2009

El trabajo que más me ha enseñado sobre la naturaleza humana no ha sido el de la medicina ni el de repartidor de pizzas ni el de ayudante de mesero ni el de recogedor de muestras de laboratorio ni el de técnico de farmacia ni el de repartidor de periódicos ni el de case manager ni el de ser paupérrimamente pobre en Cuba…

El trabajo que más me ha enseñado sobre la naturaleza humana fue aquel que tuve en el Homestead más recóndito cuidando y alimentando monos rhesus en un centro de experimentación.

Me levantaba a las 5 de la mañana y llegaba aún de madrugada. Me ponía el uniforme que consistía en un scrub relavado y una botas inmensas de goma y atravesa un yerbazal repleto de sapos gigantes hasta llegar a la planicie donde unas 30 jaulas espléndidas (mini ciudades) me esperaban. Comenzaba a echar agua con mangueras especiales de presión antes de las 7 am, paraba unos 30 minutos a eso de las 10 y repartía comida en una carretilla a los animales (humanos?)

Retomaba el lavado hasta la 1 pm, que era el horario de almuerzo. Que clase de canina para entonces! Terminaba empapado de pies a cabeza y tenía que secarme con la brisa o con el sol. El resto de la jornada hasta las 4 consistía en volver a alimentar a los monos (al principio no alcanzaba el tiempo para terminar el lavado y palear la mierda, pero con los meses me volví un especialista), observarlos y aprender. Cada jaula era una comunidad distinta: simios casi acabados de nacer, adolescentes, hembras o machos jóvenes, familias, viejos, guapetones, cobardes…

Nada se parece más a un humano que un mono rhesus… o viceversa. Ya les hablaré más adelante un poco de esto.

2007

Un par de años después de llegar a los Estados Unidos conseguí mi primer trabajo de “oficina” (estuve unos meses de técnico de farmacia en las Navarro, pero eso no cuenta). Era en una agencia de enfermería donde me encargaba de hacer quality assessment y manejar casos clínicos. No sabía nada del tema, pero tuve un excelente profesor en Rafael Rosado, un negro portorriqueño que se sabía todas las triquiñuelas técnicas del oficio. Pues bien, recuerdo la primera tarde que salí de la oficina y manejaba por una atestada calle 8 a la altura de Little Havana. Iba en mi viejo Ford Taurus con la ventanilla baja, recibiendo el aire del ocaso, escuchando una vieja emisora clásica de aquel entonces (2007, antes de la apoteosis del smart phone) y por primera vez sentí que la vida se normalizaba y que podía camuflarme entre la gente y la cotidianidad de mi “nuevo” terruño sin problemas. Desde ese día, creo (y a pesar de haber vivido posteriormente en Texas por motivos profesionales) juro y perjuro que nací en Miami (la yuma), aquella tierra mítica y soñada que hoy apenas si existe.

(Ver morir, por partida doble, el lugar que amas, es una experiencia horrenda)

1587

En Universal también se puede comer a nivel de grandes ligas. Arroz de bambú, zanahorias arco iris con jengibre y guisantes, salsa de mantequilla de pimienta amarilla y hierba de limón, verduras de remolacha maridada con Pacific Rim Riesling. Y por supuesto, Mahi mahi ennegrecido al grill. De beber? Una draft de Sam Adams!

1586

Un tanque de 20 galones de gasolina costaba en época del tirano, payaso desagradable y peligroso Trump de 38 a 41 dólares. Ayer, en la estación del barrio, ese mismo tanque en tiempos de nuestro decente, íntegro y mesurado presidente actual, ese abuelito candoroso, Joe Biden, me costó 87 dólares con 80 centavos. 65 desde que asumió el poder. Lo gracioso es que a quienes siguen negando que un gobierno cualquiera tenga incidencia en el precio de los combustibles fósiles, también se las están metiendo con vidrio y arena. Enjoy!

1569

Ya habíamos cotizado para ampliar el piso del backyard y hacer unos pasillos laterales, pero resulta que la losa acordada está en falta en todo USA. Pedimos virtualmente en BJs unos pancakes que Rafe suele comer y no hay. La umbrella de patio de Home Depot? Inexistente. Todo ayer domingo.

Sigan creyendo que el chicharrón es carne!

1525

Dice una encuesta de Rasmussen que el 59 % de personas afiliadas al partido demócrata soportan la idea de que las personas no vacunadas contra el Covid deben de sufrir arresto domiciliario. Y el 47 % piensa que el gobierno debe de rastrear y monitorear a aquellos que no quieren vacunarse. El 48 %, en cambio, considera que quienes cuestionen públicamente la eficacia de las vacunas contra el virus, deben de ir a prisión. El 29 % de estos militantes demócratas cree que los padres “irresponsables” que no se han vacunado, deben de ser separados de sus hijos. Hay porcentajes menores de votantes republicanos que piensan igual, por cierto. Son las turbas “revolucionarias” que se complacen con el mitin de repudio y con la segregación de quien se atreva a ser libre.

Turbas que están de plácemes, pues se anuncia el advenimiento de otra cepa viral (el universo es infinito), la Ómicron Ba-2 que reavivará el sueño dorado del control absoluto del estado. Y a pesar de esa derrota transitoria que fue el no poder “legalizar” la administración obligatoria de la vacuna en las compañías grandes que emplean a gran cantidad de trabajadores, lo cierto es que a quienes diseñan el futuro, ni siquiera les afecta.

De todas formas, para poder viajar a otros países se necesita estar vacunado, para recibir tratos no discriminatorios en hospitales, instituciones o edificios federales, se necesita estar vacunado, para entrar a los restaurantes de algunas grandes ciudades de la nación, o para comprar en algunos lugares específicos, se necesita estar vacunado. Es decir, se ha institucionalizado la ilegalidad, en nombre de un bien común siempre inexistente y peligroso.

Mientras tanto, la nación se sigue empobreciendo (hoy llené el tanque de mi camioneta con más de 60 dólares y comprobé una vez más que los precios en los supermercados se han disparado, como nunca antes en la historia del país) y los reportes indican que ciudades inmensas como Chicago, que han recibido billones de dólares de ayuda federal en tiempos de “pandemia” se hunden en las deudas y la inflación. Además, los agentes investigativos de las agencias federales, y jueces y magistrados, siguen apoyando y reforzando las acciones del infausto “January 6th Committee” al que el propio Alan Dershowitz ha calificado como “un organismo congresional que viola las leyes legislativas”. Pero… ¿a quién le importa?

Lo que sí está claro es que tipos librepensadores como Joe Rogan, por ejemplo, la tienen muy difícil en estos tiempos, pues por el hecho de invitar a su programa al vituperado científico Robert Malone, el surgeon general de la administración Biden, el doctor Vivek Murthy, ha pedido que se prohíba y se cancele el show. ¿A dónde se ha largado la libertad, se preguntarán ustedes? Los más escépticos dirán que nunca ha existido, que jamás ha sido cierta. Algunos otros reconocerán que ya no habita en estos lares. A la mayoría ni siquiera le importa.