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El gran mérito de González Iñárritu en The Revenant, consiste en mantener y acrecentar la tensión por medio de una cámara subjetiva que se arrastra, como reptil, cuasi a ras del suelo. Eso, y las largas secuencias montadas en escasos planos, le dan el tono a una cinta que quiere ser brutal y seca y escabrosa, y que a ratos lo logra. The Revenant no es más que la historia de una venganza, simple, lineal, sin ardides ni hojarascas. Y es esa misma simpleza la que la despoja de lecturas complejas sobre la existencia misma. Personajes vacuos y superficiales, conflictos burdos e imprecisos, ayudan a desdibujar la historia. Esta vez, hay que concedérselo a Iñárritu, el pragmatismo se impone.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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