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Alguna vez conocí a alguien, un hombre viejo que parecía haberlo vivido todo, que me decía en aquellos tiempos terribles (casi tan terribles como estos) de Barak Obama que nada era tan horrendo como lo parecía y que los turbulentos años sesenta habían sido aún peores y más desconcertantes, pero que afortunadamente habían sido superados. El hombre viejo erraba con frecuencia. Fue, por ejemplo, un antitrumpista soberbio que luego se volvió trumpista, por decirles algo. Su optimismo era fatuo. Y lo que no entendía aquel sujeto de mil años era que los episodios históricos no son aislados y que Obama (y ahora el monigote Biden) son una consecuencia y, sobre todo, una continuación de aquella revolución de los sesenta que pretendía hacer lo que ahora se está haciendo: arrodillar a los Estados Unidos y, ergo, dar la estocada final al capitalismo individual. Nada de lo que ha acontecido en los dos últimos años es obra de la casualidad sino, por el contrario, es el resultado minucioso de la causalidad. Y aunque aquel antiguo amigo siga cerrando los ojos optimistamente a todo lo que lo rodea, su final será el mismo que el nuestro, sólo que para entonces habrá comprendido que su fatuo optimismo ayudó a cimentar su propia tumba.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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