3027

Gracias a pensadores post liberales como Patrick J. Deenan o el muy joven Aditya Prathappor, ya no es necesario continuar incluyendo al conservadurismo y al liberalismo tradicional de derechas dentro de un mismo saco. A pesar de la muerte inminente (o ya consumada) de las clasificaciones ideológicas tradicionales nacidas a la sombra de las revoluciones del siglo dieciocho (específica y fundamentalmente la francesa) aún hoy es preciso establecer que la teoría naturalista de Locke es bastante incompatible con las apetencias humanas y los intereses de los círculos de poder que rigen y regirán el mundo. Y es una tranquilidad comprobarlo, créanme.

Yo mismo, en un rapto de irrealidad utópica, tiendo a pensar que la salvación de los “valores humanos tradicionales” yace allí donde un gobierno de sabios (un imposible práctico, por cierto) imponga mano dura y acarree a las masas hacia la consecución no de un “bien común” sino de realizaciones personales. ¡Que difícil paradoja! Pero aunque pueda parecer contraproducente, ya en la mismísima América Latina tuvimos una regencia “post liberal” ejemplar en el gobierno militar de Chile, donde la “bonanza colectiva” se estableció a partir de una administración severa en el cumplimiento de las leyes, que no admitía “pedanterías” a las masas.

Por cierto, hoy es Septiembre 11, y más allá del recuerdo execrable del atentado terrorista del 2001 y sus funestas consecuencias posteriores para las libertades individuales, también se celebra aquel pronunciamiento militar que terminó sacando del poder al cáncer del colectivismo “positivista” lidereado por el títere de los socialismos de la época, el infausto doctor Salvador Allende…

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Primero Creta, el hogar del mismísimo Zeus, la cuna de Europa tras el rapto, nos maravilló con sus palacios de colores alegres y graciosos delfines. Luego el dolor por la erupción volcánica que trajo a los micénicos. Arribó la tristeza de la mano de la gloria: Agamenón, Aquiles y la elite guerrera que destruiría a Troya y acarrearía consigo nuevas glorias y alegrías. La historia es cíclica y se sostiene sobre la sangre y la violencia. En el momento en que se pierda la fiereza animal, seremos la sombra pesarosa del pasado (y no precisamente cretense)

1573

A partir de unos apuntes sobre el tema que tomé hace ya unos años:

Putin es más Nicolás Primero que Pedro el Grande. Si Yeltsin se acercó a Europa, Putin la rehúye… y probablemente con razón. El líder ruso es un nacionalista autoritario que como todos aquellos que han regido a la Rusia gigante, posee ansias imperiales. Por ello es un nostálgico de la URSS, lo que la gente no comprende es que la raíz de su ambición es territorial, geopolítica y no propiamente ideológica. Su ilusión quizás nunca fue regir, pero sí ser contraparte de Estados Unidos, un imperio que se desmorona y que muy pronto podría ser retado sin demasiado aspaviento.

Putin es antiglobalista, conservador social de la vieja usanza (el comunismo ortodoxo también lo fue, como el castrismo, por ejemplo) y estatista, como cada zar anterior que ha regido a la Rusia. Sus alianzas están basadas en el antinorteamericanismo tradicional, por ello se opone a la OTAN y a la disolución del tratado de misiles, y por ello también justifica, por ejemplo, el despliegue de misiles de la URSS en la Cuba castrista.

El principal ideólogo del putinismo es Aleksander Dugin: teórico del Eurasismo y de la Cuarta Teoría Política. (cuarta vía). La raíz del eurasismo se afinca en el tradicionalismo, el antiliberalismo, antioccidentalismo y, también, en el rechazo a la URSS. Dugin postula que el liberalismo, vencedor del comunismo y del fascismo, se encuentra en una profunda crisis, porque ha sido corroído, corrompido por la vocación del ser humano al totalitarismo. Lo llama fase post moderna y nihilística del liberalismo.

La creencia de la cuarta vía propuesta por Dugin recae en el Dasein de Heiddeger, ese estado primario y natural de cosas sobre lo cual no se ha construido nada. Entiende que la oposición al liberalismo occidental en un posicionamiento inevitable, ya que es una forma perversa y decadente de civilización. Pero también se opone al comunismo, debido a su interés materialista y su doctrina ateísta.

Eso sí, un futuro regido por el putinismo o cualquier otro líder ruso sería el estatismo lo que predominaría. “El socialismo era un factor positivo, como lo era también la organización orgánica, natural, precomunista, de la Unión Soviética. Y esa organización y esos valores sociales debían ser salvados, siempre y cuando, como decía, elimináramos el dogma materialista, ateo y progresista de la ideología soviética”, dice Dugin.

Es decir, la Rusia antiglobalista es inevitablemente colectivista, una de esas paradojas a las que nos enfrentamos en esta nueva era donde las ideologías tradicionales, aunque ustedes no se enteren, se han largado por la cañería como agua. El conflicto con Ucrania es uno de esos hechos que modelarán el futuro.

1547

¿Recuerdan cuando les conté que el general Erich Ludendorff fue el visionario que vio en Lenin a la figura capaz de sacar a la Rusia de Kerensky de la guerra, para así garantizar que el frente oriental dejara de ser una preocupación para Alemania? ¿Y que por ello financió el regreso del líder bolchevique a la madre patria, además de soportar financieramente al partido comunista? Pues bien, este Ludendorff es el mismo que se alió al hasta entonces desconocido Adolf Hitler para librar el golpe de Munich en 1923. La historia, a veces, se remite a un pequeñísimo cúmulo de personajes, alrededor de los cuales gravitan los hechos. Traduciendo: la historia suele fabricarse por poquísimos hombres. Así siempre ha sido.

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Creo, desde hace tiempo, que las ideologías tradicionales de la era moderna, aquellas que se dibujaron tras las revoluciones del siglo dieciocho, están en franca retirada. Y es que la dinámica del mundo actual se encamina hacia un futuro muy próximo donde las relaciones sociales ya se desplazan desde el símbolo arquetípico capitalista-asalariado hasta esa nueva entelequia tecnología-hombre que amenaza con tragárselo todo. Vivimos los prolegómenos de una nueva etapa de la historia de los hombres.

Por eso no es coincidencia que un conservador, alumno de Roger Scrutton, como Miklos Lukacs comparta visiones conceptuales con un comunista nacionalista como Diego Fusaro; o que un militante férreo de la vieja izquierda como Sean Penn, defensor inveterado del castrismo y el chavismo, cargue (lanza en ristre) en contra de la cultura woke; o que el absurdo de la histeria covidiana haya causado que filósofos de formación hegeliana (y con la sombra de Foucault planeando sobre sus auras) como Giorgio Agamben y Byung-Chul Han se hayan pronunciado sobre la claudicación moral de Occidente.

Ya Christophe Guilluy lo anunciaba de cierta manera en su No Society cuando decía que “la desaparición de la clase media occidental no se mide solo mediante indicadores económicos y sociales, sino también y sobre todo por la pérdida de un estatus, el de referente cultural” y que las élites occidentales aspiran a una existencia “sin ataduras nacionales, fiscales, sociales, culturales… ni quizá, mañana, biológicas”. La distopia futura imaginada por Philip K. Dick se encuentra al alcance de la mano.

El modelaje de ese nuevo mundo está esbozado de manera minuciosa por el Foro Económico Mundial, que centra sus esfuerzos en desarrollar los acápites relacionados con la inteligencia artificial, los postulados del cambio climático, la ciber seguridad, las relaciones laborales futuras y la enseñanza escolar. Dentro de esos marcos teóricos el mundo “avanzará”, despojado ya, tras el triunfo del “igualitarismo” tecnológico, de teorías ideológicas que rigieron durante los últimos doscientos años.

Y todos los grandes poderes resultantes del capitalismo tradicional, apoyan este nuevo decursar. Entre los partners de las ideas de Klaus Schwab podemos encontrar a Juana y sus hermanas, es decir, a todo el mundo que ostente algún grado de poder en el presente. Es por ello que pudo ejecutarse un golpe de timón en noviembre del 2020 durante las elecciones norteamericanas sin que pasara absolutamente nada (incluso, la ilusión de la democracia sigue habitando entre las crédulas masas de votantes). Y es por ello también que de manera coordinada el mundo pudo paralizarse por un simple virus respiratorio.

De Putin ya les hablaré más adelante, pues la manera en que es percibida la “nueva Rusia” no deja de ser también un indicativo de cuánto han cambiado las ideologías desde el advenimiento del Smart phone y las grandes compañías tecnológicas…

1518

“En los supermercados faltan cosas”

“No es nada para preocuparse. Es por la hora del día en que fuiste. Aquí nunca faltará nada”

“En los supermercados faltan cosas”

“Es a causa de la pandemia y de la paralización de las fuerzas productivas. Es transitorio. Aquí nunca faltará nada”

“En los supermercados faltan cosas”

“Es por problemas en el sistema de puerto-transporte-economía interna. Nada para perder el sueño. Aquí nunca faltará nada”

“En los supermercados faltan cosas”

“Las cosas que faltan son minucias, ninguna necesaria para seguir viviendo. Aquí nunca faltará nada necesario”

“En los supermercados faltan cosas”

“Eso es desinformación de nuestros enemigos políticos. Es decir, pueden faltar algunas cosas, pero no por eso estamos mal”

“En los supermercados faltan cosas “

“Faltan cosas, pero con entusiasmo y buena planificación las volveremos a tener. Aquí nunca faltarán cosas para siempre”

“En los supermercados faltan cosas”

“Estas equivocado. Esas cosas nunca existieron. Son una falacia de los conspiracionistas. Ahora estamos mucho mejor”

1511

Esto lo escribí un 20 de enero del 2021. Nada ha cambiado.

“Nada va a pasar hoy que no sea otra cosa que la legitimación de un fraude. No, el ejército no va a respaldar a la constitución. Ya no lo hizo. Trump concedió el poder y ha partido de la casa blanca. USA ha muerto constitucionalmente y el camino que queda por delante, para quienes amamos la libertad, es largo y azaroso. Habrá quiénes no estén dispuestos a claudicar. Seguramente! Pero esta historia ha llegado, al menos por ahora, a su final”.

1210

El nuevo liberalismo norteamericano es como Roma, todos los caminos parecen conducir a él. Quizás esto se deba a que su construcción no ha sido cosa de un día, por supuesto. En la elaboración de la entelequia han participado numerosos factores: las ideas comunistas de la vieja guardia, la influencia de la escuela de Frankfurt en los decanatos universitarios de la nación, la apoteosis de la justicia social crítica, el neoliberalismo bushista que encontró asidero teórico en las ideas de Fukuyama… y así hasta el infinito.

Sin embargo, el pensador Fred Siegel explora (en una entrevista publicada por City Journal, que es una especie de órgano “oficialista” del conservadurismo “moderado” del Manhattan Institute for Policy Research) en las raíces profundas y podridas del fenómeno, que se remontan (en su variante de social democracia representativa) a cuando el novelista H.G. Wells promovió laa instauración de una casta aristocrática que dirigiera a la nación. Eso estaba muy en la cuerda de los padres fundadores, que en realidad desconfiaban de las democracias de las mayorías. Ahora, el problema es que Wells promueve su visión de gobierno influenciado más por las teorías del socialismo utópico que por el liberalismo clásico de la revolución norteamericana. Para Siegel esto es hostil al concepto puro de democracia, por supuesto.

Siegel piensa también que Herbert Croly es el creador del liberalismo moderno norteamericano: liberalismo ya como denominación puramente local. De hecho, la principal influencia de Croly es Auguste Comte, el padre del positivismo filosófico, a su vez un seguidor de las doctrinas del socialismo utópico de Henri de Saint-Simon.

Hay que señalar, además, que Croly fue un gran admirador, sobre todo en los inicios del fascismo, de Mussolini. En esta cuerda Siegel menciona también a Randolph Bourne y HL Mencken.

Para Siegel la crisis del liberalismo clásico norteamericano (yo creo que se le podría llamar la primera crisis del excepcionalismo norteamericano) ocurrió en la década de los sesenta, donde a la compleja y violenta vida política de la nación se añadió el renacimiento de las teorías elitistas de Croly. Y afirma que la alianza que vemos hoy en día, por ejemplo, entre la clase super rica de los Warren Buffett y la organización Tides Foundation con organizaciones extremistas como BLM es un reflejo de la puesta en práctica de las teorías de Wells y Croly.

En términos políticos Siegel le otorga una importancia enorme a la figura del alcalde de NY (1966-1973) John Lindsay en la configuración de la nueva ideología del partido demócrata durante los años sesenta y setenta, junto a Robert Kennedy. De hecho, Lindsay fue el autor principal del informe de la Comisión Kerner sobre los disturbios en Estados Unidos y concluyó que estos hechos de violencia fueron principalmente una función del racismo. ¡!

La contra respuesta de la época al discurso de justicia social crítica de Lindsay, vino de gente como el demócrata Daniel Patrick Moynihan, que plantearon que el problema con la comunidad afroamericana no provenía esencialmente del racismo sino de la descomposición del núcleo familiar en la comunidad negra. Monahan también predijo la aparición de la cultura woke en USA.

No es de extrañar, entonces, que a Monahan intentaran crucificarlo políticamente y que los intelectuales de izquierda subvaloraran la validez de sus observaciones. Ahora, ya la pesadilla se ha vuelto realidad.

1177

El fin del imperio romano provocó un retroceso cultural de mil años. Me refiero al fin de su poder estético y de su poder político. La historia es cíclica, amigos míos, aunque los entramados de la longitud del tiempo se hayan acortado dramáticamente en la post modernidad.

¿Alcanzaremos, acaso, a ser testigos del desfile de las tropas empobrecidas con los pulgares cercenados y las espadas inertes? Somos los esclavos de los esclavos de Alarico. Caímos en la trampa de sus exóticos corceles.

Ya se rendirán Bretaña y Europa toda. Los nuevos bárbaros están en el poder; nuestros propios ostrogodos… aquellos que cebamos con el dinero de nuestros bolsillos. Los imperios se joden, no se hagan ilusiones. Las épocas históricas no son eternas. Y en eso estamos.

1147

La fauna pseudo intelectual local, que suele permanentemente apuntar con el dedo a la “chusma trumpista perversa y antidemocrática”, da grititos de alegría tras la oscura ofensiva totalitaria ejercida en estos últimos días por quienes en realidad mandan. Celebran que amordacen a quien disiente, mientras siguen dándose golpecitos en el pecho y se califican a sí mismos como amantes de la libertad.

La realidad es que no. No son, en lo absoluto, respetuosos de sus semejantes. Estos dictadorzuelos esmirriados en los tiempos de Stalin habrían sido aliados fieles del camarada Lunacharski en aquel enjuiciamiento a Dios y habrían sostenido en andas al venerable propagandaminister Goebbels por las calles del Berlín de 1937.

No les creas cuando te afirmen lo contrario. Ni siquiera confíes en aquellos que ahora confiesan eatar alarmados, cuando ya antes atizaron la brasa de la represión. La nación está siendo empujada a la violencia… y ellos llevarán esa carga a sus espaldas.

1088

Hay ciertas cosas que, a pesar del paso de la historia, no suelen cambiar demasiado. Es una manera de decir lo que tantas veces les repito: los hechos de la existencia son minuciosamente cíclicos, aunque se den en circunstancias diferentes. Lo vimos en Egipto, por ejemplo, cuando aquella contrarrevolución liderada por Nefertitis tras el regreso de Tutankamón a Tebas, para reinstaurar el culto a Amón. Y es que hay religiones perennes, necesarias, para seguir acarreando a las masas por el camino del “bien”. En eso estamos nuevamente…

1064

Cuando Julio César fue obligado a regresar desde Las Galias, sus enemigos en el senado romano, políticos y jueces, pretendían acusarlo de traición a la patria y obligarlo al ostracismo y el destierro. Pero el agudo general decidió cruzar con sus tropas el Rubicón, tras decir “La suerte está echada”, promovió una guerra civil y terminó salvando a Roma; o condenándola, lo que es casi lo mismo… De haber existido una prensa republicana en aquellos tiempos antiguos, todos intuimos de qué lado habría estado. (Por cierto, Egipto terminó decapitando a Pompeyo una vez que la derrota de los conjurados fue evidente). La historia, a veces, suele ser cíclica…

1061

Vivimos la apoteósis de la conjura y la desidia, pero esto no comenzó (ni terminará) con Trump, amigos míos. Ya Tom Wolfe, en su libro Mauve Gloves & Madmen, Clutter & Vine, nos lo contaba, a propósito de la llegada de Solzhenitsyn a la yuma izquierdosa y cobarde:

«… la campaña de antisepsia comenzó poco después de su expulsión de la Unión Soviética en 1974. («Sufrió demasiado, está loco». «Es un fanático cristiano con un complejo de Cristo». «Es un reaccionario agrario». Es un egoísta y un adicto a la publicidad «). La gira de Solzhenitsyn por los Estados Unidos en 1975 fue como una enorme procesión fúnebre que nadie quería ver. La Casa Blanca no quería saber nada de él. The New York Times trató de enterrar sus dos discursos principales, y solo la presión moral de un escritor solitario del Times, Hilton Kramer, les proporcionó una cobertura apreciable. Las principales cadenas de televisión se negaron a publicar la entrevista de Solzhenitsyn que creó tanto revuelo en Inglaterra a principios de este año (se emitió en algunos de los canales educativos).Y el mundo literario en general lo ignoró por completo. En el enorme ataúd invisible que Solzhenitsyn remolcó detrás de él no solo estaban las almas de los zeks que murieron en el Archipiélago. No, el bastardo desalmado también se había lanzado a una de las últimas grandes visiones: el intelectual como el Socialista de Acero Inoxidable brillando contra el montón de huesos del capitalismo en su fase final, brutal y fascista. Había un montón de huesos, de acuerdo, y era increíblemente espeluznante, pero el socialismo lo había creado».

1040

En Bolivia, hace un par de años, la oposición ganaba las elecciones con amplitud (nunca tanto como Trump en los estados claves) y al amanecer del otro día el «presidente» Morales le había dado vuelta al tablero. Todos en el mundo entero condenaron el fraude. Morales tuvo que largarse y dimitir. Eso, en una república bananera… ¿entienden cuál es mi punto?