198.

A diferencia de los intelectuales de derecha, que aún pueden agruparse en torno a proyectos ideológicos determinados como Think Thanks y ciertas publicaciones políticas, los caricaturistas conservadores medran en un medio absolutamente inhóspito. Tienen que ser muy buenos, además de acarrear una cuota elevada de valentía, para poder subsistir en tierras de intolerancia y censura. Tipos como Sean Delonas, Jeff Koterba, Rick McKee y en menor medida Nate Beeler son dignos de admiración por ir a contracorriente. arriesgando, incluso, sus carreras.

197. Ronnie Coleman

Ronnie Coleman es un buen hombre, un buen esposo y un buen padre. Tipo sencillo, humilde y hacendoso. Fue policía durante muchos años en el estado de Texas, aunque nunca perdió su acento de Luisiana. También ha sido el fisicoculturista más grandioso de la historia, (superando a leyendas como el austriaco Arnold y Lee Haney) al ganar durante ocho jornadas consecutivas el título de Mr. Olympia. Ronnie Coleman también encarna el excepcionalismo y al mismo tiempo el espíritu trágico de los héroes. Ha quedado prácticamente inválido a sus cortos cincuenta y tantos años, pero su espíritu jamás se ha apaciguado. En Netflix andan pasando un documental sobre su vida. Echen una ojeada. No se arrepentirán.

196. El manejo del poder

La torpeza de la administración Trump en el “manejo del poder” ha sido emblemática. Probablemente las responsabilidades recaigan en el ala ideológica del gobierno, es decir, en el partido republicano. He ahí los ejemplos de un pusilánime (término empleado por el periodista Agustín Acosta) Jeff Sessions, fiscal general torpe e inefectivo, incapaz de poner en su lugar las ilegalidades manifiestas de la histérica oposición. He ahí a un Rod Rosenstein, miembro de la camada complotista que ha intentado minar el desempeño de la actual administración, manteniendo el liderazgo del Departamento de Justicia. He ahí a Loretta Lynch violando las leyes al reunirse con el expresidente Bill Clinton para tirarle un cabo a Hillary Clinton, esa terrible y corrupta comisaria política que borró irregularmente centenares de correos ilegales. He ahí a los funcionarios intrigantes y maquinadores Bruce Ohr, Lisa Page, James Comey, Peter Strzok, librándose de las garras de la cárcel… De sobrevivir la administración Trump a tanta desidia, sería una especie de milagro político. Por eso cuando un conocido periodista liberal del patio cuestiona que se critique a las instituciones del gobierno por disfuncionales y parciales, no puedo evitar lanzar una carcajada. Vivimos tiempos horrendos…

195. Bertolucci

No he dicho una palabra sobre la muerte de Bertolucci. Imagino que es un imponderable, lo de la muerte, al menos. Dejó un par de buenas cintas y el entusiasmo exacerbado de muchísimos críticos. Nacido a la sombra de Pasolini, de quien fue deudor ideológico y estético tras aquella La Commare Seca de la revolucionaria década de los sesenta, y tras su ‘prime’ creativo en los setenta, se dedicó a contar pequeñísimas historias hacia el final de su vida creativa. Quedará en la memoria de unos cuantos, lo cual ya es un inmenso logro. No olvidemos que sólo la trascendencia nos redime.

194

Frank Darabont, como realizador, se acercó a la perfección con The Shawshank Redemption y terminó alcanzándola con Days Gone Bye, el primer capítulo de The Walking Dead. Aquella escena en que Rick Grimes abandona el hospital tras despertar de un coma, es ya un clásico de la cinematografía de horror del nuevo siglo…

193. Mudbound: La reducción del arte a la política

Mudbound, demasiados lugares comunes, infinidad de frases antes dichas. (La poesía es una repetición de ideas hechas) El texto de Hillary Jordan y la pieza de Dee Rees, sobrevaloradas ambas, no logran lo que las grandes obras: simular que todo es novedoso. Como aquella visión de Karel Capek, “¡Mira, mira, chorros de sangre en cada puerta!”, Mudbound no pasa de ser una historia edulcorada y mediocre. Prefiero, incluso, la visceralidad militante de un Spike Lee (en su prime creativo) que el “buenismo” simplón de la Jordan. Ya ustedes me dirán… ¿Sus cuatro nominaciones a los premios Oscar? Todos sabemos el por qué…

192

Camaradas, el fascismo se adueña del sur de la Florida. En un anuncio radial que pasan a toda hora (dinero de los hermanos Koch, qué duda cabe), el MDX nos advierte que cuando manejemos por el Dolphin Expressway de West a East, si queremos tomar la salida de Le Jeune, nos arrimemos a la EXTREMA DERECHA (horror de horrores!).. así, como si nada, como si Trump no estuviera asesinando la democracia en esta gran nación, como si Hitler no hubiera desaparecido a millones de judíos… la “extrema derecha” nos dicen y la vida sigue igual. Tendremos que movilizarnos, compañeros, en contra de MDX y de todos los acólitos del trumpismo.


(Yusnavis, el Vigilante Liberal)

191. A propósito de Masterchef Junior…

El eterno dilema argumental de la democracia se reduce, al menos en los tiempos que corren, a cuál sería la más eficaz vía práctica del ejercicio del pluralismo en el mundo occidental. El debate se centra entre dos únicas opciones: la democracia representativa y la democracia directa. A pesar de que esta última ha mostrado esporádicamente la sapiencia de ciertas naciones y ciertos pueblos (el Brexit y el plebiscito sobre los acuerdos de paz en Colombia, por ejemplo), la realidad es que la representatividad de las masas (amén de la consabida e inevitable corrupción que cosa así trae aparejada) parece ser la menos autodestructiva.

La esencia comparativa del debate, a un nivel menos trascendental, lo vemos en los espectáculos competitivos de la televisión. Mientras en programas de participación como “American Idol”, “The Voice” y “American Got Talent” son las masas quienes proclaman al vencedor, en los concursos de cocina como “Master Chef” y “Holiday Baking Championship” la decisión corre a cargo de los jueces. La etérea e improductiva afición por las artes contra la disposición laboriosa del artesano. De eso se trata…

189. El optimismo de Pinker

El psicólogo Steven Pinker vuelve a refrendar, en entrevista concedida a Karen Weintraub, del New York Times, su visión optimista de la historia sobre el presente y el futuro. Tengo varios amigos que son fieles deudores de estas teorías. Yo mismo comparto muchos de los puntos de Pinker. Sobre todo, aquello de que la ilustración terminó imponiendo al mundo occidental una serie de valores que aún persisten. No lo afirma exactamente de esta forma, claro, pero es lo que trasmite al decir: “The most overarching explanation would be that the Enlightenment worked. The idea that if we — we being humanity — set ourselves the goal of improving well-being, if we try to figure out how the world works using reason and science, every once in a while we can succeed”.

En pocas palabras y para que se entienda, la Ilustración ha sido la apoteosis en el proceso de doma del animal que somos. Sin látigo y bozal, todavía moraríamos en feudos. El problema está en si se completa la elipsis de la historia y terminamos varados en la visión retraída del primer Fukuyama. Si las acciones de los hombres posee un comportamiento redondo, entonces ¿cuándo será el momento en que regresemos al punto inicial del que escapamos hace ya varios siglos? Para algunos, el desarrollo exacerbado de la tecnología tendría la respuesta…

188. El pánico moral cristiano

El pánico moral cristiano se sustenta en la pretendida superioridad ética de la intelectualidad católica. Tal y como certeramente afirmara el historiador Gene Zubovich, por ejemplo, “los católicos representan una parte desproporcionada de los intelectuales de la derecha religiosa en los Estados Unidos”. Su larga tradición teológica, comenzada desde tiempos de la iglesia primitiva, cuando un puñado de fieles devotos a la figura de Jesús escribían textos morales basados en la fe para corroborar sus historias, al pasar de los siglos ha ganado en soberbia y petulancia. Bergoglio es una muestra. Pero la especificación de Zubovich, a pesar de ser válida, no es mayoritaria.

No sólo en el manejo de los conceptos del colectivismo social, sino también en su engreimiento y fatuidad, la izquierda ilustrada se equipara al catolicismo. Esa manera de arriscar la nariz y de mirar sobre el hombro a la contraparte ideológica no solo es decepcionante, sino además en ocasiones, exasperante. Lo vemos en los teologuillos de las redes sociales a los que, al igual que a sus inspiradores doctrinales, herederos de la social democracia y el marxismo, les sobra inmodestia y les escasea sentido común.

Entre la moralina jesuita de Bergoglio y el dedo acusador e inmaculado de los adalides del falso progresismo, subyacen siglos de un mismo afán totalitario: el absolutismo de la imposición modélica del “bien; un “bien” construido a contrapelo del individualismo, he de decirles.

Hay, en ese ‘aguaje’ intelectual una presunción de superioridad moral, de indignación deontológica, capaz de derivar en intolerancia doctrinaria y sobre todo en histerismo probo, que ha servido de base para justificar algunos de los horrores más notorios cometidos a lo largo de la historia, pues casi siempre el látigo y el fuego han acompañado a la ‘trova’ ilustrada y erudita.

187. Trump y la reducción del arte a la política

La era Trump ha traído consigo, como respuesta histérica y desmesurada a un “accidente” social inesperado, la reducción del arte a la política. Escritores, actores, poetas, payasos, entretenedores, deportistas y músicos, han relegado el ejercicio de la creación en pos de favorecer una militancia política desmesurada. Parafraseando a Camille Paglia en esa entrevista que le hiciera Claire Lehmann para la revista Quillete (gracias, Manuel Ballagas): “Una sociedad que no respeta ni la religión ni el arte no se puede llamar una civilización”. ¡Hasta las revistas de moda han convertido sus editoriales en “patrióticas” arengas en contra del gobierno actual! No puedo imaginar mayor patetismo para los tiempos que corren.

186. El antitrumpismo y la ciudad sitiada

El antitrumpismo es también, además de muchas otras cosas, un intento intelectual de refrendar el concepto filosófico de ciudad sitiada que han esgrimido durante las últimas décadas gente como Steven Pinker y Sam Harris. Henry Martyn Lloyd, de cierta forma, ha tenido la agudeza de reflejarlo en un breve artículo que ha publicado AEON. Ese esmero por tratar de imponer el “triunfo de la razón” mediante una especie de renacimiento de la “ilustración”, amén de ser un esfuerzo teórico metido a la cañona por los seguidores de las teorías “apocalípticas “de Theodor Adorno, es además un grito de reencarnación cristiana: “Resucitemos el espíritu perdido de Georg Wilhelm Friedrich Hegel”

185

Toda la entelequia del excepcionalismo cubano se sostenía en el triunfo de la comunidad criolla en los Estados Unidos durante los últimos sesenta años, incluyendo el progreso apoteósico político y social del sur de la Florida, específicamente del condado Dade y sus numerosas ciudades. Cualquier otro atisbo del orgullo nacional no ha pasado de ser un bluf para crédulos militantes: que si el desarrollo de la medicina cubana, que si los logros de la dictadura, que si los cojones del dictador de turno… La única equivalencia posible con el desarrollo de Miami se remonta a los escasos años de la república pre castrista y aquellos tan traídos y llevados indicadores de desarrollo colectivo a los cuales echamos mano a cada rato, cuando se impone la nostalgia.

Recuerdo que, hacia la segunda mitad de la década pasada, estando de paseo con la familia en el puerto texano de Galveston, una señora mexicana que se encargaba de manejar un tiovivo de una feria local nos preguntó a mi esposa y a mi si éramos cubanos. Cuando le respondimos que sí, que había acertado, nos susurró como para que nadie más la oyera: “Entonces ustedes son ricos. Los cubanos son los millonarios de los Estados Unidos”. El mito del excepcionalismo cubano, como narrativa social, había desbordado los márgenes del cuchicheo solapado en las calles de la isla y se había diseminado por todos los rincones de la unión y el mundo.

Sin embargo, la erosión del concepto de la singularidad criolla, probablemente por un factor generacional y también etnográfico (el incremento de numerosas migraciones latinoamericanas, la coyuntura de polarizaciones políticas, el desgaste del término de “exilio político” per se) se ha convertido en un hecho factual e incontrastable en lo que va de siglo. La pérdida del poder político y de la hegemonía del discurso anti totalitario en el sur de la Florida ha terminado por lastrar el carácter “único” del cubano, lo que se ha manifestado en la pérdida de importantes puestos políticos locales, estatales y federales a mano de la “nueva competencia”, que no es más que el relevo ideológico de turno.

Los políticos cubanoamericanos, quizás imbuidos de ese carácter “no partidista” que caracteriza a las elecciones del condado, e influenciados por el ADN ideológico de la socialdemocracia criolla que prevaleció desde el siglo XIX, no pasaron de ser remedos no fiables de las ideas conservadoras que alguna vez florecieron, a inicios del siglo XX, bajo la tutela de intelectuales como Enrique José Varona y Alberto Lamar Schweyer. Lo peor es que se vendieron como tal, escudándose en el partido republicano tras la llamada “traición de Kennedy” en 1961. Los motivos para que la naciente clase política criolla – norteamericana tomara el camino del conservadurismo respondió más a intereses y pasiones localistas que a la verdadera creencia de que el individuo es más importante que el estado. De allí el error de categorizar a una Ileana Ross Lehtinen, por ejemplo, como anti conservadora por oponerse al presidente Trump. No, Ileana Ross Lethinen ha sido una anticastrista liberal que sigue a pie juntillas las máximas de Eduard Bernstein desde siempre: nada es más relevante que el gobierno.

184

Beto, un blanquito citadino en rudas tierras de cowboys. Andrew, un negrito “culturoso” y con desplante a la usanza de los intelectuales caucásicos de la izquierda. Ambos eran los candidatos estrellas del nuevo partido demócrata. Decididamente colectivistas y ambiciosos, hacen palidecer como “conservadores” y “retrógrados” a los escasos miembros de la vieja guardia partidista que aún no han sido conversos a la nueva religión de Sanders y de Obama. Sus derrotas han sido relativas, ya sea por la inmensa cantidad de dinero que fue destinada a sus campañas, o por la etnografía o por el resultado de tantas décadas de limpieza ideológica desarrollada en las escuelas e instituciones oficiales. O’Rourke estuvo cerca del incumbente Cruz en el estado más conservador de la unión (muy a pesar de Houston, San Antonio y Dallas, esos santuarios liberales) … Gillum primero destronó a los escogidos del establishment en las primarias y luego ha luchado voto a voto (con ayuda de la Brenda Snipes de ocasión) la gobernatura a DeSantis. Son signos de los tiempos que vivimos y del poder que la izquierda ha adquirido a lo largo de las últimas décadas…

183. Sneaky Pete

Al terminar Breaking Bad, Vince Gilligan corrió junto a David Shore, el creador de House, para producir Battle Creek, una serie sobre policías. Tras el fracaso del proyecto, otro veterano del mayor éxito parido por AMC, el actor Bryan Cranston, se juntó con Shore para crear Sneaky Pete, una pieza de Amazon sobre estafadores y ladrones, que en sus dos primeras temporadas, alejada absolutamente de pretensiones vacuas y proclamas ideológicas, deja en claro su afán por lograr el más básico de los preceptos del show business: entretener. ¡Y vaya si lo logra! Tanto es así, que perdonamos los desbalances, las exageraciones, los “paquetes”, en aras de divertirnos a rabiar. ¡Recomendada!

182

El liberalismo clásico, el libertarismo norteamericano o cualquier denominación que pretendamos otorgarle a las teorías que imaginó John Locke y que luego Friedrich Hayek delinearía ya en los tiempos modernos, no es una alternativa plausible, en la mayoría de los casos, ante la gula desmedida del colectivismo socialista. Demasiado naif, el naturalismo “lockeano” cree desmedidamente y sin sentido en la bondad de los hombres. Pasa olímpicamente de la verdadera naturaleza animal, siendo presa fácil de la propensión a la holgazanería y el facilismo antropológico de las grandes masas. Es cierto que Milton Friedman reavivó las esperanzas de un futuro más digno tras la concreción exitosa de sus teorías económicas en tiempos de la guerra fría (Reagan, la escuela de Chicago, el boom del gobierno militar chileno); pero a medida que el liberalismo clásico ha tratado de separarse del conservadurismo ideológico, ha pagado en las urnas el precio de tanta condescendencia. El futuro, de continuar imponiéndose el globalismo del siglo XXI, pertenece por entero (parafraseando una de las tantas consignas castristas del pasado siglo) al socialismo.

181

Me he enterado, con muchísimo placer, que el Board of Education de la ciudad de Detroit está planificando retirar el nombre de Ben Carson, esa variante de Uncle Tom fascista, del High School of Science and Medicine, tras la infame alianza del politiquero neurocirujano con la oprobiosa y racista administración de Donald J Trump. ¡Ese sería tan solo un primer paso! Todas las fuerzas progresistas de la nación, tras derrumbar a Carson, deberíamos ir tras los edificios que en Sunny Isles y la Ciudad de Nueva York llevan el rótulo de Trump en sus lozas de bienvenida, para terminar de erradicar ese apellido tenebroso (que no en balde proviene de la Alemania nazi). Pero antes hemos de desmadejar aquella fortuna mal habida y repartir el dinero entre los pobres de Chicago, Los Angeles y Baltimore, todas ciudades corroídas por la lacra del capitalismo brutal. ¡Contamos contigo, Nancy Pelosi! ¡A por ellos!
(Yusnabis, el Vigilante Liberal)

179

¡Al fin una esperanza para esta América tan sufrida! Un nuevo mesías se avizora en el horizonte… Ricardo Roselló, gobernador de Puerto Rico, titán de las causas justas, hombre íntegro y valiente, ha puesto a temblar a los fascistas que habitan en la Casa Blanca al anunciar que, si el payaso Trump hace recortes a las ayudas destinadas a ese pueblo tan trabajador y dedicado, el boricua, responderá con ira y saña y los facinerosos de la extrema derecha, seguidores de Hitler y Mussolini, correrán despavoridos a sus madrigueras capitalistas. ¡Adelante, Ricardo! ¡Adelante, Alejandra! El futuro pertenece por entero a la isla del encanto.
(El Vigilante Liberal)