1210

El nuevo liberalismo norteamericano es como Roma, todos los caminos parecen conducir a él. Quizás esto se deba a que su construcción no ha sido cosa de un día, por supuesto. En la elaboración de la entelequia han participado numerosos factores: las ideas comunistas de la vieja guardia, la influencia de la escuela de Frankfurt en los decanatos universitarios de la nación, la apoteosis de la justicia social crítica, el neoliberalismo bushista que encontró asidero teórico en las ideas de Fukuyama… y así hasta el infinito.

Sin embargo, el pensador Fred Siegel explora (en una entrevista publicada por City Journal, que es una especie de órgano “oficialista” del conservadurismo “moderado” del Manhattan Institute for Policy Research) en las raíces profundas y podridas del fenómeno, que se remontan (en su variante de social democracia representativa) a cuando el novelista H.G. Wells promovió laa instauración de una casta aristocrática que dirigiera a la nación. Eso estaba muy en la cuerda de los padres fundadores, que en realidad desconfiaban de las democracias de las mayorías. Ahora, el problema es que Wells promueve su visión de gobierno influenciado más por las teorías del socialismo utópico que por el liberalismo clásico de la revolución norteamericana. Para Siegel esto es hostil al concepto puro de democracia, por supuesto.

Siegel piensa también que Herbert Croly es el creador del liberalismo moderno norteamericano: liberalismo ya como denominación puramente local. De hecho, la principal influencia de Croly es Auguste Comte, el padre del positivismo filosófico, a su vez un seguidor de las doctrinas del socialismo utópico de Henri de Saint-Simon.

Hay que señalar, además, que Croly fue un gran admirador, sobre todo en los inicios del fascismo, de Mussolini. En esta cuerda Siegel menciona también a Randolph Bourne y HL Mencken.

Para Siegel la crisis del liberalismo clásico norteamericano (yo creo que se le podría llamar la primera crisis del excepcionalismo norteamericano) ocurrió en la década de los sesenta, donde a la compleja y violenta vida política de la nación se añadió el renacimiento de las teorías elitistas de Croly. Y afirma que la alianza que vemos hoy en día, por ejemplo, entre la clase super rica de los Warren Buffett y la organización Tides Foundation con organizaciones extremistas como BLM es un reflejo de la puesta en práctica de las teorías de Wells y Croly.

En términos políticos Siegel le otorga una importancia enorme a la figura del alcalde de NY (1966-1973) John Lindsay en la configuración de la nueva ideología del partido demócrata durante los años sesenta y setenta, junto a Robert Kennedy. De hecho, Lindsay fue el autor principal del informe de la Comisión Kerner sobre los disturbios en Estados Unidos y concluyó que estos hechos de violencia fueron principalmente una función del racismo. ¡!

La contra respuesta de la época al discurso de justicia social crítica de Lindsay, vino de gente como el demócrata Daniel Patrick Moynihan, que plantearon que el problema con la comunidad afroamericana no provenía esencialmente del racismo sino de la descomposición del núcleo familiar en la comunidad negra. Monahan también predijo la aparición de la cultura woke en USA.

No es de extrañar, entonces, que a Monahan intentaran crucificarlo políticamente y que los intelectuales de izquierda subvaloraran la validez de sus observaciones. Ahora, ya la pesadilla se ha vuelto realidad.

1177

El fin del imperio romano provocó un retroceso cultural de mil años. Me refiero al fin de su poder estético y de su poder político. La historia es cíclica, amigos míos, aunque los entramados de la longitud del tiempo se hayan acortado dramáticamente en la post modernidad.

¿Alcanzaremos, acaso, a ser testigos del desfile de las tropas empobrecidas con los pulgares cercenados y las espadas inertes? Somos los esclavos de los esclavos de Alarico. Caímos en la trampa de sus exóticos corceles.

Ya se rendirán Bretaña y Europa toda. Los nuevos bárbaros están en el poder; nuestros propios ostrogodos… aquellos que cebamos con el dinero de nuestros bolsillos. Los imperios se joden, no se hagan ilusiones. Las épocas históricas no son eternas. Y en eso estamos.

1147

La fauna pseudo intelectual local, que suele permanentemente apuntar con el dedo a la “chusma trumpista perversa y antidemocrática”, da grititos de alegría tras la oscura ofensiva totalitaria ejercida en estos últimos días por quienes en realidad mandan. Celebran que amordacen a quien disiente, mientras siguen dándose golpecitos en el pecho y se califican a sí mismos como amantes de la libertad.

La realidad es que no. No son, en lo absoluto, respetuosos de sus semejantes. Estos dictadorzuelos esmirriados en los tiempos de Stalin habrían sido aliados fieles del camarada Lunacharski en aquel enjuiciamiento a Dios y habrían sostenido en andas al venerable propagandaminister Goebbels por las calles del Berlín de 1937.

No les creas cuando te afirmen lo contrario. Ni siquiera confíes en aquellos que ahora confiesan eatar alarmados, cuando ya antes atizaron la brasa de la represión. La nación está siendo empujada a la violencia… y ellos llevarán esa carga a sus espaldas.

1088

Hay ciertas cosas que, a pesar del paso de la historia, no suelen cambiar demasiado. Es una manera de decir lo que tantas veces les repito: los hechos de la existencia son minuciosamente cíclicos, aunque se den en circunstancias diferentes. Lo vimos en Egipto, por ejemplo, cuando aquella contrarrevolución liderada por Nefertitis tras el regreso de Tutankamón a Tebas, para reinstaurar el culto a Amón. Y es que hay religiones perennes, necesarias, para seguir acarreando a las masas por el camino del “bien”. En eso estamos nuevamente…

1064

Cuando Julio César fue obligado a regresar desde Las Galias, sus enemigos en el senado romano, políticos y jueces, pretendían acusarlo de traición a la patria y obligarlo al ostracismo y el destierro. Pero el agudo general decidió cruzar con sus tropas el Rubicón, tras decir “La suerte está echada”, promovió una guerra civil y terminó salvando a Roma; o condenándola, lo que es casi lo mismo… De haber existido una prensa republicana en aquellos tiempos antiguos, todos intuimos de qué lado habría estado. (Por cierto, Egipto terminó decapitando a Pompeyo una vez que la derrota de los conjurados fue evidente). La historia, a veces, suele ser cíclica…

1061

Vivimos la apoteósis de la conjura y la desidia, pero esto no comenzó (ni terminará) con Trump, amigos míos. Ya Tom Wolfe, en su libro Mauve Gloves & Madmen, Clutter & Vine, nos lo contaba, a propósito de la llegada de Solzhenitsyn a la yuma izquierdosa y cobarde:

“… la campaña de antisepsia comenzó poco después de su expulsión de la Unión Soviética en 1974. (“Sufrió demasiado, está loco”. “Es un fanático cristiano con un complejo de Cristo”. “Es un reaccionario agrario”. Es un egoísta y un adicto a la publicidad “). La gira de Solzhenitsyn por los Estados Unidos en 1975 fue como una enorme procesión fúnebre que nadie quería ver. La Casa Blanca no quería saber nada de él. The New York Times trató de enterrar sus dos discursos principales, y solo la presión moral de un escritor solitario del Times, Hilton Kramer, les proporcionó una cobertura apreciable. Las principales cadenas de televisión se negaron a publicar la entrevista de Solzhenitsyn que creó tanto revuelo en Inglaterra a principios de este año (se emitió en algunos de los canales educativos).Y el mundo literario en general lo ignoró por completo. En el enorme ataúd invisible que Solzhenitsyn remolcó detrás de él no solo estaban las almas de los zeks que murieron en el Archipiélago. No, el bastardo desalmado también se había lanzado a una de las últimas grandes visiones: el intelectual como el Socialista de Acero Inoxidable brillando contra el montón de huesos del capitalismo en su fase final, brutal y fascista. Había un montón de huesos, de acuerdo, y era increíblemente espeluznante, pero el socialismo lo había creado”.

1040

En Bolivia, hace un par de años, la oposición ganaba las elecciones con amplitud (nunca tanto como Trump en los estados claves) y al amanecer del otro día el “presidente” Morales le había dado vuelta al tablero. Todos en el mundo entero condenaron el fraude. Morales tuvo que largarse y dimitir. Eso, en una república bananera… ¿entienden cuál es mi punto?

1011

¿Se enteraron? Kamala nos mintió al descaro. Dijo durante el debate con el vice presidente Pence que hace ya un retongal de años Abraham Lincoln, 27 días antes de las elecciones, se había negado a confirmar a un nuevo juez a la corte suprema porque el pueblo necesitaba elegir nuevamente antes de tamaña determinación. Ya salieron unos cuantos historiadores a recordarle a la Kamala Harris que la verdadera razón por la que el viejo Abe no había escogido al dichoso juez era porque el senado se encontraba de vacaciones hasta diciembre. ¡Nada, que pescaron a Que-mala tratando de meternos una tremenda turca!

931

No creo que esta información se encuentre en ninguno de los textos de historia escritos sobre Cuba. Esto viene directo de la fuente.

No solo los anarquistas españoles o los seguidores de la Rusia estalinista, o los nostálgicos creyentes de Trotsky intentaron inocular a la Cuba republicana con el germen del comunitarismo. También, con menos suerte, la China de Mao Zedong tomó sus provisiones.

Para diciembre de 1952, de treinta mil habitantes chinos asentados en la isla, aproximadamente 300 eran considerados comunistas por la embajada norteamericana y por el ex embajador de la China nacionalista, C. T. Shen. Se agrupaban en la llamada “Alianza de apoyo a la democracia en China”, la cual contaba con sedes en La Habana, Santiago, Guantánamo y Cienfuegos.

Publicaban un diario llamado Kwong Wa Po, el cual era editado por un panadero avecindado en Santiago, Lion Yin Jong. La tirada era de ochocientos ejemplares. Para marzo de 1951 el gobierno de Prío Socarrás, en franca cruzada en contra de la ideología comunista, clausuró al diario, el cual reabrió tras el golpe de estado de Batista.

Los líderes del movimiento eran Manuel Luis (Lu Ka Tsu), un obrero de una fábrica de fideos en Santiago de Cuba, y que operaba como presidente de la Alianza. El secretario era Luis Li (Li Chich Chich), dueño de una tienda de abarrotes en La Habana. Enrique León (Leung Ju), otro tiendero de la Habana, era el presidente de la rama en la capital. Ignacio Leng, Guillermo Chong y Jesús Luis Chong eran los otros miembros del directorio.

Para ese entonces, es necesario aclarar, ningún chino militaba en las filas del PSP o partido comunista de la isla, probablemente debido a la postura estalinista que animaba a los afiliados criollos.

El contacto directo entre la China de Zedong y los comunistas asiáticos de la isla estaba sostenido por Angel Wu, un mulato-chino que había sido prisionero de los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial.

*Escrito en julio 3 del 2015

913

Cuando Roma derrotó definitivamente a Cartago en la tercera guerra púnica, arrasaron sus ciudades, labraron aquellas tierras y las abonaron con sal para que nada nuevo pudiera crecer allí. Ojalá fuera posible hacer igual con ciertas ideologías, ojalá se pudieran exorcizar esos demonios…

759

Las medidas que hemos tomado hoy en día en contra de la gripe del Coronavirus son las mismas que hace 1500 años ordenó Justiniano en la Bizancio de la edad antigua, incluyendo la chivatería policial que se desborda sobre todo en España e Italia. En aquella ocasión el enclaustramiento empeoró las cosas, por supuesto, y la Peste se largó cuando se lo dictó el ritmo de la vida y de la muerte, ése que es imposible de frenar por mucho que lo intentemos.

677.

Ningún amigo debiera entristecerse por los destinos de la Rusia moderna bajo la sombra de Putin. El autoritarismo ha regido siempre allí. Los bolos son enfermos a la mano dura y al azote preciso. El gen tártaro solo responde al mandato vigoroso. Señores, así como los Romanov fueron amos y señores por doscientos años y el siglo XX perteneció al zarismo rojo, los nuevos tiempos no son otra cosa que patrimonio del padrecito Vladimir.

671

La histeria por la propagación del coronavirus no es sólo el reflejo del apendejamiento que nos provoca, como sociedad, la idea de la muerte, sino también un claro ejemplo de cuán propensos somos a dejarnos cautivar por los cantos de sirenas sobre el apocalipsis. La idea de ser testigos excepcionales, sobrevivientes singulares del colapso de la sociedad moderna, es una masturbación intelectual que causa satisfacción, qué duda cabe.

Vivir con la angustia de un futuro siempre al borde del abismo, siempre al borde de la existencia misma, ser sobrevivientes de un aktion colectivo, ver joderse al de al lado y mantener las esperanzas de superar a todos quienes conocemos, ha sido siempre una característica sine qua non del ser humano, sean científicos ganadores del Nobel, actores del pútrido Hollywood o trabajadores de una fábrica de lapiceros en Hangzhou.

Aquella máxima de Séneca de que toda la vida hay que estar aprendiendo a morir, produce menos consuelo que imaginar que el mundo se va a la mierda y nosotros seremos espectadores en primera fila. No deja de ser un ejercicio estoico, en fin de cuentas: el mal es necesario para que exista el bien, lo que llevado a términos individuales no es otra cosa que la justificación de nuestro propio fin: han de joderse todos para justificar mi muerte.

Los actos de heroicidad son ejercicios modélicos pero fortuitos. Actuamos en consecuencia con nuestros temores, de allí que el apocalipsis sea tan cómodo para justificar nuestras miserias y tan certero para hilvanar nuestros anhelos. No en vano Jesús, que no fue el fundador de iglesia alguna sino un judío que predicaba el fin de los tiempos por abandono de la virtud, ha calado tan hondo en el imaginario del mundo occidental, lo que ya antes había conseguido el mito de Oniris en el Egipto antiguo o la ascensión de Mahoma en el islamismo militante.

Pero cada ejercicio de histeria puede verse coronado por la fuerza del bien. No olvidemos que en Florencia ya surgió el apocalipsis a mediados del siglo catorce cuando los marinos genoveses provenientes de Crimea trajeron la peste negra a la Europa culta. Y fue entonces cuando se eliminaron estructuras de poder que frenaban cualquier atisbo de avance; el fin de la Edad Media fue también (y sobre todo) un ejercicio médico.

¿Dará, sin embargo, este catarro asiático para sacudir el mundo que conocemos? Lo dudo. Al lado de la Influenza o de los totalitarismos comunitarios (desde los reyes medievales hasta la norcorea esquizofrénica) el moco chino (un término del Guicho Crónico) es un simple estornudo en medio de la nada. Así que por favor, lávense las manos, eviten las multitudes y resígnense al hecho de que la vida seguirá, al menos por ahora.

648

Me entero con el reportaje Night Will Fall que los campos de exterminios creados por la Alemania Nazi (ese engendro socialista al amparo de Hitler) dejaron de ser un mito urbano tras la revelación de la BBC y del documentalista Bernstein en abril del cuarenta y cinco.
Antes, los soviéticos habían reportado la existencia del horror, en julio del 44, cuando la ofensiva polaca. Pero nadie les creyó.
Desde aquel entonces los de Stalin no eran de fiar (como buenos comunistas) debido al historial de mentiras y falsificaciones que acompañaba a su aparato de propaganda.
A los rusos les pasó aquello de Pedro y el lobo…
Lo curioso es que durante toda la contienda no se revelaran pruebas concretas del horror y que Occidente viviera de espaldas a esa realidad. En buena medida de allí parte, estoy seguro, aquello de la negación del holocausto.

(Febrero 7, 2015)

634

¿Es usted antisemita y odia a los judíos con denodado entusiasmo? ¿Jerusalem le pertenece, según su manera de ver las cosas, a los palestinos debido a que Israel “ocupa ilegalmente” toda la parte Este de la ciudad? ¿Deberían los hebreos, en aras de la inclusividad y la justicia, claudicar su sistema de democracia parlamentaria en aras de la imposición de una visión islámica de la sociedad y de la historia? Si ha respondido “Si” a estas tres preguntas previas, le recomiendo que se haga subscriptor de los documentales de la televisión alemana DW. ¡Lo disfrutará! Porque en definitivas cuentas ¿quién dijo que en Alemania el espíritu malvado del antijudaísmo terminó con la derrota del nazismo? La tolerante e inclusiva Alemania, aún en sus instancias oficiales, sigue odiando a los hijos de Judá.

622

Casi todas las revoluciones sociales de la época moderna han sido reaccionarias o fútiles, exceptuando a la norteamericana, que dio paso al paritorio de una sociedad más desarrollada y libre (aunque en los tiempos que corren el burocratismo político amenace con descarrilar cualquier logro que se haya alcanzado en los últimos siglos). Si acaso la única distinción a tan lapidaria afirmación (o al menos la distinción más significativa) se sucedió en la segunda mitad del siglo pasado, cuando las naciones europeas del Este lograron liberarse del terrible yugo comunista impuesto por la URSS y Stalin con la sabida complacencia de Roosevelt, en aquella tristemente célebre conferencia de Yalta.

La caída del muro de Berlín es el hecho paradigmático que resume lo acaecido en esos convulsos años. Ni el tipo subido a la farola durante aquel discurso de Ceaușescu ni los tanques avanzando por las calles de Moscú pueden superar la poderosa imagen del martilleo a las piedras divisorias construidas por la Volkspolizei. Fue la “revolución de los rumores”, como prefiero llamarla: El derrumbe del Schandmauer se precipitó por la mala interpretación de las ordenanzas de Schabowski, un equívoco tremendo; y la reunificación de las dos Alemanias ocurriría tras ese olvidado discurso de Helmut Kohl en Dresden, una consecuencia indiscutible del arriesgado anuncio de Herbert Wagner.

Es decir, la historia es un reflejo de las circunstancias del momento, susceptible a pequeñísimos detalles y a coincidencias impredecibles, pero siempre se requerirá de una masa que empuje (el término de Napoleón es perfecto) y de un líder que deslumbre. Es el sine que non de la existencia humana.

600

Y entonces el historiador cubano avecindado en México, Rafael Rojas, comienza su alocución en Casa de América hace ya un par de años citando a las grandes revoluciones acaecidas en el mundo moderno, obviando a la más importante de todas: la revolución norteamericana. Entonces desde allí, ya sabemos por dónde van los tiros… ¡Ay, esta mojigata y sesgada intelectualidad cubiche…!