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A juzgar por “Teströl és lélekröl” los húngaros son tipos muy raros. Secos como ramas de un árbol tras cualquier incendio. Algo así parece decirnos, al menos, Ildikó Enyedi, al que no se le ocurre mejor cosa que colocar su historia en medio de un matadero de vacas, razón por lo cual no se puede recomendar este filme a los veganos. (Es un imperativo moral recalcarlo, mira que no quiero cargar con la probabilidad de un par de crisis de pánico entre mis lectores).

“Teströl és lélekröl” fue nominada al Oscar hace un par de inviernos. Y es una buena pieza. Una versión cuasi realista-socialista (esa manera tan europea de entender el arte) de aquel Funes el memorioso y hasta del Love Story de Erich Wolf Segal, pero en clave árida y terrible.

Enyedi nos obliga a ver el viento azotando a las sonoras pencas de los pinos helados y a la sangre goteando contra el horrendo suelo. Hungría es hermosa y su gente es seca, como ramas de un árbol incendiado.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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