarrolladas, teoría de justicia social crítica por medio.

1269

BRICK (2005) es un filme noir ubicado en el improbable espacio de una High School en vez de las callejuelas del barrio chino de San Francisco, a la usanza de Polanski. Y por Marlowe… un chico duro con espejuelos para la miopía.

La historia de Rian Johnson, un tipo que dirigió algunos capítulos en Breaking Bad y que estuvo al frente de la muy interesante Loop y de la manipuladora y demagógica Knives Out (alguna vez nuestro Néstor Díaz de Villegas le dedicó una airada crítica a la película de marras), está contada desde una perspectiva muy interesante, con un manejo del tiempo algo inusual, pero efectivo.

Sin embargo, la categoría de “paquete” conceptual o de “guayaba” argumentativa no hay quien se la quite a Brick. El filme no es creíble, por mucho entusiasmo que le echemos, por mucho que reconozcamos su exaltación a Chandler y a Hammett y a Mallahan Cain. ¿Por qué? Porque es como si fuéramos testigos de una obra de niños jugando a ser hombres, tipos rudos, bebiendo jugo de manzana en casa de mamá en vez de whisky en el bar de mala muerte de la esquina.

Por cierto, la pieza está construida en base al Red Harvest de Dashiel Hammett, como muchísimos otros filmes, pero ni siquiera se acerca a la altura del Yojimbo de Kurosawa o del A Fistful of Dollars de Leone, por supuesto… En todo caso, el esfuerzo de Johnson es loable y se agradece.

Diario sobre mi padre 2

He vuelto a soñar con mi padre. Se ha convertido en algo usual. Estaba enfermo, como ya es costumbre en las últimas noches. Pero yo estaba feliz de que se mantuviera con vida. Sin embargo, ay, moriría nuevamente antes del amanecer. Hoy se cumple exactamente un mes de su partida. A las 9: 10 PM, exactamente. Hoy regresa mi madre de Cape Coral…

1268

El editor investigativo en jefe de la muy prestigiosa revista médica JAMA (nada que ver con nuestro Pánfilo de inicios de siglo), doctor Edward H. Livingston, ha sido suspendido de sus funciones debido a que hizo comentarios donde criticaba la cultura de cancelación y ponía en duda la existencia de un “racismo sistémico “ que muchos pretenden imponernos como una verdad absoluta. Es decir, el Dr. Livingston ha sido vetado, censurado, crucificado por expresar una opinión personal. Llámele comunismo, fascismo, nazismo o como le dé la gana, pero lo cierto es que vivimos los tiempos más oscuros e inquietantes de la última centuria (y más, pues es el enemigo de las libertades jamás fue tan poderoso).En resumen… sigan en babia soñando con que el chicharrón es carne!

1267

En 1952, durante la apoteosis del western clásico norteamericano, la compañía de producción de John Wayne, Batjac, compró los derechos de autor del cuento “The Gift of Cochise” de Louis L’Amour y puso a James Edward Grant a escribir la adaptación cinematográfica para que la dirigiera el muy prolífico John Farrow. La filmación se alargó más de lo pensado y Farrow tuvo que dejar la producción, ya que estaba obligado por contrato a dirigir otra película. Fue entonces que John Ford se hizo cargo de la gran batalla final entre vaqueros e indios, lo que se tradujo en diez minutos de portentosa violencia, donde los carromatos de los granjeros, apoyados por una minúscula porción de la caballería del ejército, se desplazaban en círculos para resistir las embestidas apaches.

Hondo (1953) atesora todos los clichés posibles del cine de la posguerra, eso es cierto, pero no puede acusársele de ser una pieza simplista, y mucho menos maniquea. No encontraremos orfandad de matices en ella. Todo lo contrario, predomina el más profundo pragmatismo… Pragmatismo sajón en una época en que haber apachurrado al perdedor habría resultado fácil. Farrow ensaya una aproximación compasiva y, al mismo tiempo, fiera hacia los indios apaches. El tratamiento de las relaciones entre nativos guerreros y colonos avecindados en “territorio hostil” posee tantas capas como la cebolla morada con que aderezamos la ensalada del almuerzo.

Aquí encontramos a John Wayne en su salsa como tipo duro de corazón generoso destinado a salvar a la viuda de turno, la sorprendente Geraldine Page, actriz de Broadway formada en el “método” de Lee Strasberg, y a innumerables secundarios y extras que se ganaron el pan decentemente dando vida a una obra que aún se mantiene fresca y vigorosa y a la que no pocos mencionan como una de las piezas emblemáticas del Oeste clásico norteamericano, ése que luego caería abatido (pero que al mismo tiempo sería redimido) por la desmesura, el talento y la gracia de un tal Sergio Leone y el paradigma del western espagueti.

1266

A la isla… de lejos. De hecho, creo que la imposición del neocastrismo es sólo cosa de tiempo. ¿Que qué cosa es el “neocastrismo”? Pues… la ilusión de una democracia occidental con Tania Bruguera de ministra de cultura, Otero Alcántara de vocero en la ONU y el Cangrejo de ministro del trabajo…

1265

Una de las hipótesis primarias derivadas del campo médico que ayudaron a acrecentar el terror pro Covid-19 y que, por ende, generaron las cuarentenas alrededor del mundo, provinieron de un estudio realizado en Italia que aseguraba que el síndrome de distress respiratorio causado por el virus era fisiológicamente diferente al de otros gérmenes y que por ello se requería de una intubación temprana para evitar grandes cambios de presión transpulmonar. Esto porque, según los investigadores, el Covid causaba una anomalía significativa en el intercambio de gases sin el efecto típico sobre la elastancia.

Sin embargo, Tobin, Slutsky y Ferguson demostraron el pasado noviembre que el síndrome de distress respiratorio causado por el Covid no difiere de las lesiones pulmonares relacionadas a otras causas infecciosas. Dos estudios más recientes, uno prospectivo y otro retrospectivo, mostraron también que el ARDS causado por el Covid es fisiológicamente idéntico al de otros virus tradicionales. Es decir, el excepcionalismo del Covid siempre se trató de una gran farsa, avalada por instituciones y burócratas.

1264

Buena parte del discurso “científico” sobre el Covid-19, destinado a causar terror (no puede decirse de otra forma) estaba basado en casos falsamente reportados de DIC (recordemos aquel actor al que se le amputó una pierna) y en “estudios” previos que mostraban una incidencia de accidentes vasculares isquémicos (trombóticos) de hasta un 2 %. Pues bien, los hallazgos de una amplísima investigación desarrollada por el American Heart Association’s, donde se estudiaron los casos de más de 20 mil pacientes hospitalizados y positivos al Covid-19, mostraron que el índice real de casos relacionados a accidentes vasculares trombóticos es de un 0.75 % (diferencia tres veces inferior a las cifras previamente reportadas) y que “los pacientes que sufrieron un accidente cerebrovascular también fueron más propensos a tener comorbilidades que se sabe que aumentan el riesgo, como hipertensión, fibrilación auricular, diabetes y antecedentes de accidente cerebrovascular”.

Y aunque la conclusión del estudio trata de seguir creando alarma exagerada, lo cierto es que cualquiera de los pacientes que sufrieron estos cuadros de trombosis y que se enmarcan en el 0.75 % de afectados, habrían seguido igual decursar debido a sus patologías crónicas de base, o lo que es lo mismo: un hombre de 70 años, diabético y con fibrilación auricular, va a sufrir una isquemia cerebral o periférica o un tromboembolismo pulmonar estando hospitalizado por Covid positivo o jugando con su nieto en el parque del barrio. Aún no entienden cómo se distorcionan los hechos empíricos? Amigos, vivimos tiempos muy oscuros… vivimos la apoteosis de la pseudo ciencia…

1262

Cuando Earl of Sussex entrega el anillo del reino a Elizabeth y grita a voz en cuello, en medio de la campiña inglesa: “La Reina ha muerto. Larga vida a la reina”, no podemos hacer otra cosa que estremecernos. Por la historia, por el pasado, por el futuro que aún no llega pero que se repetirá de alguna forma, tal y como siempre lo previeron los sabios griegos.

El cisma religioso en la Europa de la edad media terminó impulsando al mundo hacia una nueva era de tradiciones y grandezas. Elizabeth, reina de Inglaterra, ha sido uno de los bastiones de la modernidad. ¿Qué dirían las feministas peludas de estos tiempos? Y sí, la guerra también fue necesaria y los ríos teñidos de sangre, las conjuras y traiciones, los desaciertos y temores.

El reinado no era un capricho singular. El cuerpo de la soberana pertenecía al Estado. De hecho, los debates entre la Elizabeth y el claustro de los representantes de la fe no fue otra cosa que el antecedente directo de la manera de hacer política en los salones del parlamento inglés. Y es que la democracia, esa tan subestimada virtud de las naciones no ha dejado nunca de ser una pantomima, una representación teatral poco seria y juiciosa con que tupir a las masas.

El reino de Elizabeth representaba al nacionalismo inglés, en franco desafío a la Europa católica que ya se había tragado todo a lo largo de los siglos. A la imposibilidad práctica de sobrevivir ante la intriga y el poder absoluto, la realidad amarga del contrataque feroz. Pero no hay nobleza en la narración de Shekar Kapur. Por el contrario, hay estoicismo y sacrificio en Elizabeth (1998). También hay un dolor inmenso, que no es más que compasión y tristeza del realizador hacia su reina, hacia su majestad solitaria e impía. De allí que Blanchett, en la escena final, como una mujer kabuki, avanza pálida y escasamente atractiva hacia la historia perenne. Y es que la permanencia requiere de inmensos sacrificios.

Geoffrey Rush, brillante como la mano implacable de la venganza horrenda. La inmensa Cate Blanchett como la reina apasionada y sabia. El magnífico guión de Michael Hirst, un escritor enamorado de la historia, haciéndonos escuchar aquella frase de Sir Francis Walsingham cuando le dice al traidor Duque de Norfolk “La muerte no tiene títulos” … Hay mucho de sabiduría en esta pieza atemporal de Kapur. Nos toca a nosotros, testigos insolentes, apreciarla.

Diario sobre mi padre 1

Hoy recogí las cenizas de mi padre… 24 días después de su muerte. Funeraria La Paz en la Pequeña Habana. Llegué al lugar y el trámite fue rápido. Firmé algunos papeles y me entrgaron una caja que contenía dentro una urna. De regreso al auto, en el estacionamiento, abracé al cartón como si fuera mi viejo. Recordé cuando en su lecho de muerte, aquel 27 de febrero, horas antes del fin, lo apretujara con dolor y amor.

Aún ni me atrevo a escribir sobre estos tiempos. La tristeza ha sido horrenda, interminable, brutal. Veo a mi padre en todas partes. Le hablo en ocasiones… Coloqué el ánfora encima del mueblecito blanco que ahora está en el closet transitorio de mi madre. Allí descansan sus antiguos restos. ¡Cuánto dolor!

1261

La historia de la creación de “In Cold Blood”, aquella novela periodística majestuosa de Truman Capote es parte del discurso mítico del excepcionalismo literario norteamericano (ahora finiquitado). En el nefasto año de 1959, Richard Hickock y Perry Smith asesinaron a sangre fría a la familia Clutter, en el pueblecillo de Holcomb, Kansas, para robarles cincuenta dólares. Capote se encargaría de investigar el trasfondo de los hechos, creando una especie de cercanía “inquietante” con el asesino Smith, hecho que pertenece desde entonces a la mitología intelectual de Norteamérica.

Entre los varios filmes realizados sobre el tema, “Capote” (2005) la ópera prima de Bennet Miller, ostenta un buen guión, un aceptable ritmo y, sobre todo, soberbias actuaciones, lidereadas por el muy talentoso Philip Seymour Hoffman, que luego de una larga carrera de quince años haciendo secundarios, con esta pieza le declararía al mundo que era un profesional soberbio, uno de los más serios y notables representantes actorales de su generación, un tipo que todo lo que tocaba lo convertía en oro. Maravillas posteriores como “Before the Devil Knows You’re Dead”, “Pirate Radio” y “The Master” así lo atestiguan. Lástima que aquel febrero del 2014 se matara, a los 46 años, con una sobredosis letal.

1260

Dice el senador Rand Paul:

“Estaba en la cinta trotadora el otro día y una Karen cualquiera va y le dice a la gente ‘Él está en una cinta; él está corriendo sin máscara”… ¿Es este el mundo en el que vamos a vivir, donde todo el mundo denuncia a todo el mundo y la Gestapo va a venir a arrestarte?”

Y yo le respondo al senador Paul: No, no es el mundo donde vamos a vivir. Es el mundo en el que ya vivimos.

1257

Recuerdo pocas obras tan majestuosas como The Royal Tenenbaums (2001). Si acaso un puñado. Y es que Wes Anderson posee una imaginación sin límites. Sus personajes se desbordan, no conocen fronteras, hacen de lo quimérico una realidad probable. ¿Acaso es eso poca cosa?

El filme cuenta la historia de un hombre, repleto de defectos, empeñado en recuperar el amor de su familia. Una familia sui generis, por cierto, fruto del humor sensible y, al mismo tiempo, desproporcionado de Anderson. Y he de decirles que aquella primera etapa, escribiendo historias a dos manos con Owen Wilson es, en mi opinión, su período más brillante. “Bootle Rocket”, “Rushmore” y esta propia “The Royal Tenenbaums” son las obras maravillosas de este ciclo.

El absurdo factible, la posibilidad real de reírse a carcajadas y llorar de dolor al mismo tiempo, el emocionarse hasta los huesos, todo en un mismo paquete, sólo puede ser la consecución de un talento sin par. Anderson, que no les quepan dudas, lo es. Poseedor de un estilo inconfundible, de una capacidad de escudriñar y de exprimir al máximo cada retazo de historia, de dirigir a los actores como nadie, Wes Anderson quedará en la historia del arte como uno de los más grandes exponentes del genio creativo en lo que va de siglo. (Por cierto, Gene Hackman con peluca de cabello lacio es una especie de reencarnación de Harvey Keitel pero con mucho más talento, si es que tal cosa es posible).

Post Data: Tipos como Wes Anderson, Jeunet y el propio Terry Gillian pertenecen a una cofradía especial de maestros soberbios. Han sido responsables, en gran medida, de cambiar las reglas de juego de cómo hacer buen cine.