1397

Si te infestas de Covid puedes cursar asintomático o tener una gripe desde moderada a severa, o incluso hacer una neumonía viral o mixta. Si eres gordo y joven, o si sufres de diabetes, las posibilidades de complicarte son mayores. Acá aplican los consejos ancestrales de siempre: lávate las manos con frecuencia, evita multitudes, aliméntate bien, haz ejercicios y garantízate un buen sueño. Lo demás es bobería, Sarría. Intentar ponerle coto social a un virus respiratorio cualquiera es como luchar contra el Dios omnipotente de las sagradas escrituras, a pie, descalzo y sin lanza alguna. La vida sigue! (Sospecho que el mundo será obligado a paralizarse nuevamente)

1386

Al parecer los conversatorios en el espacio de la post convención de la cubanidad, específicamente los del domingo en la mañana, donde esbozaba la idea que tantas veces les he conversado a ustedes sobre la muerte de las ideologías tradicionales y la ascensión del muy próximo globalismo totalitario como nueva forma de comunitarismo cultural y, por ende, de sometimiento individual “sui generis” a través de la tecnología y la propaganda biológica anti científica, fueron provechosos y productivos.

A raíz de ellos, por cierto, una serie de deportistas y pensadores destacados como José Modesto Darcourt, Orestes Kindelán y otros, han publicado interesantes artículos en la revista Ego de Kaska, nacida al amparo del doctor Angel Callejas de Velazquez, que les recomiendo revisar. En todos ellos se intuye la fuerza irreductible del pensamiento nietzscheano a través de los postulados de Lamar sobre, y permítanme pavonearme un poco, la idea seminal (no la de Eco de matar a un monje, por supuesto) que yo les he esbozado durante los últimos meses…

1275

Un simple comentario (no da para más)…Sayonara (1957) es un dramón romántico, una telenovela mexicana filmada en cinemascope con yumas y japoneses y una actuación de Marlon Brando que, ciertamente, no es la mejor de su carrera. La pieza de Joshep Logan, muy sobrestimada en su tiempo, ha envejecido de manera lamentable.

1188

Nunca faltará el ‘Simplicio Magno’ de ocasión, antiguo cuadro partidista y cultural del vetusto castrismo, que se erija en defensor de las causas justas y del «sentido común». Vivimos en una era donde el neófito, amparado por su teclado inclaudicable y feroz, se atreve (con todo el desparpajo posible) a contradecir sin evidencia alguna (a no ser algún recorte de CNN o de la BBC o de Reuters) a profesionales que atesoran experiencia empírica sobre un tema en particular. Es la invasión de los necios de las que nos hablaba Eco; es la legión de los idiotas que inundan las redes sociales.

A propósito, hace tan sólo unos escasos días, el eminente doctor Sucharit Bhakdi, especialista en microbiología, profesor en la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz y director del Instituto de Microbiología e Higiene Médicas de Alemania, decía, en relación a la histeria covídica que nos azota desde hace casi un año, que «aislar a toda la población es grotesco, absurdo y muy peligroso». Y acotó lo que muchos otros prestigiosos especialistas se han atrevido a señalar: «»Esta es una tragedia increíble, porque todas estas medidas adoptadas son en realidad un sin sentido. La esperanza de vida de millones de personas ahora se está reduciendo debido a esto. El impacto espantoso en la economía mundial amenaza la existencia de innumerables personas».

También dice el Dr. Bhakdi que «las consecuencias en la atención médica son profundas. Los servicios a otros pacientes que los necesitan se reducen, las operaciones se cancelan, las prácticas médicas se vacían. Todo esto tendrá un impacto profundo en toda nuestra sociedad».

Y coincido absolutamente (ustedes lo saben) con el eminente epidemiólogo cuando asegura que: «Estos virus coexisten con humanos y animales en todo el mundo. Los virus son la causa de enfermedades menores y muy comunes del tracto respiratorio. Muy a menudo, las infecciones siguen siendo subclínicas y sin síntomas. Los casos graves ocurren casi exclusivamente en pacientes de edad avanzada con otras enfermedades subyacentes, en particular enfermedades pulmonares y cardíacas».

¡Señores, ni más ni menos!

Aunque estoy seguro que nuestro eminente escribidor Simplicio Magnus, vendrá pronto a corregirle la plana al doctor Bhakdi. ¡Es que estos «intelectuales» se las saben todas!

(Pd: Yo sería incapaz de debatirle a nuestro Simplicio en las artes de la burocracia cultural. Ése es su campo).

1163

Los filosofastros y peorros, los escritorzuelos gonorreicos, los intelectuales de cartón, procedentes todos del islote del marabú, pero adustos y soberbios residentes de Barcelona y New York, dicen alegrarse por la libertad felicitando el triunfo de, precisamente, la anti-libertad. Tal antinomia sólo puede entenderse en personajillos miserables como estos, que en aras de saciar sus despreciables afanes colectivistas, tachan de dictadores o, simplemente, de seres humanos inferiores, a quienes apreciamos la única libertad posible: la libertad del hombre.

Pd: no me pregunten quiénes son. Ustedes los conocen.

1108

Existe un editorzuelo en nuestro patio, (hombrecillo que se alimenta como sanguijuela hambrienta de los grants del gobierno federal), que ha sostenido durante los últimos años la teoría de que vivimos en un mundo irreal donde unas computadoras gigantes controlan nuestros sentimientos, nuestros sueños y nuestras acciones. (La idea la copió de los hermanos Wachowski y no de Platón ni de Philip K Dick, que el tipo no da para tanto).

Pues bien, nuestro hombrecillo de marras desde el gran fraude hasta estos días se la ha pasado ofreciendo camisas de fuerza a todos quienes desconfían del resultado electoral. Los acusa, nada más y nada menos, que de “conspiranoicos”.

1061

Vivimos la apoteósis de la conjura y la desidia, pero esto no comenzó (ni terminará) con Trump, amigos míos. Ya Tom Wolfe, en su libro Mauve Gloves & Madmen, Clutter & Vine, nos lo contaba, a propósito de la llegada de Solzhenitsyn a la yuma izquierdosa y cobarde:

«… la campaña de antisepsia comenzó poco después de su expulsión de la Unión Soviética en 1974. («Sufrió demasiado, está loco». «Es un fanático cristiano con un complejo de Cristo». «Es un reaccionario agrario». Es un egoísta y un adicto a la publicidad «). La gira de Solzhenitsyn por los Estados Unidos en 1975 fue como una enorme procesión fúnebre que nadie quería ver. La Casa Blanca no quería saber nada de él. The New York Times trató de enterrar sus dos discursos principales, y solo la presión moral de un escritor solitario del Times, Hilton Kramer, les proporcionó una cobertura apreciable. Las principales cadenas de televisión se negaron a publicar la entrevista de Solzhenitsyn que creó tanto revuelo en Inglaterra a principios de este año (se emitió en algunos de los canales educativos).Y el mundo literario en general lo ignoró por completo. En el enorme ataúd invisible que Solzhenitsyn remolcó detrás de él no solo estaban las almas de los zeks que murieron en el Archipiélago. No, el bastardo desalmado también se había lanzado a una de las últimas grandes visiones: el intelectual como el Socialista de Acero Inoxidable brillando contra el montón de huesos del capitalismo en su fase final, brutal y fascista. Había un montón de huesos, de acuerdo, y era increíblemente espeluznante, pero el socialismo lo había creado».

1032

Quizás el epíteto más recurrente que el antitrumpismo suele endilgarle a la actual administración es el de “fascista”. Es una denominación traída por los pelos, por supuesto. Es una triquiñuela filológica para atrapar a incautos. Y es curioso que quienes propaguen la idea de una sociedad más “justa” controlada por un inmenso aparato estatal que regule cada estamento de nuestras vidas en nombre del “bien común”, sean precisamente quienes llamen “fascistas” a los otros. No en vano ya lo decía Susan Sontag, sin dejar lugar a dudas: “el comunismo es fascismo… un fascismo con rostro ‘humano’”.

La administración Trump, en la práctica, ha gobernado yendo del conservadurismo jacksoniano al liberalismo clásico de mediados del siglo XX (libertarismo de la escuela austriaca), lo cual sitúa su gestión a años luz de cualquier atisbo de autoritarismo. Y lo primero que hizo para dejar en claro que el objetivo primordial era el de intentar disminuir (acometimiento titánico) el tamaño del gobierno fue colocar a la brillante abogada india-americana Neomi Rao al frente del esfuerzo por la eliminación de regulaciones federales.

Las medidas más importantes, según los que saben, en este sentido fueron: la eliminación del mandato individual del Obamacare (una ley mucho más cercana a la filosofía fascista de lo que pueda imaginarse), la eliminación de la llamada Pan Energía Limpia del FPA, la supresión del presupuesto del costo regulatorio, la reducción de miles y miles de documentos inútiles en las diferentes agencias federales, la eliminación de la llamada regla de aguas y la eliminación de la regla de neutralidad de la red. También se redactaron las actas SCRUBS y REINS para deprimir miles y miles de regulaciones menores.

Todo esto trajo como consecuencia residual la dramática disminución burocrática del registro federal en más de un tercio, algo que jamás se había conseguido en la historia de la América moderna, además del aumento de las libertades individuales, la disminución de la burocracia central y, sobre todo, el crecimiento económico. Hay muy poco de fascismo y autoritarismo en ello ¿no es cierto?

Que no se haya logrado más es a consecuencia de que la reforma legislativa necesaria para poder alcanzar el Dorado final, que es el de desmontar en la mayor medida de lo posible un anquilosado aparato burocrático que ha ido convirtiendo paulatinamente en un Leviatán a lo largo de los dos últimos siglos, jamás fue aprobado por la rama legislativa central. (la burocracia se defiende a sí misma a como dé lugar).

Sería prudente, por lo tanto, que todos esos intelectualillos que aleccionan a las masas a gritar desaforadamente “fascista, fascista” al presidente de turno, se eduquen un poquitín más antes de lanzar tan desafortunadas (y endebles) consignas partidistas.

991

Bien, les comento este artículo publicado hace un par de días por Medscape, un sitio profesional de informaciones e investigaciones médicas, muy activo en la diseminación de noticias tremendistas acerca del Covid-19, por cierto. Pues bien, su equipo editor ha tenido que echar pie atrás ante el hallazgo irrefutable de nuevas evidencias que lanzan por tierra el constructo teórico de que buena parte de las tremendas y dramáticas muertes achacadas al virus eran provocadas por una «cytokine storm». La afirmación no es cierta, fue un error basado en atropelladas evidencias no empíricas que sólo terminaron creando incertidumbre y terror. Lo mismo sucedió antes con las forzadas elucubraciones sobre el «Kawasaki» pediátrico covidiano o la coagulación intravascular diseminada, ambos cuadros probablemente generados por otros gérmenes asociados al Covid (infecciones mixtas) y no por el famoso virus en sí.

«La sobreactivación del sistema inmunológico conocida como «tormenta de citocinas» no juega un papel importante en los resultados más graves de COVID-19, según hallazgos inesperados en una nueva investigación. Los hallazgos contrastan directamente con muchos informes anteriores», nos dice Medscape.

«De hecho, nos sorprendieron los resultados de nuestro estudio», dijo a Medscape  el autor principal del estudio, Peter Pickkers, MD, PhD. En un enfoque único, Pickkers y sus colegas compararon los niveles de citocinas en personas críticamente enfermas con COVID-19, con los de pacientes con sepsis bacteriana, trauma y sobrevivientes de un paro cardíaco».

«Por primera vez, medimos las citocinas en diferentes enfermedades utilizando los mismos métodos. Nuestros resultados muestran de manera convincente que las concentraciones de citocinas circulantes no son más altas, sino más bajas, en comparación con otras enfermedades», dijo Pickkers, afiliado al Departamento de Medicina de Cuidados Intensivos en el Centro Médico de la Universidad Radboud en Nijmegen, Holanda.

Los resultados de este estudio, por cierto, fueron publicados en la revista JAMA en la edición del 3 de septiembre, es decir, hace 8 días atrás. Vean la especificación estadística del estudio, según nos relata Medscape:

«Pickkers, el autor principal Matthijs Kox, y sus colegas estudiaron a 46 personas con COVID-19 y síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA) que fueron admitidas en la UCI del Centro Médico de la Universidad de Radboud. Todos los participantes se sometieron a ventilación mecánica y fueron tratados entre el 11 de marzo y el 27 de abril del 2020. Los investigadores midieron los niveles plasmáticos de citocinas, incluido el factor de necrosis tumoral (TNF), la interleucina-6 (IL-6) y la interleucina-8 (IL-8). )».

«Compararon los resultados de este grupo con los de 51 pacientes que experimentaron shock séptico y SDRA, 15 pacientes con shock séptico sin SDRA, 30 personas con paro cardíaco extrahospitalario y 62 personas que experimentaron múltiples traumas. Utilizaron datos históricos para las cohortes no COVID-19. En comparación con los pacientes con shock séptico y SDRA, los pacientes con COVID-19 tenía niveles más bajos de TNF, IL-6 e IL-8».

«Las diferencias fueron estadísticamente significativas para TNF (p <.01), así como para las concentraciones de IL-6 e IL-8 (para ambos, p <.001). Además, el grupo de COVID-19 tenía concentraciones de IL-6 e IL-8 significativamente más bajas en comparación con los pacientes que tenían shock séptico sin SDRA».

«Los investigadores también encontraron concentraciones más bajas de IL-8 en pacientes con COVID-19 en comparación con los pacientes con paro cardíaco extrahospitalario. Los niveles de IL-8 no difirieron entre los grupos de COVID-19 y de trauma».

Nada de esto, amigos míos, niega el hecho factual de que el Coronavirus haya causado muertes por Síndrome de Distress Respiratorio a punto de partida de neumonías atípicas, pero la manera inexacta e histérica con que la propia ciencia ha echado a andar rumores o falsas afirmaciones que, en un final de cuentas, han terminado por propiciar los horrores de las cuarentenas medievales, los tratamientos protocolares sin sentido, el sensacionalismo de los falsos mesías y los gobiernos cuasi totalitarios, la depresión económica y el sufrimiento gratuito de millones en el mundo, debiera ser imperdonable.

Y es que, como les dije desde un inicio, parece ser que las sobreinfecciones bacterianas intrahospitalarias han jugado un rol preponderante en un gran porcentaje de las muertes tan publicitadas por los medios e instituciones científicas en el mundo, a tenor del silencio de quienes no deberían haberse dejado arrastrar por el miedo y por la furia. Tanto la mayoría de los casos de CID, de Kawasaki disease y de tormentas citoquínicas que han cobrado la vida de miles de personas en todo el mundo, poseen un denominador común: la presencia de algún gérmen oportunista. Y el resto es bobería, Sarría.

979

Las casas también mueren, como nosotros. Con ellas se entierran las historias. Los sonidos, aquellos momentos de luz y ruidos que construyen, a trazos, la existencia. Se hundirá la casa Rayburn bajo el agua y ese discurso terrible, estremecedor de Sissy Spaceck, se ocultará también bajo las piedras y guijarros. Y sólo quedará el eco adormecido de una fugaz historia.

Nada perdura, lo sabemos. Ni aquella mansión de Alea, enferma de soledad en medio del comunismo aterrador que invade cada resquicio y cada alma. Tampoco la casa de tía Mirta en el Vedado, con sus historias familiares, con sus visitas permanentes que han desaparecido tras la muerte. (Todos sabemos que avenida Boyeros ya no es igual sin ella). O Punta Alegre entero, ese lugar donde nació y creció mi madre, con sus casuchas sobre el mar y la memoria de festines y langostas asadas y guateques que a estas alturas parecen irreales y ficticios.

¿Cómo puede morir una ciudad entera? De igual forma que parten sus comensales, que fenecen sus tragedias y sus glorias. Las casas se derrumban… e incluso nuestras almas. El discurso de la Spaceck desgarrando a sus fetos, Mirta balanceándose en la sala frente al televisor y sus amigos, Pinelli quitando el polvo de los altos puntales, los pescadores en el muelle y mis primos riendo… Las casas también mueren, como nosotros todos…

940

Señores, si las escuelas no reabren normalmente para este próximo curso escolar, vayan sumándole unos cuantos millones más a la actual cifra de desempleados. ¡Disfruten su desastre!


El mundo no puede paralizarse por temor a enfermarnos. Es algo antinatural, propio de la edad media. Las personas que temen porque poseen mayor riesgo o por cualquier otra razón, que se queden en casa. Pero no pueden obligar al resto a hacerlo. Los familiares de esas personas que temen, que ejerzan sus responsabilidades individuales y cuiden a sus seres queridos, pero que no se la impongan a los otros.

Señores, entiendan, más allá de las irregularidades y los oportunismos y los intereses, el número de contagios no significa otra cosa que un hecho común y repetido: que alguien se ha contagiado con una infección respiratoria. Es hora de dejar el moralismo pandémico a un lado, la histeria insensata, el miedo apocalíptico. Sus actitudes están causando que todos nos hundamos en el fango.


Señores, les tengo malas y preocupantes noticias:

El 100% de las personas que ingieren agua a lo largo de su vida, mueren irremediablemente.

Y nosotros aquí, tan despreocupados e indolentes. ¡Tenemos que hacer algo, camaradas!

937

Friedrich Nietzsche, bramando desde la lejanía de la segunda mitad del siglo diecinueve, nos recuerda que las izquierdas han sido siempre una misma cosa y que lo que vivimos hoy ya lo vivimos antes.

No quieren ser responsables de nada. Y aspiran, desde un desprecio íntimo, a poder echar su carga sobre cualquier cosa. Cuando escriben libros, suelen asumir hoy la defensa de los criminales, una especie de compasión socialista en su disfraz más agradable. Y de hecho, el fatalismo de los débiles de voluntad se embellece de modo sorprendente cuando suelen presentarse a sí mismos como la religión del sufrimiento humano”.