1412

Nicky Thompson (el gran Steve Buscemi), conversa y se toma un café a un lado de la universidad de La Habana junto a Sally Wheet (Patricia Arquette). De repente, un grupo de personas, enarbolando pancartas, sale a perturbar la tranquilidad local. Thompson pregunta que qué cosa es eso. “Una protesta contra Machado”, le responde Sally. Justo antes de que arribe Meyer Lansky, Thompson se levanta y espeta un “Another day in Paradise” con cierto fastidio, cuando uno de sus secuaces le responde: “Estos siempre están protestando por todo”. Y así transcurrió la historia de la república. En ese sentido, el guión de Howard Korder (Lakeview Terrace) para este primer episodio de la quinta temporada de Boardwalk Empire, refleja a plenitud, en tan solo un par de líneas, el sine qua non de la axiología criolla.

*Escrito en el 2016

1242

Vi este fin de semana el documental “Superhuman, The Invisible Made Visible” que Amazon Prime tiene aún en su parrilla, por recomendación cercana. La pieza, basada en investigaciones científicas en el campo de la bioquímica, de la fisiología y las ciencias médicas, de la física y la metafísica, (como una prolongación de las indagaciones de Wilhelm Wundt) llega a una conclusión que yo comparto desde hace mucho: La conciencia prima sobre el universo físico.

La conclusión no es sencilla en lo absoluto, y da pie a que teorías como el “matrixmo” e incluso la reencarnación puedan estar sobre el tapete de cualquier discusión existencial. Pero ninguna, a mi entender (aunque en la obra de marras no se haga demasiado hincapié) cobra más relevancia que la de la vida tras la vida, lo que terminaría por dilucidar el misterio que rodea al fenómeno de la “muerte”.

El individuo trasciende el espacio físico… estamos todos conectados por una energía que trasciende las reglas de la comprensión común… Hay mucho del positivismo fisiológico de los libros de autoayuda en afirmaciones como estas. Y es que, más allá de certezas o errores, eso que podríamos llamar como voluntad colectiva tiende a ser siempre optimista y poco recelosa del destino. (Para un escéptico como yo, tal realidad es desafortunada). Al final, eso sí, nos queda la certeza de que nada es maniqueo y de que la complejidad es el sine qua non de cada momento y cada vida.

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Carnivale, con la música de Jeff Beal… y The Leftovers, bajo la batuta de Max Ritcher, atesoran las dos bandas sonoras más soberbias de la historia de la televisión en lo que va de siglo. Sólo por ello (aunque hay otras muchísimas razones) vale la pena dedicarles parte de nuestro preciado tiempo.

1133. Sweet Home

Sweet Home es una extravagancia neo-gore surcoreana, un complicado animé de carne y hueso donde la comedia, el horror y algo de esa naturaleza eidética oriental se desbordan a cada paso. Acá el tratamiento del dolor va de un extremo a otro, en medio de abigarradas historias y de una confusión casi permanente, ya sea recreándose en el antiguo mito griego del sufrimiento como pasión, o en la visión medieval de la aflicción como experiencia espiritual y emocional que debe ser aliviada y domada. ¡Hasta el calvario secular de la post ilustración tiene cabida en este mejunje tecnológico, en esta historieta apocalíptica absolutamente desquiciada! ¿Y lo peor? ¡Que todos los chinos coreanos lucen exactamente igual! No hay manera alguna, humana y racional, de saber quién es quién a lo largo de la serie. Todos, en su inescrutabilidad asiática (casi parafraseando a Chandler) terminan siendo una misma cosa.

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A veces, sólo a veces, las estrellas de cine sirven para algo. Di Caprio redescubrió para Occidente a Stanisław Szukalski, aquel maestro místico, escultor gigante que traía consigo la herencia maldita de Polonia, su Polonia olvidada por el mundo. Un hombre pequeño, simple y algo loco que, como casi todos, solo buscaba trascender.

Su oscuro antisemitismo de la preguerra y el lógico antifascismo posterior, lo revelaban como el contradictorio ser que fue. El zermatismo y la lengua proton, esas vesanias inexplicables que imaginaban a Pascua como la isla matriz de la humanidad entera quizás por sus inmensas estatuas misteriosas, fueron al menos una teoría, un amago valiente de perpetuidad que Szukalski postuló con hidalguía.

Al final, la soledad monstruosa del extravío. “Estoy solo. Soy un patriota sin país”, dijo el viejo escultor antes de morir en Los Ángeles, la Siberia de las artes, según sus propias palabras. Las cenizas luctuosas, esparcidas por amigos entre los soberbios moais del pacífico chileno, aún flotan entre la brisa y la sal del hemisferio Sur, recordándonos imperceptiblemente que la grandeza es esquiva para los hombres orgullosos y altivos.

(Traten de ver el documental Struggle, en Netflix, sobre la vida y obra de Stanisław Szukalski)

1016. Ratched

RATCHED (L to R) FINN WITTROCK as EDMUND TOLLESON in episode 102 of RATCHED Cr. SAEED ADYANI/NETFLIX © 2020

Ratched, la serie, es un ejercicio prejuicioso y maniqueo que, de manera forzada, intenta darle una existencia previa al personaje de la enfermera Ratched, aquella terrible figura estatista que Milos Forman recreara tan brillantemente, desde una perspectiva libertaria y naive, en su mítica One Flew Over the Cuckoo’s Nest.

El resultado es atroz, no sólo por el fallido tono de comedia que se le intenta dar a la pieza desde un inicio, no sólo por los personajes caricaturescos y triviales que inundan la pantalla a toda hora, sino también por el espíritu manipulador, zoroastrista, ideológicamente sensacionalista, escasamente coherente, que Evan Romansky se encarga de plasmar en la obra.

Una vez que nos cansamos del preciosismo estético de Ryan Murphy, y ya hacia la segunda mitad, constatamos con horror que el cáncer de la política de la cancelación, ese neofascismo cultural que pudre las entrañas de Occidente, se ha metatizado en esta Ratched, pálida evocación de otras tantas piezas que desandan idénticos caminos.

Que un asesino serial y sanguinario sea pintado, por ejemplo, como un muchacho noble, víctima de las circunstancias, incapaz de hacer daño a los animales, en aras de merecer la redención, al mismo tiempo que se sataniza a aquellos que promueven la ley y la justicia (los cuales son tachados, por supuesto, de misóginos, discriminadores, oportunistas, corruptos y ladrones) nos da una idea de cuáles son los principios morales que se han impuesto en nuestras sociedades.

Ratched aporta, claro está, ese nivel de intolerancia victimista ya tan común en estos tiempos que vivimos. La factoría que la ha parido es Netflix, pero también podrían ser Amazon Prime, Hulu o casi cualquier otra. La guerra cultural que sacude a la sociedad moderna y que cambiará irremediablemente el futuro y el destino del planeta, ya se aproxima hacia una resolución total. Y vamos perdiendo, se los digo.

1013. The Haunting of Bly Manor

Mike Flannagan repite para Netflix una historia de fantasmas, “The Haunting of Bly Manor”, esta vez basada en la legendaria novela de horror gótico The Turn of the Screw, de Henry James. La visión estética de Flannagan ya la conocemos. Sus obras están imbuidas de cierto espíritu poético, de un carácter definitivamente pretencioso. Su mano endeble en la dirección de actores se nota y pesa. La historia es forzada e irregular, la narración es imperfecta y escasamente orgánica … muchas de las situaciones, cursis.

No puede, por cierto, desembarazarse Flannagan de todo el correccionismo político, de todo el buenismo desmesurado que nos atosiga en estos tiempos. Un poquitín de ideología de género por aquí, un tilín de feminismo recalcitrante por allá… el bueno de James se levantaría sin dudas de su tumba para retorcer el pescuezo del politizado Flannagan en aras de enseñarnos una lección: el arte no es demagogia, compañeros.

El capítulo ocho y semifinal, por cierto, es una obra maestra, hay que decirlo. Está impregnado de esa tristeza interminable, apoteósica, sideral que explica en buena medida la existencia de los hombres y la prevalencia de olvidos y memorias. El pulso narrativo de Flannagan es ejemplar. Y luego, sin embargo, y lamentablemente, la serie da paso a una vuelta final de las más paupérrimas jamás filmadas, repleta de lugares comunes, de positivismo reaccionario, incluso de ese fascismo cultural que se nos vende como la única alternativa moral que existe.

¡Vivimos tiempos oscuros, qué duda cabe! Más horrendos que las noches angustiosas de la mansión Bly Manor, más tétricos que la dama sin rostro que nos acechó algún día durante nuestras pesadillas infantiles…

1010

American Barbecue Shotdown es un verdadero vacilón: la América profunda en toda su extensión. The Final Table, jama de todas partes a borbotones. Gente talentosa, brillante, que demuestra a cada paso el valor excepcional del individualismo y la superación personal. Ambas series, por Netflix (el “estrimicincito de Barak Obama… pero aquí le achuntaron, hay que decirlo)

995

¿Quieren ver un tronco de documental? ¿Una pieza que los conmueva y les haga estremecerse ante el inexplicable e incomprensible sentido de la vida, sin apelar a falsedades o a la mentira del arte por el arte? Quizás sea yo, que quise ser psiquiatra hace ya mucho tiempo, pero aún creo que fue el propio Dios (sea quien sea) quien escribió con sus manos aquella elegía de los locos que caminan siempre entre las sombras, a un costado de nosotros, los “normales”, como si la verguenza resultara inaguantable… Hay un dolor muy intenso en todo eso. Compruebénlo por ustedes mismos.. “Unit of Difficult Patients”, por Amazon… no se lo pierdan.

939

La sección de documentales de HBO es aún más políticamente descarada y reaccionaria que la de Netflix, lo cual no es poco. Por ejemplo, en un documental estrenado este año y que lleva por título “Abusador. Cobarde. Víctima. La historia de Roy Cohn”, el plot de presentación reza así:

“Una mirada al inquebrantable Roy Cohn, el infame abogado que persiguió a Julius y Ethen Rosenberg y para los cuales pidió la pena de muerte en aquel caso conocido como “los espías atómicos”. Esta convincente crónica sobre la larga carrera de Cohn incluye su trabajo con el senador Joseph McCarthy y su relación de mentor con Donald Trump”.

Es decir, el matrimonio Rosenberg fue una pobre víctima de la maldad de Cohn, un tipo relacionado al tenebroso y satanizado McCarthy y a es otro engendro que se apellida Trump (jamás se referirán a él como “presidente”, pues ya sabes).

Y así suele pasar con todo: la prensa, las conferencias y las clases, los filmes y las canciones, las declaraciones y los libros. No en balde los muchachos de hoy en día citan a la extremista The Daily Beast como si se tratara de una biblia mientras despotrican contra los “fascistas” conservadores de Daily Wire.

¡Vamos, arreen! ¡Pónganse las máscaras y sigan la marcha mientras crucifican al malo de turno!

935

¿Ya vieron “Athlete A” por Netflix? Es un documental que trata sobre los abusos psicológicos y sexuales cometidos por miembros de USA Gymnastics a las niñas que militaron en los equipos olímpicos nacionales desde la llegada de los infaustos Béla y Maria Károlyi a los Estados Unidos, aquellos excelsos entrenadores de la magistral Nadia Comaneci, escogidos ambos por el terrible dictador Ceaușescu para que convirtiera a las atletas rumanas en baluartes del comunismo de la Europa oriental.

Los jefazos de la federación, los entrenadores y sus asistentes, el propio FBI, están siendo investigados hoy en día por el Departamento de Estado tras la férrea y justa condena al doctor pedófilo Larry Nassar y el arresto del corrupto Steve Penny.

Una historia, salvando las distancias, muy parecida a la de los ilustres integrantes de la escuela de Frankfurt que, tras remodelar el pensamiento de izquierdas tras la pérdida del obrero como referente fundamental de la revolución marxista, terminaron todos gordos, aburguesados y malignos en las elegantes cátedras de filosofía de la odiada América.

La democracia norteamericana posee un innegable carácter uróbico y suicida. Y como casi siempre, ahora comprobamos que aquellos vientos trajeron estos lodos… ¿Que no han visto “Athlete A” a estas alturas? Pues corran a hacerlo, que es de las pocas piezas decentes que aún sobreviven en el streaming de estos tiempos oscuros y revueltos…

854. Death to Me

Death to Me, en su segunda temporada, a pesar de ser una especie de extensión de Big Littles Lies, posee un elemento inédito: humor negro, además de un muy buen manejo del tempo. Sin embargo, una fuerte primera mitad luego se diluye entre el discurso inclusivista a ultranza y esa pésima manía de comenzar a tomarse a sí misma demasiado en serio.

806. After Life, season 2

“After Life” es una serie para verse rápido y de un tirón. Llena de ese humor inglés corrosivo de Ricky Gervais, atesora sin embargo la belleza de emocionarnos. El amor, la vida, el fin, las minúsculas pérdidas habituales, el orgullo y la tristeza, el paso del implacable tiempo… Es una pieza hermosa y simple.

Cuando termines de verla querrás abrazar a aquellos quienes te importan. Debido a ello es que se le perdonan las inconsistencias mínimas y la ausencia de un ritmo regular.

Además, después de lo que hizo Ricky Gervais en los Golden Globes (antes de la histeria por el Coronavirus) no hay mejor forma de premiarlo que dándole rating a su pieza, en la que funge como director, productor, guionista y actor.

775

He terminado de ver “The Outsider”, la miniserie producida por Jason Bateman y adaptada por el veterano de mil contiendas Richard Price para HBO, y el sabor que me ha dejado en la boca es amargo. Usualmente, cuando te enfrentas a la adaptación de una obra del muy prolífico y ‘paquetero’ Stephen King, no puedes hacer otra cosa que abrazar dos probables opciones de naturaleza mazdeísta: o el resultado es excelso o la obra de marras es un desastre. En el ejemplo que nos ocupa, asombrosamente, la mejor definición del producto es que su calidad es intermedia.

Estemos claros, planea sobre “The Outsider” el aura de las cosas malditas como ya es usual en las obras de King, pero mientras la primera mitad ronda la excelencia, ya en la segunda parte, conscientes de hacia dónde se dirige la historia, nos resistimos a ‘jamarnos la guayaba’ envenenada que nos ofrece Bateman. Es demasiada la ‘turca mojonera’ de King, tanto que seguirla a pie juntillas nos hace sentir como cretinos papanatas. La historia no hay quien se la tome en serio, por mucho esfuerzo que haya puesto Price por pretender contarnos una pieza “real”.

The Outsider, a pesar de todo, con su preciosismo estético y buenas actuaciones, es el vívido ejemplo del espíritu de Zaratustra que persigue a King, donde los tintes medios acaso si sobreviven: una primera mitad, como ya les decía, ejemplar y soberbia y una segunda mediocre y ‘fulastrera’. A eso se reduce este último intento por emular cosas mayores como aquella pieza, “The Shawshank Redemption”, o como aquella otra, la “MIsery” de Rob Reiner.

722.

A propósito de la exclente miniserie de HBO, Chernobyl:Chernobil, con sus edificios uniformes de color pastel y sus pequeñas plazoletas cilíndricas, vaivenes de la vida y de la muerte, con sus hombres agrestes y los pájaros muertos en medio de las calles ya desérticas y tristes… Chernobil… Chernobil merece cada una de nuestras lágrimas y de nuestro dolor.

715.

¡Esa terrible escena en “Chernobyl” donde soldados les disparan a los perros en un poblado fantasma; donde el eco de las balas se convierte en una andanada estentórea y sin fin que anuncia la muerte y la tristeza…! El dolor de los hombres está sujeto también a las pequeñas cosas, que suelen ser las menos intrascendentes…

705.

En HBO están anunciando un documental que promete abordar el tema de los niños muertos y desaparecidos en la Atlanta georgiana de los años 70, eje central de la historia que, a su vez, Joe Penhall y David Fincher se esmeraron en contarnos durante toda la segunda temporada de Mindhunter. EL problema es que mientras HBO promete develar escándalos, motivaciones y propósitos raciales tras la acusación principal, la serie de Fincher se centra fundamentalmente en la cuestión investigativa. Desde ahora podremos intuir hacia donde se lanzarán los apóstatas de las ideologías. Unos halarán la cadena de la manipulación y la injusticia, otra las del pragmatismo racional… probablemente… La politización a ultranza es la niña mimada de estos tiempos.