2029

El ser humano se caracteriza, sobre cualquier otra cosa, por su capacidad de adaptación. Es parte primordial de la sobrevivencia. Si no te adaptas, mueres. Si te acomodas dentro de las nuevas reglas, sobrevives en un ámbito relativamente seguro. Por eso es que compramos la gasolina a cualquier precio que esté: ayer la obteníamos a dos dólares el galón y no pensábamos demasiado sobre ello, hoy la consegumos exactamente al doble y nos parece un excelente deal si está un par de centavos más barata que en la estación de la esquina.

Lo mismo con cualquier otra cosa. Conversaba con una especialista en bienes raíces que me comentaba que se espera que en todo el centro y sur de la Florida será considerado un lujo rentar cualquier vivienda de acá a un año. Algo que a primera vista parece ser horrendo ya va en camino de trastocarse en una nueva realidad.

Comprar un auto nuevo ya es lujo de gente con buena cantidad de plata y con excelentes conecciones. Imaginábamos algo así hace tan sólo un par de veranos? Por supuesto que no. Ahora nos parece lógico y hasta natural.

Robarse una elección en una madrugada en los Estados Unidos, la nación emblemática de la democracia moderna? Imposible! Pues ahí está! Tener a un presidente en ejercicio con una demencia senil que le impide tomar decisiones por sí mismo? Ahí lo tienes? El valor de la canasta básica duplicada? Gózalo, nene! Desaparecerse productos básicos del mercado y justificarlo como si no fuera algo en realidad relevante? Mírense a sí mismos!

El sueño primordial de la Norteamérica floreciente y soberbia, de familias con casa propia, auto estacionado en el garage y una despensa llena ya ni siquiera es realidad. La muerte del excepcionalismo norteamericano también pasa por ahí.

Crear un nuevo mundo y obligar a la gente a morar entre las nuevas reglas es un ejercicio relativamente fácil. Lo venos a diario. El mito de un pueblo airado y revolucionario es sólo basura residual. A lo largo de la historia sólo un puñado de contados hombres ha generado cambios manipulando, discurseando y logrando crear estados de opiniones específicos. Pero para cambiar una realidad cualquiera se necesita de cómplices o de muertos, y en el mundo post moderno es más fácil hacerse de los primeros en detrimento de los otros. Así que ajústense los pantalones, que todos ya caemos por el precipicio. Disfruten.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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