1309

¿Ya vieron al presidente ilegítimo, al vejete pedófilo, en ese video en que sobajea a un niño sin remilgo alguno frente a todo el mundo? Hay enfermedades que no pueden domarse. La imagen del anciano achacoso y degenerado haciendo de las suyas ante la indiferencia de quienes le rodean es la viñeta podrida del occidente actual; el Nerón que contempla, mientras toca la lira, a la ciudad arder.

1304

Si alguna vez el concepto etimológico de “progresismo” significó avanzar hacia un futuro de libertades, como quizás lo establecieron el kantianismo y otras corrientes de la ilustración en su momento, lo cierto es que la tesis filológica, hoy en día, nada tiene que ver con aquellas vetustas definiciones.

“Progresismo” en los tiempos que corren, no es más que una definición central que forma parte del marco teórico que otorga un espaldarazo moral a la apoteosis del estado. A más futuro, menos libertades individuales, o lo que es lo mismo, el mañana pertenece a las masas colectivas y al tan dañino “bien común”. Al menos, así lo veo yo.

Y esta lógica aplica tanto para el occidente “desarrollado” como para la Cuba medieval. La antorcha de la nueva y horrenda ilustración, amigos míos, nos alumbra a todos sin complejos.

1303

Cada día somos menos los libre-pensadores. La horda, que se reproduce exponencialmente ante cualquier nuevo acontecer, amenaza con tragarnos, incluso. No está muy lejano el tiempo en que tendremos que enfrentar consecuencias desvastadoras por el simple hecho de no acompañar a la manada. El colectivismo, amigos míos, parece ser en realidad el estado natural del hombre.

1299

Ya estamos en el preludio de una nueva época. La cuarta revolución industrial, alentada por todos los grandes poderes políticos y económicos del mundo occidental, es percibida como el futuro justo que merecemos todos, como la consecuencia inevitable del progreso y el desarrollo.

Somos testigos de la muerte de las ideologías tradicionales, hecho que se irá materializando en el curso de los próximos años y que va de la mano con el arribo de la “nueva era”. El futuro, amigos míos, pertenece al post capitalismo (que, precisamente, no es más que una postura anticapitalista).

Al final, la apoteosis del poder del Estado, sueño dorado de las corrientes comunitaristas, no ha llegado de la mano de la teoría marxista y el poder airado del proletariado, sino de los grandes conglomerados monopolistas que surgieron a raíz de la tecnologización de las prósperas sociedades occidentales. El capitalismo ha sido la antesala del absolutismo estatal, y no el socialismo. ¡Que paradoja! Sí, Fukuyama erró solo a medias. El fin de la historia, a pesar de todo, no se encontraba demasiado lejos.

Lo cierto es que las reglas del juego ya han cambiado. El mañana se basará, según los que saben y no callan, en una economía de intangibles, de elementos no físicos, inmateriales. El estado estará (¡ya está!) subvencionado por los grandes capitales, a costa de las libertades individuales del hombre común.

Yo aún no estoy muy seguro de qué papel juega o pretende jugar el imperio chino en este advenimiento de un nuevo “futuro luminoso”. Se puede especular en torno a ello todo lo que queramos con mayor o menor base, pero lo que sí sé es que la elite burguesa occidental lo que pretende replicar (ya lo ha hecho exitosamente en el tema de la pandemia del Covid) es la implementación del totalitarismo tecnológico que Pekín ejerce de manera activa: Un control absoluto del Estado (junto a grandes compañías aliadas de gobiernos e instituciones) sobre la vida de cada uno de los sujetos vivientes.

Toda la política de la justicia social crítica y del cambio climático, tan entusiastamente aplaudida por quienes se denominan a a sí mismos como justos, humanos y progresistas, atenta contra las libertades individuales. Todo el programa político esbozado en el foro de Davos, o por los grandes magnates “benefactores” al estilo de Bill Gates, poseen un fin común: el predominio absoluto del Estado. Y en ello estamos.

1297

Esta nación se perdió entre la madrugada del 4 de noviembre del año pasado y el día 20 de enero de este año (todos parecen haberlo ya olvidado). Los políticos lo saben, los mecenas también. Los ideólogos, los millonarios, los operadores del apparatchik… Trump y sus aliados, por supuesto. A mí que ninguno venga a hablarme de donaciones y de planes, de elecciones o de partidos nuevos. La pantomima de la normalidad es sólo eso: un discurso vacuo para atrapar incautos y seguir profitando de la ilusión etérea de la democracia. Por mí, que se vayan todos a la mierda.

1294

Lo terrible es que no acabamos de entender que la llamada justicia social crítica y todas sus teorías extremistas y anticientíficas sobre género y raza han llegado para quedarse, pues forman parte del discurso oficial del poder en todo el Occidente.

(Recuerdan los chistesitos sobre el castrismo en Cubalandia y la chota generalizada a la tiranía de marras? Pues bien, más de sesenta años y contando. Entienden cuál es mi punto?)

Nada más perjudicial que relativizar el horror…


Tampoco hemos comprendido que vivimos el preámbulo de la muerte de las ideologías clásicas. Ni comunismo, ni liberalismo, ni capitalismo explicarán el devenir futuro. El debate sobre el papel superlativo del estado ya ha sido definido. La muerte y la desprotección de las libertades individuales son un hecho. La apoteosis del autoritarismo tecnológico nos sopla sobre la nuca. Ya veremos…

1292

Dos amplísimos estudios presentados el 17 de abril de este año, durante el meeting anual de la American Academy of Neurology, muestran concluyentemente que “las complicaciones trombóticas no son comunes en pacientes con Covid, y de estar presentes, no incrementan el riesgo de muerte”.

Esta conclusión echa por tierra aquel discurso alarmante y terrorífico de que el Covid es una causal de cuadros variados de tromboembolismos, accidentes hemorrágicos y coagulaciones intravasculares diseminadas. Yo en varias ocasiones he cuestionado, desde la fisiología, estas afirmaciones sin basamento alguno. Y ahora el resultado de ambos estudios demuestran que NUNCA estuve equivocado.

La primera de estas investigaciones (2.699 pacientes) llevada a cabo en 52 diferentes naciones, muestra un stroke rate de 2.2 % entre pacientes positivos hospitalizados. La segunda investigación (119.967 pacientes) revela un rate de 1.4%, cifra aún menor, hecho relevante teniendo en cuenta que este estudio fue realizado entre casos de hospitalización en 70 países.

Ninguno de los dos estudios mostró asociación entre accidentes isquémicos y mortalidad.

Otras investigaciones anteriores, con universos de pacientes más reducidos, llegaron a la misma conclusión: el stroke rate es bajísimo y poco significativo en índices de mortalidad entre pacientes hospitalizados por Covid. En Korea el valor reportado de stroke rate fue de un 1.2 % y en los Estados Unidos (American Heart Association) un 0.7%.

Los accidentes vasculares hemorrágicos predominan sobre los isquémicos, y una probable causa etiológica se debe a errores de tratamiento, pues en los protocolos hospitalarios de casi cualquier nación el uso indiscriminado de anticoagulantes con LMWH/heparinoids es una regla ineludible entre pacientes hospitalizados por Covid.

Ojalá la ciencia pueda librarse de discursos ideológicos e intereses monetarios y pueda terminar echando abajo la farsa que ella misma ha ayudado a implementar.

1285

Fuera de las complicaciones respiratorias usuales causadas por cualquier virus en pacientes de riesgo, la singularidad clínica del Covid que ha causado un terror exacerbado (apuntalado por la media y los profesionales cobardes) ha sido esa respuesta inmunológica soberbia que termina estableciendo un fallo multi orgánico casi siempre en pacientes jóvenes y sanos.

Si fuéramos a precisar un porcentaje específico de estos casos en el universo general de pacientes positivos, las cifras serían prácticamente insignificantes. La propia etiología apunta más a una condición genética previa que a la propia virulencia del Covid-19.

Ah, pero ese discurso no le cuadra a los propagadores del terror, por supuesto! En las teorías apologéticas del apocalipsis, la satanización del virus es fundamental para tupir a neófitos e incautos.

Por cierto, ese minúsculo porcentaje de tormentas citoquínicas, tan bien promocionado por los ejecutores del futuro luminoso, parece tener solución con el desarrollo de inhibidores de la Topoisomerasa 1, que ya investigan numerosos centros norteamericanos como el Icahn School of Medicine at Mount Sinai en New York y el College of Medicine de la Universidad de Cincinnati.

No sé si a tan relevante descubrimiento se le permitirá arribar a buen puerto. La lucha por el “bien común” es implacable y no admite “inconsistencias”…

1283

Replicar la narrativa de la histeria es un mal que aqueja a tirios y troyanos. El último año ha sido un ejemplo prístino en ese sentido. Y es que el miedo a la peste y a la muerte nos supera. Por eso es curioso, divertido e indignante (si es que tal combinación es posible) ser testigos de tipos “recios y acaballadores” gemir como mozuelas cuando esa misma prensa de la que desconfían en otros temas, o esos mismos políticos a quienes desprecian con furia irredenta, o esas instituciones a las que han acusado (y acusan) de corruptas y miserables, anuncian las cifras de contaminados por el Covid con un placer indescriptible. Mañana, cuando la recopilación de casos se subscriba a los enfermos por catarro común (adenovirus y sucedáneos) el llantico pendejístico será el mismo, se los aseguro.

1281

Un estudio del National Institute of Health del mes de enero pasado, titulado “Mapping a pandemic: SARS-CoV-2 seropisivity in USA”, realizado por Kalish, Klumpp-Thomas, Hunsberger y asociados, con una amplísima muestra de 11 382 pacientes, llega a sólidas conclusiones que, sin embargo, son ignoradas por instituciones y profesionales de la salud de manera absolutamente incomprensible.

¿Qué cuáles son esas conclusiones?

Pues que los pacientes expuestos al Covid-19 desarrollan una robusta respuesta inmunológica donde los anticuerpos anti-S persisten por meses y neutralizan la infección; y que 5 de cada 6 personas positivas nunca llegan a desarrollar síntoma alguno.

Esto desbarata dos mitos de la anti-ciencia echados a rodar por los Faucci (y replicados por los tontos de las redes) de este mundo: que no se desarrollan defensas autoinmunes contra el Covid y que la enfermedad es letal. Al final, no es ni una cosa ni la otra, pues ante este virus el sistema inmunológico funciona igual que frente a cualquier otro… y se corrobora la escasa morbilidad o capacidad de hacer daño del sobrestimado germen.

Curiosamente, el The New England Journal of Medicine publicó un estudio titulado “Susceptibility of Circulating SARS-CoV-2 Variants of Neutralization” que asegura que ante la “cepa sudafricana” no hay esperanza posible, pues las vacunas son incapaces de sobreponerse a la resistencia creada por la “mutación “ viral. Pero lo realmente llamativo de esto es que la investigación fue desarrollada por… el Beijing Institute of Microbiology y por el Center for Disease Control and Prevention de Dezhou…

Algunos de ustedes quizás recuerden cuando yo les advertía, hace ya un año atrás, acerca de cómo el mundo occidental había replicado el terror promulgado por China (los desmayados en las calles, las cuarentenas totalitarias, las mascarillas obligatorias…) con entusiasmo denodado. Y a la China imperial le cuadró muchísimo la mongolería de la “culta” Europa y de la “irredimible” norteamerica. Y así estamos…

1279

Me resulta curioso (e inquietante) la manera en que la histeria y el tremendismo del affaire Covid han permeado a las ciencias médicas y biológicas en general. En mis tiempos libres suelo ponerme a revisar temas académicos sobre las diferentes especialidades de la medicina, y lo que he encontrado a lo largo de los últimos meses en relación con la pandemia no puede calificarse de otra forma que aterrador. No deja de llamarme la atención, tampoco, como un sinnúmero de colegas se han sumado alegremente al sentimiento apocalíptico y totalitario que ha emanado desde las instituciones epidemiológicas y “científicas”, contaminando cualquier atisbo de evidencia empírica a niveles jamás imaginados. Es por ello que frecuentemente hablo de un regreso a la “edad media” cuando me refiero a estos temas.

La ofensiva “científica” del terror que ha impulsado a las políticas de confinamientos absurdos y de autoritarismos estatales de las que hemos sido testigos durante el último año posee varias banderas publicitarias. Una de ellas ha sido la de las complicaciones fisiológicas del virus; y entre estas el tema de los episodios de hipercoagulabilidad ha sido punta de lanza. De más está decir que no existe evidencia concluyente, en lo absoluto, que corrobore el hecho de que el Covid-19 provoque coagulación intravascular diseminada. La mayoría de los casos narrados se han basado en observación clínica sin estudios definitorios de carga viral, cultivos sanguíneos o utilización de pruebas super específicas que puedan atestiguar cualquier etiología. Ya yo escribí hace tiempo atrás que los episodios de CID promocionados como hijos putativos del Covid por parte de “investigaciones científicas” adolecen de seriedad, y que la mayoría de estos cuadros podrían ser achacados (con evidencia empírica tradicional) a bacterias oportunistas que suelen afectar a pacientes hospitalizados y no al virus de moda.

Pues bien, revisando un par de estudios de la CPCEM magazine encuentro la repetición de las mismas falsedades dichas antes una y mil veces por los adalides del apocalipsis covidiano. Por ejemplo, Lafree, Lenz, Tomaszewski y Quenzec, de la Universidad de California, narran como un paciente hombre, de 57 años de edad, con antecedentes de hipertensión arterial y diabetes mellitus tipo 2, arriba a Emergencias con un cuadro de trombosis de la Aorta distal con oclusión de las arterias iliacas. Al momento del ingreso al hospital el paciente (sin síntoma respiratorio alguno) da positivo al PCR para Covid-19 (un test absolutamente inespecífico que lo que hace no es más que identificar trazas de una proteína RNA en la superficie de cualquier virus) de manera circunstancial… ¿y a quién se le termina achacando la responsabilidad del cuadro trombótico? Al Covid-19, por supuesto. Los investigadores obviaron el hecho de que la diabetes tipo 2 es una causal primaria y fundamental en el desarrollo de cuadros de hipercoagulabilidad, al causar el aumento de los ácidos grasos libres a nivel circulatorio, lo que termina activando la proteína C kinasa y produciéndose inflamación (por la acción de las citokinas, por ejemplo), vasoconstricción y activación plaquetaria con formación de trombos. En este caso, señores, el virus no fue el causante de ningún cuadro de obstrucción de la arteria Aorta.

Estudios como los de Creager, Lusher, Beckman y Cosentias en el 2003 establecieron que la diabetes mellitus aumenta sustancialmente el riesgo de accidentes vasculares de tipo isquémicos. Y Stalkey y Towler lo corroboraron en el 2016. Por otro lado, la hipertensión arterial es la PRINCIPAL causa conocida de trombosis aórtica debido al cuadro de aterosclerosis que suele producir. ¡El paciente de marras era hipertenso y diabético, nunca desarrolló síntomas relacionados al Covid y, sin embargo, se le achaca al virus la responsabilidad de la trombosis, aún cuando no se estudió la carga viral del individuo! Es la apoteosis del oscurantismo científico en aras de intereses políticos e ideológicos.

Por otro lado, Logan, Leonard y Girzadas, del Advocate Christ Medical Center, narran un cuadro de trombosis venosa cerebral en un paciente de 34 años sin antecedentes de Patología alguna. El individuo llegó al servicio de Emergencias con manifestaciones clínicas del cuadro diagnosticado posteriormente: cefalea frontal, mareos, parestesia en el brazo derecho y ambas piernas y, por último, visión borrosa. Al paciente se le realiza un Rapid Test a la hora del ingreso hospitalario y este da positivo, aunque el señor jamás presentó manifestaciones de una infección viral previa. Hay que refrendar el hecho de que las trombosis venosas cerebrales son rarísimas, infrecuentes y que suelen verse en pacientes jóvenes que pueden o no tener condiciones preexistentes como cuadros infecciosos de Sinusitis, o enfermedades malignas, o traumas y cirugías, etcétera… Entonces la pregunta real es ¿Bajo qué evidencia empírica real se puede afirmar que este episodio se debió al SARS CoV-2? Por supuesto, bajo ninguna. Al paciente de marras no se le realizó estudio de carga viral, los hemocultivos fueron negativos, jamás se estableció la presencia real del Covid en su organismo.

Otro estudio permeado de inexactitudes y hasta ridiculeces corresponde a Gregnan, Barrett y Perera, del Royal Free Hospital de Londres, que describen cuadros de tromboembolismo pulmonar en cuatro pacientes Covid-19 positivos, pero de los cuales dos poseen antecedentes (una mujer de 72 años y un hombre de 78) de … ¡Fibrilación Auricular! Esta condición de base, para los neófitos en el tema, es la causa número uno de episodios de tromboembolismo. ¿Y entonces?

El fraude científico en el tema Covid está a la orden del día. Es una lástima que las ideologías, los intereses económicos y políticos hayan terminado por doblegar, con la casi unanimidad de los implicados, a las ciencias médicas. Vivimos tiempos oscurísimos, inquietantes, terribles, donde sólo el escepticismo podrá salvarnos de convertirnos en manada. ¡Amigos míos, duden absolutamente de todo! La ciencia de hoy en día no es, ni siquiera, ciencia.

1275

Un simple comentario (no da para más)…Sayonara (1957) es un dramón romántico, una telenovela mexicana filmada en cinemascope con yumas y japoneses y una actuación de Marlon Brando que, ciertamente, no es la mejor de su carrera. La pieza de Joshep Logan, muy sobrestimada en su tiempo, ha envejecido de manera lamentable.

1274

Esta mañana, aquí en el Urgent Care, una paciente le hizo un escándalo tremendo a una enfermera por no tener mascarilla. La histérica estaba en el lobby y la enfermera en el front desk, vacunada y a más de 10 pies de distancia de cualquier otra persona. Que clase de oscuridad vivimos! La apoteosis de la desidia y de la chivatería!

Toda esta mierda del último año: Covid, fraude electoral, nos ha desvirgado a todos. Mi escepticismo es enorme. La democracia realmente es inoperante, a estas alturas. Eso está claro.

Adonde hemos llegado es un abismo tan profundo, que no hay estrategia política (que no traiga consigo toneladas de sangre) que la resuelva. La pantomima del ejercicio de la democracia, en estos tiempos, no es más que una farsa para tontos.

1273

Esta mañana, antes de ver a mi primer paciente, me tropiezo con la noticia de que la American Academy of Pediatrics va a pelear contra las decisiones estatales de no tratar hormonalmente a niños que se identifiquen como trans.

Es decir, la cabeza burocrática de la especialidad considera que los niños poseen la capacidad cognitiva para retar a la biología desde edades tempranas.

Antes la medicina solía ser conservadora. Qué coño ha pasado? Algo muy simple, y es que el predominio de el “progresismo “ ha terminado también por alcanzar a las ciencias. Vivimos en el abismo… experimentamos la apoteosis del oscurantismo. Sólo el ejercicio de la violencia más terrible puede amainar tanta desidia.

1271

El ethical standard que se utiliza en la medicina norteamericana actual se basa en la premisa de que el paciente es quien determina qué es lo mejor para su seguridad. Esa regla de oro se ha violado consecutivamente desde marzo del año pasado, a raíz del affaire Covid-19. Las libertades individuales se han pasado a llevar. (Y a casi nadie le importa)