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Al que le sirva el sayo…

El pensamiento intelectual cubano, desde su propia génesis, desde los tiempos de Luz y Caballero y de Saco, ha estado preocupado por la construcción de una “identidad” nacional, o de la edificación de un concepto de nacionalidad cubana, que para el caso es lo mismo. Desde allí, la marcha forzada para la reivindicación de tal desvelo, ha sido una constante. La cultura, en fin de cuentas, no es más que un mecanismo de auto reafirmación idiosincrática, que se alimenta de excepcionalismos y de esa mitología localista que es afín a casi cada nación y a cada grupo. Algunos historiadores han hecho notar que en la Cuba republicana solía predominar entre sus intelectuales el más egregio escepticismo acerca de la conformación del concepto de patria. Fernando Ortiz y Ramiro Guerra intuían el mayor de los males. Yo agregaría también a la figura obviada de Alberto Lamar Schweyer y su pesimismo brutal. Mañach, Piñera, el propio Lezama. Todos clamaban por una Cuba que no fuera devorada por la irrealización de las pequeñas naciones.

Por eso la llegada del castrismo y su centralismo cultural terminaron por constituirse en la panacea de muchos intelectuales y creadores, que sentían que el nacionalismo de la revolución criolla solo podría afianzar el excepcionalismo insular. Más allá de las deserciones a lo largo del camino, aún persiste entre la intelectualidad cubana creada por el castrismo durante los últimos cincuenta años, herederos “ideológicos” de los pensadores de la república, ese afán por el reconocimiento oficialista que les palmee la espalda y los premie y los elogie y les diga, con palabras dulces, que han hecho un buen trabajo y que pueden recoger sus premios. Cuestión de echar un vistazo a los intelectuales del exilio, al auto reconocimiento propio, a esa complicidad que aún se escuda y es deudora de la tutoría de un organismo central. Es, quizás, un intento de reafirmación de ese “patriotismo” difuso que amenaza con hacerse aún más etéreo cuando se deja a la isla y cuando, voilá, se es huérfano de instituciones estatales, como cátedras, ministerios y asociaciones.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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