1416

Mientras manejo hacia y desde el trabajo cada día de la semana, en vez de perder mi tiempo escuchando noticias y desinformaciones, me dedico a revisar música. Las últimas dos semanas repasé toda la obra, de pé a pá, de la banda femenina sueca Thundermother (es muy buena!) y de los veteranos Tygers of the Pan Tang. Este lunes empecé con The Allman Brothers, probablemente la troupé más “bluesera” (y jazzista, y progresive, y country, y southern) que se haya escuchado alguna vez.

1415

El día (muy cercano, por cierto) en que la derecha real deje de ser relevante en Israel, entonces la nación judía será líder indiscutible en la ardua tarea de construir el futuro luminoso. Su ancestral espíritu corporativo-colectivista no es más que un plus. ¿Ah, que no me creen?

Échenle entonces un vistazo al affair Covid en las tierras de David…

1414

Cuando el castrismo se apoderó de Cuba y comenzó el desmantelamiento del capitalismo productivo, aparecieron las primeras escaseces que luego se fueron profundizando a medida que las iniciativas individuales se convertían en carne muerta. Desde un inicio los infinitos acólitos del nuevo proceso justificaban cualquier desabastecimiento culpando a los enemigos externos (luego eternos), a las novedosas variantes productivas que se implementaban “para el bien de todos” o al antiguo sistema político, ya patidifuso y derrocado.

En los Estados Unidos hoy comienzan a escasear hasta las bolsas de comprar en las tiendas (lo comprobamos en la Barnes and Nobles de la barriada) y la gente, impávida y confiada, asegura que no pasa nada, que las carencias pasarán, que la culpa es de China o del virus del Covid, que la vida retornará a su normalidad lo antes posible…

El punto es que nunca faltará quien le vire el rostro a la realidad y se haga el de la vista gorda. Mirar y reconocer la fascia del horror no es un asunto grato. Pero les aseguro, amigos míos, que por mucho que huyan no podrán esconderse. La bestia ya habita entre nosotros.

1414

Recuerdo la primera vez que vi “The Silence of the Lambs” (1991). Fue en Cuba, alguna noche de jueves de 1992, en pleno “período especial”, cuando el hambre y los apagones nos torturaban inmisericordemente. Antonio Mazón Robeau la estrenó en su espacio de “Toma Uno” y mi madre y yo la contemplamos sentados en nuestros sillones de caoba en la sala, mientras matábamos los mosquitos que el aire del ventilador no podía neutralizar.

Jonathan Demme había sido hasta entonces, durante los setenta y los ochenta, un realizador mediocre de filmes menores, series de televisión y videos musicales que, si acaso, era ligeramente reconocible por su “Married with the Mob”, cinta donde había empatado a la bellísima Michelle Pfeiffer con el enano Dean Stockwell para legarnos una comedia regular y simpática que fue bastante popular en la isla. Por eso cuando Mazón nos presentó The Silence of the Lambs me pareció estar en presencia de un Ben Johnson del celuloide, en este caso Demme, un tipo aupado por los esteroides anabólicos que, en vez de músculos y velocidad, le habían otorgado el raro don de la genialidad creativa.

La película es casi perfecta, como muchos de ustedes ya lo saben. Posee el aura indescifrable y mística de las obras maestras. La historia de Thomas Harris no sólo se narra de una manera excepcional en términos estéticos y estilísticos, sino que los componentes que la configuran son superlativos y asombrosos: las actuaciones todas (el talentoso Hopkins en el papel de su vida y la Foster regalándonos el performance femenino más relevante, en mi opinión, de toda la historia del cine); el trabajo técnico de edición; la fotografía pragmática y, sin embargo, voluptuosa y aguda; la banda sonora extraordinaria de Howard Shore…

Tras The Silence of the Lambs, Demme volvió al redil y continuó filmando malas cintas y mediocres capítulos de series televisivas. La buena crítica de la posterior y poca afortunada Philadelphia no fue más que un efecto residual de los corderos. En fin de cuentas, aquella obra que se comenzó a filmar un 15 de noviembre de 1989 y que finalizaría sus tomas tres meses y medio después no fue más que un pequeño milagro que iluminó el tramo final de un siglo tempestuoso que comenzaba a largarse. Ello solo merece que cantemos loas al ya fallecido Demme, y que lo citemos siempre que podamos con afecto y agradecimiento.

1413

Esto es lo que pienso sobre lo que hoy vemos y vivimos:

El concepto de la “tiranía de las minorías” no es más que una falacia esbozada durante la época moderna (tras la revolución francesa) por los “defensores” del pueblo. Acaso el fascismo y el nazismo no gozaron de las simpatías unánimes del vulgo? El bolchevismo soviético? El castrismo sandunguero y tropical?

Señores, las tiranías post feudales han sido siempre apoteósicas y multitudinarias, no importa si son promovidas por el látigo o la fe. Cualquier unanimidad en torno a alguna cosa, sobre todo si se invoca el “bien comun” como precepto moral inalterable, terminará casi irremediablemente en una tiranía que gozará del beneplácito de muchos y de la incertidumbre de otros pocos.

1412

Nicky Thompson (el gran Steve Buscemi), conversa y se toma un café a un lado de la universidad de La Habana junto a Sally Wheet (Patricia Arquette). De repente, un grupo de personas, enarbolando pancartas, sale a perturbar la tranquilidad local. Thompson pregunta que qué cosa es eso. “Una protesta contra Machado”, le responde Sally. Justo antes de que arribe Meyer Lansky, Thompson se levanta y espeta un “Another day in Paradise” con cierto fastidio, cuando uno de sus secuaces le responde: “Estos siempre están protestando por todo”. Y así transcurrió la historia de la república. En ese sentido, el guión de Howard Korder (Lakeview Terrace) para este primer episodio de la quinta temporada de Boardwalk Empire, refleja a plenitud, en tan solo un par de líneas, el sine qua non de la axiología criolla.

*Escrito en el 2016