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Dice una encuesta de Rasmussen que el 59 % de personas afiliadas al partido demócrata soportan la idea de que las personas no vacunadas contra el Covid deben de sufrir arresto domiciliario. Y el 47 % piensa que el gobierno debe de rastrear y monitorear a aquellos que no quieren vacunarse. El 48 %, en cambio, considera que quienes cuestionen públicamente la eficacia de las vacunas contra el virus, deben de ir a prisión. El 29 % de estos militantes demócratas cree que los padres “irresponsables” que no se han vacunado, deben de ser separados de sus hijos. Hay porcentajes menores de votantes republicanos que piensan igual, por cierto. Son las turbas “revolucionarias” que se complacen con el mitin de repudio y con la segregación de quien se atreva a ser libre.

Turbas que están de plácemes, pues se anuncia el advenimiento de otra cepa viral (el universo es infinito), la Ómicron Ba-2 que reavivará el sueño dorado del control absoluto del estado. Y a pesar de esa derrota transitoria que fue el no poder “legalizar” la administración obligatoria de la vacuna en las compañías grandes que emplean a gran cantidad de trabajadores, lo cierto es que a quienes diseñan el futuro, ni siquiera les afecta.

De todas formas, para poder viajar a otros países se necesita estar vacunado, para recibir tratos no discriminatorios en hospitales, instituciones o edificios federales, se necesita estar vacunado, para entrar a los restaurantes de algunas grandes ciudades de la nación, o para comprar en algunos lugares específicos, se necesita estar vacunado. Es decir, se ha institucionalizado la ilegalidad, en nombre de un bien común siempre inexistente y peligroso.

Mientras tanto, la nación se sigue empobreciendo (hoy llené el tanque de mi camioneta con más de 60 dólares y comprobé una vez más que los precios en los supermercados se han disparado, como nunca antes en la historia del país) y los reportes indican que ciudades inmensas como Chicago, que han recibido billones de dólares de ayuda federal en tiempos de “pandemia” se hunden en las deudas y la inflación. Además, los agentes investigativos de las agencias federales, y jueces y magistrados, siguen apoyando y reforzando las acciones del infausto “January 6th Committee” al que el propio Alan Dershowitz ha calificado como “un organismo congresional que viola las leyes legislativas”. Pero… ¿a quién le importa?

Lo que sí está claro es que tipos librepensadores como Joe Rogan, por ejemplo, la tienen muy difícil en estos tiempos, pues por el hecho de invitar a su programa al vituperado científico Robert Malone, el surgeon general de la administración Biden, el doctor Vivek Murthy, ha pedido que se prohíba y se cancele el show. ¿A dónde se ha largado la libertad, se preguntarán ustedes? Los más escépticos dirán que nunca ha existido, que jamás ha sido cierta. Algunos otros reconocerán que ya no habita en estos lares. A la mayoría ni siquiera le importa.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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