3069

“Trump es responsable del ataque del miércoles al Congreso por parte de los alborotadores de la turba. Debería haber denunciado inmediatamente a la turba cuando vio lo que se estaba desarrollando».

* Kevin McCarthy, flamante líder de la nueva mayoría republicana en el Congreso, sobre los hechos del 6 de enero del 2021.

(Veo a los a auto-calificados “trompistas” muy contentos con la “victoria” partidista en el congreso. Tendrán alguna idea de lo que pasa frente a sus narices?)

3064

Trump ha sido el único outsider verdadero de la política norteamericana de los últimos 40 años. Por eso se encargaron de aniquilarlo. No es un secreto. El propio magnate constató la imposibilidad de cambiar verdaderamente el rumbo de Occidente durante su presidencia. Rodeado de la clase política tradicional (ese nido de víboras) a duras penas pudo salir indemne de la casa blanca (por ahora). Fue incapaz de oponerse a la narrativa programada de la histeria del covid, jamás pudo constituir un gabinete decente de personas que compartieran su visión de nación y tras el robo a cara descubierta de noviembre del 2020 jugó dentro de las fronteras que le establecieron. Ni más ni menos. Ahora con su persistencia tenaz sobre la necesidad de validar un sistema que lo descabezó, no hace otra cosa que deslegitimar todo su discurso anterior. La trampa fue certera; la encerrona, formidable. Los enemigos del “loco” no han dejado cabos sueltos. Tras la pérdida del timing tras los hechos infaustos de noviembre del 2020, el nuevo mundo ha echado a andar, incluso con la complacencia de sus más acérrimos críticos. La legalización de la falacia de la democracia se ha impuesto.

3063

Según The Hill, el mayor donante de la farsa electoral de turno es el mega reaccionario George Soros, con 128 millones de papelitos verdes destinados a la causa de la “democracia”. (En este punto trato de contener las carcajadas). Así que anímense y cooperen con la voluntad del magnate húngaro (y sucedáneos) de consolidar el show a como de lugar. Voten por el gordiflón parásito que se enfrenta al otro gordiflón ocioso en la boleta y ayuden a engrandecer la voz del pueblo (aquí vuelvo a desparramar una risotada inevitable) y a cimentar las esperanzas de una libertad sin cortapisas. Anímense que mientras ustedes votan, yo apuro una copa de Glenfiddich…

3060

«El grupo de Puebla, heredero ideológico del foro de Sao Paulo, contra el Foro de Davos». Ese es el verdadero debate de estos tiempos. Una contienda que retoma vuelo tras el triunfo de Lula, un extremista ideológico de la vieja guardia. Esta discusión, de más está decirlo, es entre postulados de izquierda que, de una forma u otra, comulgan con aquello de la nueva justicia social. La batalla será ganada por el foro económico mundial, por supuesto. De hecho, ya está ganando.

Y aunque esta especie de nueva ideología global (en realidad es un conjunto de fundamentos que le adeudan al marxismo, pero NO son marxismo) maneja el concepto de un colectivismo tecnológico y corporativista que, con la complacencia de muchos, intenta regir en el futuro, no es ni siquiera el sueño pajístico de Marx y sucedáneos. Podemos decir con algo de justicia que el futuro colectivismo social habrá emanado más del capitalismo democrático occidental que de los manuales de filosofía comunista.

Hace unos meses un famoso comentarista político decía lo que para mí es una verdad del tamaño de un templo: la mayor amenaza para los Estados Unidos no es el comunismo sino el globalismo. Creo que la «muerte» de las ideologías será un hecho a mediano plazo (ya es, de hecho, una realidad en ciernes). Pero será una muerte con un ganador inobjetable. La sociedad entera, de hecho, se ha preparado para ello. Los últimos 32 meses son el vívido ejemplo de que con determinación y guaniquiqui, se acarrea al ganado con facilidad extrema.

3049

El brillante teorico del post liberalismo Sohrab Ahmari lo dice fuerte y claro. Escuchen:

«Los estadounidenses vivimos bajo un régimen. En un sentido técnico, todos los pueblos viven bajo regímenes, cada nación tiene un orden político organizado. Pero uso el término “régimen” en el sentido amenazador que los liberales estadounidenses suelen aplicar a lugares como, bueno, la Rusia de Putin. Solo que nuestro régimen es mucho más sofisticado que la burda autocracia de Putin. Ejerce su tiranía a través de actores privados: trabajadores de Silicon Valley, reporteros del Times. El régimen se ha absuelto».

3027

Gracias a pensadores post liberales como Patrick J. Deenan o el muy joven Aditya Prathappor, ya no es necesario continuar incluyendo al conservadurismo y al liberalismo tradicional de derechas dentro de un mismo saco. A pesar de la muerte inminente (o ya consumada) de las clasificaciones ideológicas tradicionales nacidas a la sombra de las revoluciones del siglo dieciocho (específica y fundamentalmente la francesa) aún hoy es preciso establecer que la teoría naturalista de Locke es bastante incompatible con las apetencias humanas y los intereses de los círculos de poder que rigen y regirán el mundo. Y es una tranquilidad comprobarlo, créanme.

Yo mismo, en un rapto de irrealidad utópica, tiendo a pensar que la salvación de los “valores humanos tradicionales” yace allí donde un gobierno de sabios (un imposible práctico, por cierto) imponga mano dura y acarree a las masas hacia la consecución no de un “bien común” sino de realizaciones personales. ¡Que difícil paradoja! Pero aunque pueda parecer contraproducente, ya en la mismísima América Latina tuvimos una regencia “post liberal” ejemplar en el gobierno militar de Chile, donde la “bonanza colectiva” se estableció a partir de una administración severa en el cumplimiento de las leyes, que no admitía “pedanterías” a las masas.

Por cierto, hoy es Septiembre 11, y más allá del recuerdo execrable del atentado terrorista del 2001 y sus funestas consecuencias posteriores para las libertades individuales, también se celebra aquel pronunciamiento militar que terminó sacando del poder al cáncer del colectivismo “positivista” lidereado por el títere de los socialismos de la época, el infausto doctor Salvador Allende…

3026

No soy cristiano, pero tampoco anticlerical. No soy dinástico, pero tampoco antimonárquico.

Es decir, según las antiguas nomenclaturas (realmente ya no válidas en lo absoluto) no soy de izquierdas ni cagando. La vida es mucho más compleja que una simple cuestión de etiquetas (pero aún así, uno tiene su corazoncito anticolectivista latiendo saludablemente).

3023

El discurso de Joe Biden en el que declara a sus rivales políticos como enemigos de la patria, constituye un parteaguas en la historia política de esta nación y, por ende, de todo el Occidente. Es el pináculo de las ambiciones dictatoriales del mal llamado «progresismo» ideológico. Tal parece que el fenómeno «Donald Trump» ha terminado convirtiéndose en la excusa perfecta para arrasar con cualquier disenso social.

Sí, vivimos tiempos oscuros y confusos, donde muchos que se catalogan a sí mismos como «derechistas» e incluso «conservadores» siguen considerando al actual «presidente» y a sus asesores como seres incapaces e ineptos alejados de la realidad, como torpes operadores políticos que no saben a dónde van… y a sus críticos más lúcidos como «conspiradores». (En esa infausta categoría conciliábula entrarían desde Sorah Ahman hasta Patirck J. Deenen).

… tiempos en que los alabarderos alados de la «democracia» justifican y aplauden el conato de veto por parte de esta administración, bajo la peligrosa premisa de que «el mal debe ser acallado», idéntico argumento al de tantos horrores previos. Pero el «futuro luminoso» tiene que construirse a cualquier costo, sobre todo por encima de los cuerpos pútridos del pasado, a la usanza de la revolución francesa…

3020

El arte es perverso cuando se utiliza para ejercer propaganda política. La Middle Earth de Tolkien se ha covertido en un dechado del wokismo, ése cáncer que lo invade todo. El nuevo mundo ha de ser construido sobre las ruinas de la civilización previa. No importa quien caiga. Que todo sea por la causa, camaradas!

3013

Me resulta muy curioso cómo aquellos compatriotas que cumplen a cabalidad, por sus ideas y por sus acciones, con los estamentos de la izquierda tradicional, acusan y califican a otros de “izquierdosos” en aras de disminuirlos o agraviarlos.

Les digo que me resulta curioso y hasta simpático. Claro, es esa especie de simpatía amarga que emerge del tufillo insoportable de la doble moral y la ignorancia. Se creen, estos personajillos, que por oponerse de cierta forma al horror del castrismo, ya pueden ser considerados de derechas.

Y aún más! A los verdaderos conservadores los califican de extremistas! Es como para carcajearse sonoramente. Lo que les dije: ignorancia y oportunismo casi a partes iguales.

(Por cierto, todos estos nuevos anticastristas a mí me consideraban un extremista cuando le llamaba al castrismo tiranía. Todo muy risible y hasta ridículo)

3011

Conocí a Emilio Ichikawa en el año 2006, durante aquellos tiempos tremendos de la “blogosfera cubana”, cuando yo escribía una bitácora muy crédula y naive (lo que creamos siempre es reflejo de lo que somos, en este caso específico, de lo que fui) bajo el seudónimo de Camilo López Darias. Recuerdo que el japonés me invitó a jugar fútbol y luego se hizo habitual juntarnos en casa de Papucho. Precisamente en una de esas reuniones conocí a Armando de Armas. Antes me había tropezado en el mismo lugar con gente como Carlos Alberto Montaner, Alina Fernández, Omar Santana y tantos otros. Eran tiempos en los que la quimera de la caída del castrismo era aún una especie de reallidad palpable. (Cuanta ingenuidad. La maldad es incombustible, sobre todo cuando cuenta con la complacencia de todo y todos)

A Armando de Armas lo conocí cuando ya había comprado en la librería del gordo Salvat su Mitos del Antiexilio, un librito pequeño pero sustancioso que establecía desde entonces una tesis conocida pero no muy comentada entre los círculos de cubanólogos y especialistas de la época: el peso excepcional del anticastrismo político estaba permeado y constituído desde siempre por la izquierda socialdemócrata que había regido los destinos de la isla desde su independencia. Enfrentarse, para un lector serio, a una sentencia de tal envergadura, no es más que una invitación a pensar y repensar los acontecimientos de la historia de la República, lo que nos lleva a su vez a establecer razones que expliquen el advenimiento del castrismo.

El fallecido historiador Antonio de la Cova realizó un excelente trabajo como archivero, recopilando todas las comunicaciones que se establecieron entre la embajada norteamericana de La Habana y el Departamento de Estado en Washington desde los años previos a la revolución del 33 hasta poco después del triunfo del castrismo. Leer tal tipo de información de primera mano me ayudó a derribar ”mitos” fundacionales como el del voluntarismo estoico y solitario del castrismo, o el de Batista como el “hombre fuerte de los americanos”, o aquel que establecía que el comunismo criollo fue antimachadista casi desde el inicio, entre tantos otros. Probablemente jamás habría descubierto la valiosa información de de la Cova sin el Mitos de Armando de Armas.

Hay obras que son determinantes en el entorno intelectual y personal de cada uno de nosotros. De cierta forma, lo que lees modela también en buena medida lo que serás y lo que eres. A mí me han influido desde aquel libro infantil que mi maddre me compró en la librería de Colón algún verano caluroso de finales de los setenta y que aún recuerdo con cariño (Jorgito el Goloso) hasta los textos más profundos de un Nietzsche o de un Kozick, pasando por toda la obra de Eco o por El Maestro y Margarita de Bulgakov, o por las dos obras cardinales de George Orwell o por la literatura de K Dick o por la cuentística, los ensayos y poemas del maestro Borges (lo he leído completo!) o toda la obra noir de Dashiel Hammett, Raymond Chandler, James Mallahan Cain y Norm McDonald… el propio Faulkner… Pues bien, dentro de mis influencias es válido citar a Mitos del Antiexilio del maestro y amigo Armando de Armas como una obra vital, porque despertaría mi curiosidad intelectual desde una perspectiva iconoclasta y ayudaría en cierta forma a modelar la visión que tengo sobre ciertos tópicos mundanos. A ustedes les digo: lean el Mitos del Antiexilio y oblíguense a sí mismos a no ser crédulos ni complacientes. Me lo agradecerán con creces.

3009

La irrupción del FBI de manera estentórea en los predios de la residencia del presidente Trump en West Palm Beach para ejecutar algún registro es ciertamente un escándalo y una vergüenza para una nación que se precia de ser la luz y guía de la democracia y la justicia en todo el mundo (pamplinas!)

Pero a aquellos que albergan esperanzas de que una vuelta de tuerca pueda suscitarse de alguna manera tras un acto de apariencia (y solo de apariencia) tan “desesperado” por parte de una institución que nunca ha sido autónoma sino que siempre ha respondido al “gobierno” de turno, les aconsejo: hold the horses.

Señores, no ha existido en la historia de la nación mayor horror que el suscitado en noviembre del 2020 cuando, en aquella infausta madrugada electoral en que el presidente Trump ganaba holgadamente, el conteo se detuvo en toda la nación para luego recomenzar con un candidato opositor que ya, de buenas a primera, remontaba una ventaja imposible desde el punto de vista matemático y estadístico, para terminar “imponiéndose” en los cinco estados claves que determinaban el resultado electoral.

Era en aquel entonces que la “furia irredimible” del pueblo debía de haberse manifestado. El 6 de enero fue, quizás, el episodio idóneo para barrer con políticos de uno y otro lado y extirpar el cáncer de la putrefacción burocrática y social. Pero los pueblos no determinan absolutamente nada, amigos míos. Menos los pueblos sonsos y pusilánimes (que son y somos todos).

Ahora ya es demasiado tarde. No importa la furia que pueda atesorar el presidente Trump ni la molestia de sus seguidores. A quienes aspiren a un cambio por la vía electoral les recuerdo que el antitrumpismo furibundo es un fenómeno bipartidista y, en los estamentos del poder, universal. Y también les recuerdo que quienes cuentan y contarán los votos serán siempre ellos. La única posibilidad que aún persiste para la justicia es la violencia irrefrenable y esa no la van a ejercer ni ustedes ni nosotros. Así que bon voyage

3005

El hecho de que un Donald Trump se preste para la farsa electoral de estar apoyando a tal o más cuál candidato (muchos de ellos tradicionales anti conservadores, por cierto) para las elecciones venideras, demuestra un par de cosas. Primero, que la falacia de la democracia occidental es un hecho establecido y muy probablemente inalterable. Segundo, que el “pantano” terminó por engullirse a todos.

Sean serios, señores!

2085

La apoteosis de la pseudociencia no sólo nos está llevando hacia el reinado de los totalitarismos tecnológicos, sino que terminará desembocando en el establecimiento del transhumanismo como ideología reinante. Cuéntenselo a sus hijos y sus nietos pues yo, al igual que Kyle Reese, vengo del futuro…

2083

Hoy me levanté pesando sobre la imposibilidad de redimir el excepcionalismo norteamericano. Y he aquí el por qué:

El “mal” no puede ser combatido sin una cuota de horror. Toda contención es necesariamente violenta. Pero en tiempos donde dicha violencia sólo proviene del Estado o de aquellos grupos marginales sostenidos o por los gobiernos o por quienes controlan el poder (el verdadero, claro) no hay esperanzas. Se precisa de una dejadez de la “moral” reinante para poder subvertir cualquier status quo, de lo contrario, imperará la satrapía, tal y como acontece en estos tiempos.

Aquel seguidor tradicionalista de los patrones “éticos” sobre los que se han construido las sociedades occidentales vive en la paradoja de (si quiere o pretende trastocar la realidad imperante), dar la espalda a las comodidades de la post modernidad y no abrazar el destino que le han trazado (con todo el inmenso costo que cosa así conlleva) o de acatar las reglas y continuar validando (el ejercicio del voto es un ejemplo) la propia existencia que desprecia.