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Un comentario personal sobre el nuevo pánico del Coronavirus. “Kawasaki disease y Covid, una relación a la cañona entre los nuevos difusores del terror”.

Al analizar estos tiempos que vivimos como resultado de la reacción de gobiernos e instituciones a la pandemia del Coronavirus, he tratado siempre de basarme en evidencia científica, es decir, en datos epidemiológicos, en estadísticas clínicas y en consideraciones médicas, para establecer análisis y conjeturas. He tratado también de evitar caer en el peligroso y fácil juego de las teorías conspirativas, sin dejar de intentar hacer una lectura personal de las consecuencias sociales que todo esto ha acarreado para nosotros en lo personal, y para las sociedades modernas en que vivimos.

No creo, por ejemplo, en el discurso de una guerra biológica intencional o en aquella otra cosa de la fabricación humana de un virus terrible para socavar a las sociedades occidentales. Me inclino a considerar, y se los he dicho antes, que el estado de excepción global que hemos experimentado es consecuencia del paternalismo exacerbado de los políticos que rigen hoy en día y sobre todo del miedo a la muerte que subyace en todas las culturas y regiones. Pero eso sería un tema para otro día. Hoy quiero hablar sobre una “nueva y terrible amenaza” que se cierne sobre nuestras cabezas, según los nuevos talibanes de la nueva moral. Es la nueva moneda del pánico que intentar echar a rodar entre nosotros. Ya lo habían intentado antes al arrebatarle al virus su verdadera naturaleza patológica para intentar vendernos la idea de que el germen mataba no por complicaciones respiratorias sino por el establecimiento de horrendos cuadros trombóticos debido al desarrollo de una coagulación intravascular diseminada, sin aclararnos, por supuesto, cuántos de esos casos registrados poseían otras complicaciones infecciosas como neumonías mixtas, constituidas por bacterias, donde las Gram negativas, por cierto, constituyen la primera causa de este tipo de complicaciones cuando la etiología es infecciosa. Pues bien, cuando revisamos las tablas estadísticas de la CDC descubrimos, sin sorpresas, que alrededor de un 15% de los casos reportados como fallecidos por la acción del Covid, en realidad portaban neumonías mixtas. ¿Acaso los pacientes con CID corresponden a este grupo estadístico? Lo más probable.

La nueva moneda del terror se ha echado a circular tras la mención de un par de políticos neoyorkinos de que se han reportado casos de Kawasaki disease, también conocida como mucocutaneous lymph node syndrome and Kawasaki síndrome, en niños menores de cinco años infestados con el virus. Pero ¿qué es en realidad la enfermedad de Kawasaki? Es una enfermedad febril aguda de la primera infancia caracterizada por vasculitis de las arterias medianas y pequeñas, que afecta con gran frecuencia a las coronarias. En los casos no tratados el índice de letalidad ronda el 25% y el deceso ocurre generalmente por “muerte súbita”. Existe también un riesgo de muerte posterior, donde casi el 2% de los pacientes fallecieron más tarde a causa de la enfermedad. Estos niños murieron mientras mejoraban o después de haberse recuperado aparentemente. Los exámenes post mortem revelaron una oclusión trombótica completa de los vasos coronarios, con el infarto del miocardio (IM) como la causa inmediata de muerte. Ahora se reconoce como la principal causa de enfermedad cardíaca adquirida en niños en el mundo desarrollado, superando a la fiebre reumática, y es un factor de riesgo para la enfermedad cardíaca isquémica en adultos.

Veinticinco de cada 100,000 niños sufren este cuadro en los Estados Unidos, pero en Asia la proporción es mucho mayor, con un índice de prevalencia de alrededor de 250 niños cada 100,000. ¿Y por qué se ve más en pacientes asiáticos, se preguntarán ustedes? Ah, pues porque, aunque la etiología de este cuadro transitorio es desconocida, se suele relacionar a factores genéticos. Uehara, Yashiro, Nakamura y Nayanawa apuntaron en su “Clinical features of patients with KD” en el Arch Pediatric Adolesc Med, diciembre 2004, que “Los hermanos de niños afectados tienen una probabilidad 10-20 veces mayor de desarrollar KD que la población general, y los niños en Japón cuyos padres tenían KD parecen tener una forma más grave de la enfermedad y son más susceptibles a la recurrencia”. Mason, Takahashi y Schneider lo habían corroborado antes en el cuarto simposio internacional sobre KD que se desarrolló en Dallas en 1993. Pero más importante aún es que en 1978, Kato y colaboradores descubrieron que los pacientes con KD tienen más probabilidades de expresar el HLA-Bw22J2, que es un antígeno complejo de histocompatibilidad importante visto predominantemente en poblaciones japonesas. Esto implicó aún más una influencia genética a la mayor susceptibilidad a la enfermedad de KD en pacientes japoneses. En la propia nación asiática se realizó un análisis de ligamiento de todo el genoma de los pares de hermanos afectados, y un análisis de ligamiento multipunto identificó evidencia de ligamiento en el cromosoma 12q24.

También se han evocado probables etiologías infecciosas, siempre con menor peso y sin especificación alguna, al desarrollo de la KD, tal y como nos corrobora el resultado de la encuesta epidemiológica de Yanahawa, Nakamura, Yashiro, Ojima y Tanihara realizado en todo el Japón en 1995 y 1996 y que sería luego dado a conocer en el congreso pediátrico de diciembre de 1998. Es decir, no existe evidencia alguna, más allá de sospechas sin respaldo empírico, de que infecciones puedan causar este cuadro. Entonces ¿cómo es posible que ya se esté responsabilizando con toda seguridad, como han hecho algunos médicos e instituciones, al Covid-19 de la nueva aparición de casos de KD? ¿Se ha reportado la ascendencia racial de los pacientes afectados? ¿Se nos ha revelado el procedimiento diagnóstico en cada uno de estos cuadros? ¿Se han documentado los hallazgos de laboratorio sugestivos que incluyen velocidad de sedimentación globular elevada (VSG), proteína C reactiva elevada (PCR), hipoalbuminemia, anemia, alanina aminotransferasa elevada (ALT), trombocitosis, leucocitosis y piuria? ¿Se ha respetado el criterio de la American Heart Association (AHA), que sugiere un algoritmo para el diagnóstico? ¿Se ha realizado una ecocardiografía como estudio de elección para evaluar los probables CAA en los intervalos de tiempos establecidos, que son en el momento del diagnóstico de KD, de 1-2 semanas después del inicio de la enfermedad y al final de 5-6 semanas después del inicio de la enfermedad? Y aún de haberse seguido todos los protocolos obligatorios ¿Cómo ha sido posible linkear directamente al Covid-19 con esta complicación cuando en el transcurso de los últimos sesenta años ha sido imposible establecer una relación etiológica exacta entre infecciones y KD?

Son afirmaciones tomadas por los pelos para infundir pánico y terror. No puedo pensar en otra cosa. Y cuando no existen ni los conocimientos ni el pensamiento crítico entonces es muy fácil dejarse llevar por la histeria y la propagación del miedo. Es inquietante la manera en que profesionales e instituciones están doblando la cerviz sin siquiera cuestionar lo que se dice. La ciencia, señores, es necesaria. Violar sus normas en pos de obtener un resultado político cualquiera no es sólo una falacia conceptual, sino también un hecho equívoco y amoral.

Publicado por

Rafael Piñeiro-López

Rafael Piñeiro-López, escritor, ensayista y Doctor en Medicina (1994). Ha sido articulista en diarios como Periodista Digital (España) y La Razón (Argentina). Ha publicado los poemarios "Los Hombres Sabios" (Editorial NeoClub 2015) y "La Bala de Sansón" (Editorial Signum Nous, 2016). Fue fundador y editor general de la revista sobre Arte, Cultura y Pensamiento "Signum Nous". Reside en la ciudad de Miami.

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